¿Qué ha pasado Love of Lesbian?

Me pilláis en un momento de cabreo musical.

Por Alejandra Ianonne.

No, no vengo a hablaros sobre lo insoportable que es Justin Bieber, ni de lo muy pesadas que son las fans de One Direction. Os vengo a hablar sobre uno de los grupos pop (o pop alternativo, si preferís) más famosos de España.

 

Si habéis dicho ‘Los Brincos’, habéis fallado. Me refiero a Love of Lesbian, ese grupo cuyo nombre tantas decepciones ha causado a los que pretendían descargar porno internáutico.

 

Estoy segura de que a muchos os pasó lo mismo que a mí. Oísteis hablar sobre ellos, y poco a poco os fueron cautivando. Tienen una faz cómica que hace que emanen carisma y una capacidad increíble para contarte una historia de amor trágica en un disco de catorce canciones. Visteis cómo pasaron del relativo anonimato al éxito, llenando conciertos y ocupando artículos de prensa, ganándose cien admiradores por cada detractor. Y tal vez también alguna vez pensasteis: “¿Lo harán bien con el próximo disco? ¿Se les subirá el éxito?”.

 

Pues bien, lo cierto es que Love of Lesbian nos dejó un listón muy alto con ‘1999’. Os puede gustar o no el grupo, pero estaréis de acuerdo en que gracias a ese disco han conseguido la fama que tienen. Ahora se lanzan con un nuevo trabajo, ‘La Noche Eterna. Los Días No Vividos’, que consiste en un doble disco con dieciocho canciones en total. Una apuesta arriesgada, pero después de tanto tiempo de espera se agradece que vuelvan con tantos temas nuevos.

 

 

¿Qué podemos encontrar en él? Canciones bailables, con un sonido ochentero que tiran de la electrónica, otras que recuerdan a sus primeros trabajos  y algunas que exploran el lado humorístico del grupo.

 

En mi caso me he encontrado con tremendas decepciones. Mi primera de ellas fue ‘Si Tú Me Dices Ben, Yo Digo Affleck’.

 

 ¿“Lobas, lobas, qué miráis todas, lobas”? Te imaginas a Alaska, enfundada en un traje de cuero rojo, o negro, con plumas y sus cejas pintadas. O a Miguel Bosé, sin camiseta. O incluso a los dos juntos cantando:

 

“Tú, el príncipe del mal
y yo, yo el marqués de la inmoralidad
Hoy cambiaremos nuestra polaridad
y lograremos salir con cierta dignidad”

 

Utilizan el recurso ‘referencia de la cultura pop’, citando a Bowie. Y no, no cuela.

 

A mi lista se une ‘Pizzigatos’. Balmes ya había contado historias absurdas antes (‘Te Hiero Mucho’, ‘Marlene, la vecina del Ático’, ‘Villancico Para mi Cuñado Fernando’…), pero esta no funciona, ni de lejos. Lo mismo os diré de ‘667’. Serviría para una insulsa coreografía de Disney Channel si no hablasen sobre vicio, descontrol e infames orgías. (¿Qué? ¿Acaban de decir ‘Suicide Girls’?).

 

Otras canciones del disco siguen la misma línea cómica, y no lo hacen demasiado mal, pero tampoco bien. Son ‘Radio Himalaya‘ y a ‘Los toros en la Wii‘.

 

Pero no todo son decepciones. ‘Los Seres Únicos’, ‘Belice’, ‘El Hambre Invisible’, ‘Oniria e Insomnia’ y  ‘Wio, Antenas Y Pijamas’ te recuerdan porqué empezaste a escucharlos.

 

 Sin embargo, lo que más abunda en el disco son canciones olvidables, que contienen alguna que otra frase bonita que le podrás dedicar a tu pareja, o a la persona que desearías que fuese tu pareja. O a tu madre. Y eso hace con que me pregunte: ¿qué ha pasado, Love of Lesbian? ¿Es que sólo yo os estoy cogiendo tirria, o le ocurre a mucha más gente? ¿A quién pretendéis impresionar con vuestras letras de quinceañera enamorada? ¿Puedo tomarme este disco como una involución musical?

 

Tal vez el fallo esté en el número de pistas. Tal vez quisieron contentar al nuevo público, mucho menos exigente. O tal vez ya dieron todo de sí.

 

Sus conciertos seguirán llenándose, y sus seguidores seguirán creciendo, pero este es un disco de cinco, tal vez seis canciones aprovechables y me parece preocupante.

 

Sólo me queda vigilarlos de cerca para poder confirmar lo que decían Las Malas Lenguas: ‘todo exceso vuelve, como un boomerang’.

 

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