QUERONEA. Amor al guerrero.

Nunca dejar de moverse. Nunca dejar de cambiar. Nunca dejar de sorprender, de evolucionar y de poner en duda todo lo que sabes. Esa es la clave para subir de nivel en todo lo que te propones. En la vida, en los videojuegos y, por supuesto, en los cómics.

Por Javier Marquina.

Lo sencillo habría sido quedarse en el mismo sitio refocilándose en los múltiples halagos que su Zilia Quebrantahuesos recibió por doquier. Disfrutar de las palmaditas en la espalda, de los piropos y de las múltiples demostraciones de admiración para así hinchar el siempre necesitado ego del artista hasta esos niveles de tensión explosiva insoportables. Lo sencillo habría sido creerse a pies juntillas todo lo que le decían y acomodarse en su recién descubierta poltrona para transitar por los cómodos caminos de lo conocido sin arriesgar ni un ápice, confortablemente instalada en los mecanismos que, de forma casi instintiva, dominaba con una precisión envidiable.

Pero Laura Rubio no es así. Lejos de subirse a esa parra virtual en la que el resto de la gente parece más pequeña y desde la que lo único que consigues es no ver como todos los demás te adelantan, decidió apostar por cambiar de arriba a abajo y dar un salto hacia adelante. Sin despreciar su estilo peculiar y tan influenciado por el manga, abandonó los terrenos controlados y se adentró en la historia por la puerta grande. Nada de continuaciones de exitosas sagas. Nada volver a pisar sobre sus propios pasos. Nada de regodearse en la complacencia. Laura (y la trato de tú porque la conozco personalmente y, por tanto, soy incapaz de utilizar el frío, distante y académico estándar de nombrar por el  apellido) es enemiga de lo fácil, de esa mediocridad que va naciendo arraigada en lo confortable, consciente de que el agua estancada se pudre sin remedio.

Queronea

Queronea es la demostración fehaciente de todo esto. No se necesitan ruedines cuando vas montada en la bicicleta del talento. Desde el punto de partida de la trama, la elección del contexto histórico aporta un elemento divulgativo fundamental, arrojando luz sobre uno de esos episodios desconocidos para el común de los mortales y que deben ser necesariamente redescubiertos cada cierto tiempo como ejemplo curioso de un tipo de sociedad tan bárbara en muchos aspectos, y tan avanzada y liberal en otros. Querer contar la última historia del Batallón Sagrado de Tebas ya es indicio de las inquietudes de una artista que no se conforma con pertenecer a su generación de manera anodina. Narrar la batalla final de este grupo de guerreros, compañeros y amantes es todo una declaración de intenciones en este mundo culturalmente grisáceo en el que se opina sin saber y sin ganas de llegar a saber. Buscar, rebuscar, investigar, iluminar, tratar de trascender la frialdad objetiva de los hechos con los recursos que el cómic pone a tu disposición… Cada uno de estos aspectos es un tanto en la ya enorme cuenta de hallazgos de Laura. El amor, el respeto, la desgracia de la guerra, la futilidad de acumular riquezas y bienes en este breve periplo por el mundo… La cantidad de temas que vas digiriendo a medida que lees este tebeo es interminable.

En la parte estética, Queronea juega a convertirse en cerámica de manera predeterminada, casi inevitable. Tanto por su trazo como por su paleta de colores es un tebeo que sabe a barro cocido, a excavación arqueológica que no deja de depararte sorpresas en cada resto de vasija encontrada. De lo más grande a lo más pequeño, juega con la épica a página completa mientras interioriza en lo cotidiano con viñetas tradicionales, al uso, de las que leemos en nuestro día a día. Queronea está lleno de trazos apresurados, cercanos al boceto, pero nunca dejados al azar. Juega con las dimensiones y el tiempo de forma elástica, alargando y estirando el marco de la acción a la doble página apaisada. Mención especial merece la colocación de esa cámara de rodaje virtual a través de la que el lector ve la realidad. Una lente que convierte la esquina de un marco de ventana en un portal hacia el universo o el pensamiento interior, demostrando la creciente madurez de una artista que no puede dejar de aprender.

Espartano en su cromatismo ocre y marrón, etrusco en el diseño, la parte final aporta las referencias históricas necesarias para comprender este pequeño retazo de eternidad, una dovela básica en la vida de Alejandro Magno, Filipo II y, por tanto, en la Historia de la Antigüedad. No diré que ha sido una sorpresa, porque tengo confianza ciega lo que Laura Rubio puede llegar a hacer. Queronea es la confirmación de que las casualidades no existen, y que todo aquello que ya se intuía en su espectacular debut no es fruto de un momento feliz de iluminación. Yo, por mi parte, ya tengo ganas de su siguiente trabajo. Y del siguiente. Y de todos los que vengan después.

*Queronea ha sido editado por GP Ediciones y puede adquirirse aquí.

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Nací, crecí, vomité ácido blanco y lechoso sobre un donut y me lo comí.

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