¿Quieres un gancho? Adopta un “cliffhanger” para tu entretenimiento. Parte I

Cliffhanger

Quedarse colgado a veces tiene más significado que nunca. ¿Te gusta estar disfrutando de tu medio de entretenimiento preferido y que, de repente, llegue a su fin y te deje con la miel en los labios? Sí, amigos, está hecho a propósito, y eso nos convierte en los yonkis de esta droga sana y legal del siglo XXI.

Por Álex Sánchez.

Cliffhanger

Para comenzar, vamos a llevar a cabo una ligera introducción académica, que no se diga que no explicamos las cosas bien, y lo hacemos definiendo cliffhanger como tal, de forma literal. Según la Wikipedia:

Cliffhanger (traducido como “colgante de un acantilado”, que también se puede traducir como “al borde del precipicio” o “al borde del abismo”) son las escenas que normalmente, al final del capítulo de una serie de televisión, cómic, película, libro o cualquier obra que se espere que continúe en otra entrega, generan el suspense o el shock necesario para hacer que la audiencia se interese en conocer el resultado o desarrollo de dicho efecto en la siguiente entrega. Un cliffhanger puede ser simplemente una imagen, una acción, o tal vez sólo una frase, dependiendo del medio y del tipo de historia.

Gato cliffhanger

Añadiendo un poco de documentación curiosa, que nunca viene mal a modo informativo, y para ampliar conocimientos con el fin de extender nuestra cultura general, tenemos que ya se hacía uso de esta técnica en ‘Las Mil y Una Noches’, y en España en el internacionalmente conocido Quijote. Sin embargo, no fue hasta 1873 cuando se asoció la palabra cliffhanger a esta práctica, cuando Thomas Hardy creó la novela seriada ‘Unos Ojos Azules’ y terminó una de sus entregas con el protagonista literalmente colgando del risco de una montaña. A partir de ahí, el siglo XIX estuvo lleno de obras literarias, folletines y seriales de todo tipo en los que era común el uso del “gancho”. Por ejemplo, afamados autores de la época como Charles Dickes, Fiódor Dostoievski o Edgar Alan Poe eran aficionados a su uso.

Sin embargo, y como ya imaginaréis, su uso se extendió bastante más tarde, en el siglo XX gracias a la literatura pulp, los radiogramas, los seriales cinematográficos, los cómics y, finalmente, la televisión. Pero ha sido en los últimos 10-15 años cuando más se ha generalizado su aplicación, principalmente en las series de televisión y los videojuegos, dos formas de entretenimiento en expansión que por aquel entonces buscaban alguna forma de mantener al público en vilo, y así asegurar su supervivencia a expensas de nuestra ansia por conocer el devenir de la historia que se nos está contando. Para mí, un truco de magia totalmente acertado, y su uso continuado hoy en día así lo demuestra.

Si pasamos a efectos prácticos, la técnica del cliffhanger se basa en el fenómeno psicológico conocido como Efecto Zeigarnik, que afirma que para un ser humano es bastante más fácil recordar una serie de tareas inacabadas que otras que ya han sido completadas. Si lo pensamos, es algo lógico, al menos en mi caso personal, porque solo hay que ver las vueltas que me da la cabeza pensando posibles soluciones o desenlaces cuando me quedo a medias en una tarea del trabajo, viendo una película o jugando a un videojuego. Si he terminado, carpetazo y a otra cosa mariposa, pero como haya quedado abierto ante mí de par en par un mundo de infinitas posibilidades, sabiendo que va a seguir en marcha, mostrándose, desarrollándose y evolucionando, es imposible que deje de pensar en hacia dónde irá.

Ahora que ya somos unos eruditos en la materia teórica de cliffhanger, vamos a pasar a la acción. Si me permitís la licencia, voy a decir con toda las de ley (aunque sea la mía propia) que el campo por excelencia del cliffhanger son las series de televisión tal y como las conocemos hoy en día. Que sí, que está presente en los cómics, en los libros, en las películas, en los videojuegos, en el teatro, en la vida cotidiana y en lo que queráis, pero las series de televisión son el máximo exponente de esta práctica, al menos en los últimos años.

Baman viejo flipando

El boom de internet en nuestro país, que desgraciadamente tampoco hace tantos años que se ha producido, trajo consigo la posibilidad de acceder de forma directa y sin intermediarios (aunque para muchos de forma ilegal) a contenido audiovisual antes difícilmente accesible. De repente, en apenas unos meses, se extendió como una plaga la descarga masiva y el visionado “in situ” de series de televisión a través de internet, principalmente en versión original, lo que disparó de forma brutal el grupo consumidor de un campo de entretenimiento sujeto a puteos continuados de los canales de televisión españoles, principalmente por su emisión mucho tiempo después del estreno, doblajes pésimos, cortes infinitos para publicidad y horarios imposibles. Si al acceso inmediato y sin interrupciones le sumamos la feliz idea (aunque arriesgada) de canales de televisión norteamericanos de invertir en las series para convertirlas en superproducciones, tenemos que se forma una mezcla de facilidades y contenido de calidad que genera demanda por sí solas. Y ya, para culminar, se extiende de nuevo entre los guionistas el uso del cliffhanger, buscando poner la puntilla a ese contenido de calidad para, además de demanda, crear necesidad de continuar con ese contenido dividido en varias entregas.

Prison Break

Haciendo memoria, y a partir de aquí hablo de mi propia experiencia personal, recuerdo que las primeras series en encabezar este resurgimiento fueron ‘Perdidos‘ (‘Lost’) y ‘Prison Break‘. La primera entró por la puerta pequeña, con ya tiempo emitiéndose en Estados Unidos y con un maltrato inmerecido por TVE en nuestro país, emitiéndose en un canal secundario, con irregularidad y a horarios intempestivos. Lo de ‘Prison Break’ fue diferente, ya que el boca a boca creó la necesidad a muchísima gente de ver a través de internet una nueva serie de gran calidad que te dejaba siempre con ganas de más, y nada más lejos de la realidad. Lo de la calidad, así a toro pasado, quizás sea discutible, pero el enganche que genera esta serie aún hoy en día (y doy fe porque en mi casa la están viendo actualmente) es de órdago. Cada capítulo acaba en su momento cumbre, aunque no haya ocurrido nada durante 39 minutos, porque ese minuto final es una vomitona de sucesos inacabados que te llevan inexorablemente a hacer doble clic en el capítulo siguiente, y como buen cliffhanger, la mayoría de las veces ni siquiera para ver una resolución inmediata. Todo esto desemboca en que, cuando te quieres dar cuenta, han pasado 6 horas y has visto 10 capítulos, te pasas el día pensando en qué ocurrirá e incluso sueñas por las noches con que eres el protagonista de la serie. Sí, el citado Efecto Zeigarnik hace su aparición y te pone del revés.

Esto desató ya el apocalipsis, porque una serie llevó a la otra (como la propia ‘Lost’) y los guionistas y productores vieron claro el filón que había que seguir. Si dejas al público con la miel en los labios, prácticamente te aseguras que verán el siguiente capítulo, y uno tras otro al final terminas la temporada con una audiencia aceptable (desgraciadamente, esto no se cumple siempre). Y ni siquiera hace falta que demuestre lo que estoy diciendo, porque no hay más que echar un vistazo a nuestro alrededor para ver la grandísima oferta de series de televisión que hay hoy en día, más que nunca, y a ver cuál de las más seguidas no hace uso del cliffhanger

Pero no todo son series, y los cliffhangers más gordos, más míticos y de más renombre de la historia no están en las series, sino en CONTINUARÁ…

Sigue a Álex Sánchez en Twitter: @Zarten.

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