RAT QUEENS. Descaro y Brujería.

Las heroínas atípicas están de moda y un nuevo grupo de guerreras ha llegado a nuestras estanterías. Y estas vienen dispuestas a quedarse.

Por Teresa Domingo.

Me encuentro entre esa orgullosa generación de ochenteras que creció arropada por las fortaleza de grandes heroínas del cine como Leia Organa, Helen Ripley o Sarah Connor. Aunque de forma más paulatina, el mundo del cómic también nos ha ido dejando bravas mujeres de las que aprender y a las que admirar.

Sin querer que esto parezca un panfleto feminista, sólo voy a comentar que como lectora de cómics me complace enormemente ver las propuestas de las nuevas heroínas de papel fuera de los universos superheróicos habituales. Más que por mí, que también, por las nuevas generaciones, a las que les encantará verse reflejadas en Mikasa Ackerman, Lunella Lafayette o en las encantadoras Leñadoras del Campamento para Jóvenes Chicas Molonas de miss Qiunzella Thiskwin Penniquiqul Thistle Crumpet.

Hace ya unos cuantos años que el cómic británico nos dejó en herencia a Tank Girl, pionera de todas estas heroínas que toman como ejemplo mujeres “normales y corrientes como nosotras” con sus virtudes y sus defectos. Y mucho de la Chica Tanque tienen estas Rat Queens: fuertes, sinceras, independientes, muy malhabladas, borrachas y con ganas de juerga.

De siempre, los héroes  se han creado a partir de un reflejo potenciado de nosotros mismos para hacernos vivir junto a ellos fantásticas aventuras. Pero para que realmente nos sintamos identificados y lleguemos a adorarlos, tienen que contener parte de nosotros. El caso de las heroínas no es diferente y ese es el punto fuerte sobre el que se asientan las personajas (y he dicho bien) que ha creado Kurtis J. Wiebe para su cómic.

Cuatro taradas de la vida, cada una de su padre y de su madre, con diferentes estilos, apariencia, creencias y actitud ante la vida, hablando de absolutamente todo sin tapujos y despellejando a cualquiera que se ponga por delante, como cualquier grupos de amigas, sólo que aquí a veces es literal. En boca del propio autor es “como si la mezclases Dragones y Mazmorras  con La Boda de mi Mejor Amiga”.

Betty, una pizca ladrona y perroflauta, experta en cócteles y combinados lisérgicos. Dee, la hija de unos adoradores de Cthulhu con poderes curativos. Hannah, una maga rockabilly que te conjura un bonito que te jodan en la primera cita. Y Violet, una enana (afeitada) que lucha con una espada de diseño. Atractivas y problemáticas. Estas son las Rat Queens que, además de a liarla parda, han venido a demostrar que el mundo de la fantasía también tiene sus trapos sucios. Y la mejor manera que ha encontrado el autor para sacarlos es a través de estas cuatro locas recién salidas de las alcantarillas de Mordor  que, como buenos roedores, gustan de  frecuentar los tugurios más sucios y meterse en broncas de bar con otras bandas. Precisamente ahí arranca esta historia.

Las reglas que han regido el pueblo de Palisade desde hace años han sido paz, calma y comercio, pero desde que las bandas que mantienen alejados a los monstruos arman más escándalo dentro que fuera de los muros, la situación se ha vuelto insostenible. Para hacer pagar por sus actos vandálicos a cada una de las bandas implicadas en la última pelea se les ordenan diferentes gestas que suplan moralmente los desperfectos de los disturbios. Cada una de las pandillas se dirige a su empresa pero alguien de Palisade ha enviado a unos poderosos enmascarados para que ninguno vuelva de ninguna de ellas. O esa es la intención, porque las ratas saben cómo escabullirse. Acción sin parar, gore y mucha mala baba. Y para liberar tensiones entre batallas bien de cerveza en la taberna, sexo y alguna seta mágica que otra.

La historia no tiene muchos entresijos, pero ¿quién los espera en un cómic de acción fantástico medieval? Lo que pedimos es acción fluida y personajes macarras que den zascas infinitos mientras salpica la sangre. Y esa parcela Kurtis J. Wiebe la tiene bien cubierta. Además, como buen jugador, lo ameniza todo siguiendo una estructura narrativa similar a la de un juego de rol, dando como resultado un marco tremendamente divertido que avanza sin parar. Y por si fuera poco, contiene no pocas de esas referencias que adoramos, tanto a clásicos de la literatura fantástica y de terror como a la cultura pop.

Las Rat Queens están presentadas y desarrolladas de lujo a través de sus actos y diálogos. Incluso los secundarios tienen su propio carácter, pero hay que reconocer que no tendrían ni la mitad de personalidad sin el dibujo de Roc Upchurch. Y vayamos por ese orden, primero el dibujo y luego Upchurch.

Las reinas son preciosas. El estilo pin up de figuras estilizadas que utiliza Upchurch dota a cada personaje femenino de un estilo personal que refuerza el desarrollo del propio personaje y, además, contiene todo un abanico de expresiones faciales para cada una de ellas. Eso sí, se recrea en las figuras pero dejando los fondos totalmente difuminados, un recurso fácil aunque funcional que, en este caso, no le queda mal al conjunto pues lo que interesa siempre ocurre en primer plano. Como digo, potencia que los combates y coreografías sean claros, y no hay pocos, así que se agradece poder disfrutar de la acción a través de posturas y expresiones tan cuidadas.

Y de pronto, como si hubiera echado el resto en la secuencia anterior y se hubiera agotado la magia de su pluma, aparecen unas cuantas viñetas salpicadas, apenas un boceto del resto de la obra, que atribuiré a las prisas por entregar y no criticaré mucho más porque me ensañaría con algo que tampoco importa tanto. Porque todo lo que mola su dibujo no lo mola él como persona.

No quería que me quedase un panfleto feminista pero no lo voy a poder evitar. En el número #8 de esta serie (este tomo contiene del #1 al #5) Roc Upchurch fue detenido por violencia doméstica. Tócate los cojones, Mariloli. Pero, ¿qué hace un ser tan ruin y despreciable dibujando una oda a la fortaleza e independencia de la mujer? Si es que vivimos en el mundo al revés. Evidentemente Kurtis J. Wiege solicitó un cambio de dibujante, de hecho serán dos los que veremos circular por las páginas de las Ratas: Stjepan Sejic, con un estilo más cyberpunk y Tess Fowler que retoma ese estilo pin up original de Upchurch.

Por si todo esto no os parece suficiente para acercaros al cómic que aquí está publicando Norma Editorial, sabed que la serie fue nominada a los Premios Eisner, ganó un GLAAD al mejor cómic por su inclusión de personajes LGTB y, este primer tomo en concreto, fue nominado al premio Hugo de ciencia ficción a la mejor historia gráfica. Tanto éxito tuvo el lanzamiento de las Rat Queens que, en 2014, se produjo el anuncio de una serie animada por parte Pukeko Pics y la revista Heavy Metal (que para los jovenzuelos era lo que se usábamos hace años para consultar las noticias, nuevos lanzamientos y giras de los grupos de música peluda), pero desde entonces no se ha vuelto a comentar nada. Seguiremos informando.

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