POR EL IMPERIO: Están locos estos romanos.

Puto Facebook. Jodidas redes sociales. Maldito Instagram del demonio. Por su culpa acabaré bajo el puente, en el arroyo, suplicando por algo de limosna que gastar en el próximo cómic mientras empujo mi carrito de la compra robado lleno hasta arriba de latas de refresco y cerveza.

Por Javier Marquina.

Uno vive muy tranquilo en la ignorancia. Sin saber. Siendo un gilipollas apacible que solo lee cómics de superhéroes. Por ejemplo (ha sido un ejemplo aleatorio, lo juro). Chapoteando como un alegre puerco en su charca de estiércol. En su zona de confort. Esclavo de sus gustos adquiridos. Presa de un inmovilismo recalcitrante. Bla, bla, bla. Aunque hay que se muy cenutrio para limitar tus experiencias sensoriales a un único campo de juegos, muchos defienden su monogamia cultural con fiereza y, siento decirlo, a veces hasta envidio a esa turba de pollinos conducidos con eficacia por una anteojeras que solo les dejan ver un camino, sin desvíos ni circunvalaciones. Son más felices. Sufren menos. No son torturados por el alambre de espino del abanico infinito, de las decisiones difícles, de las elecciones, de la criba.

Uno vive muy tranquilo sin las redes sociales. Sin amigos de todo el mundo con criterios variados que, con muy mala idea, llenan tu timeline de recomendaciones de tebeos irresistibles. De esos que buscas de forma inocente en Amazon, por pura curiosidad, porque no son de tu palo ni ganas que tienes de que lo sean. De esas que no piensas comprar porque tu lista de pendientes es más alta que el Monte Olimpo. De esas que no quieres porque no forman parte de tu planificada, racional, fija, escueta e inmodificable lista de la compra (je). De esas que acaban en tu cesta porque eres un enfermo compulsivo, un adicto, un idiota.

Sí, Félix. Tú ya sabes que esto va por ti. Te odio.

Todo nació de un inocente comentario a raíz de la lectura y posterior comentario en Facebook del último tomo de Last Man, un cómic que cuenta con la participación de Bastien Vivès y que me parece una de las mejores series regulares que se publican ahora mismo en el mundo.

“Léete Por el Imperio” Me dijo Félix al ver el entusiasmo expresado por mí hacia la obra del autor francés. “Es una pasada”.

“Maldición”. Pensé yo. “¿Por qué no conocía yo esta buena mierda? ¿Es que me ha pasado la vida ajeno a esta maravillas con la cabeza metida en el culo?”

“Me lo apunto”. Fue la tibia contestación que di en redes sociales. Una de esas respuestas que se dan con prepotencia. Algo así como “no creas que no lo conocía; no lo tengo porque me daba pereza. Quizá un día de estos…”

Es decir. Dos segundos con quince décimas después, los tres tomos que componen este Por el Imperio editados por Diábolo Ediciones habían sido adquiridos e iniciaban su rápido proceso hacia la puerta de mi casa. Era la crónica de una muerte anunciada. Un día de transporte y los cómics estaban en mi mano, listos para ser devorados con ese ansia casi suicida con la que devoro la obra de Vivès. Con un espasmo. Con el hambre desaforada que posee a los que vuelven a drogarse después de años de abstinencia; una gula con la que pretenden recuperar los años perdidos en apenas unos días.

¿Y bien? ¿Cuál es el veredicto?

La verdad es que empiezo a dudar que exista un cómic hecho por Vivès o en el que Vivès tenga algo que ver que no me vaya a gustar. Me parece uno de los mayores talentos del cómic actual, capaz de sintetizar emociones con apenas dos trazos. Un adalid de la síntesis que consigue extraer belleza de planos perfectos y líneas en apariencia descuidadas, que se transforman de lo apresurado a lo precioso en una metamorfosis que podemos contemplar con estupor. Por el Imperio es una historia de romanos. De un Grupo Salvaje de legionarios de élite que emprende la cruzada imposible de descubrir un nuevo mundo. Son hombre diferentes, tarados por deseos y defectos comunes a la carne, pero unidos por un férreo sentido del deber y de la lealtad, convicciones que los convierten en una heroica e imparable máquina de picar carne. El viaje, como toda buena odisea, pondrá a prueba la amistad de estos hombres, nos mostrará sus taras y los pondrá ante tesituras y elecciones capaces de destruir a cualquier ser humano.

Por el Imperio se resume en tres tomos inesperados, curiosos, intensos, imprescindibles no tanto por el rigor de su recreación histórica (innecesaria debido a la potencia del mensaje) como por la profundidad que se logra en algunas de la páginas. Muchas de las viñetas son una mezcla imposible en la que se contrapone el dibujo casi infantil de una barba que es poco más que un garabato con el color perfecto que cubre cada escena. Realizado a pachas por Merwan y el citado Vivès (aunque para mi visión sesgada de fan, es Bastien Vivès el que fagocita el conjunto de la obra), Por el Imperio significa otro aldabonazo al catálogo fascinante de un autor de títulos fascinantes, poeta de lo mínimo, de lo casual, de lo espontaneo. Un autor de cómics imprescindibles como el citado Last Man, Polina, Una hermana o El gusto del cloro. Uno de mis nuevos irrenunciables e imprescindibles.

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Nací, crecí, vomité ácido blanco y lechoso sobre un donut y me lo comí.

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