Ray Zone: ahora sí que el 3D no tiene sentido

Cuando el 3D era algo realmente especial y mágico, había un maestro que supo darle a las viñetas de los cómics la dimensión que les faltaba, y fue Ray Zone.
Por Chema Mansilla.

Antes de que el 3D fuera una excusa para cobrar 3 euros más por entrada de cine y una excusa para pagar dos veces por la misma película en su edición en Blu-Ray, la «stereoscopia» era algo mágico. Algo inusual. Algo que a mis nueve años me deslumbró en azul y rojo con un cómic de Batman. Un tocho de cómic en el que el hombre murciélago se enfrentaba a sus peores (mejores) archienemigos. Y era en glorioso 3D.

La historia, de John Byrne, era un cómic bastante notable, lejos de los mejores trabajos del que, por entonces, todavía era una leyenda del medio. Pero la estrella del cómic no era él.  El reclamo era Ray Zone. Un señor que dedicó toda su vida a darle profundidad a los cómics. Profundidad de verdad, óptica y vertiginosa. Sí, todo es una trampa, un efecto visual, pero ahí estaba Batman, saltado de la viñeta, y Catwoman, huyendo hacia el fondo de la página… El cómic presentaba un sobrio dibujo a línea sobre el que se superponían las imágenes en cian y rojo que obrarían la magia del 3D. A día de hoy me atrevería a decir que son una obra de arte del minimalismo pop, pero en aquel entonces simplemente era un cómic de Batman que podía pasar horas y horas observando, tirado sobre la cama.

El cómic incluía unas aparatosas, inútiles e incómodas gafas que Galactus sabrá dónde han ido a parar. Todavía conservo el cómic en perfecto estado, pero aquellas gafas de cartón a modo, cruce de máscara y logotipo desaparecieron hace mucho tiempo. Aquel era el único detalle que entorpecía el disfrute de aquella aventura de Batman. y digo disfrute, y no lectura, porque era imposible el leerlo sin que te doliera la cabeza, pero mirar una y otra vez aquellas imágenes… El Joker descorchando una gigantesca botella de champán, el paraguas de el Pingüino señalando directamente a la cara del lector, la moneda de Dos Caras elevándose sobre el papel… Aquello era la experiencia más cercana que existía a estar dentro del tebeo.

Ray Zone falleció la semana pasada, y aunque en España no hemos podido disfrutar prácticamente de su trabajo para editoriales como Disney o Archie, a mí me dejó aquella aventura sobredimensionada de Batman, que esta noche, con 30 años, pienso volver a revivir como sentido homenaje al hombre que le dio al cómic la dimensión que le faltaba.

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¡Oh, mírame, estoy haciendo feliz a mucha gente! ¡Qué bien! ¡Soy un hombre mágico! ¡Del pais feliz! ¡De la casa de gominolas de la calle de la piruleta!

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