Relojes de hueso de David Mitchell. Cuando el tiempo se cuenta en cuerpos.

Libros sexys de fantasía sutil. Grandes personajes en un mundo donde el mundo cotidiano es más peligroso que el paranormal.

Por Javi Jiménez.

¿Qué hace que cojamos un libro de la estantería y no otro de las decenas de miles que lo acompañan? Lamentablemente (o no) en los tiempos que vivimos, el contenido entra primero por los ojos. La forma antes de el fondo. Es más fácil juzgar el libro por la portada que leerse el libro y luego dar el juicio. Sobre todo cuando no tienes tiempo para leerte todos los libros que te encuentras. Por eso, editores, aconsejemos que se detengan un momento y elijan bien lo que va a envolver ese libro que tanto tiempo y esfuerzo ha costado, no vaya a ser que se nos pase desapercibido.

Este libro, solo con ver la portada sabía que quería leerlo. Si me preguntas ahora que hay en la portada, no sabría recordarlo. Mi cerebro infantil simplemente se ve abrumado por el impacto de colores chillones, rosas, amarillos y naranjas en un aparente collage cromático.

El segundo paso, consiste en la contraportada. Vaya, nominaciones a premios. Parece importante que algún otro haya decidido que el tiempo (irrecuperable) que voy a invertir en leer un libro es valioso. Y por último, esto es un fetiche mio, sopeso la novela. Físicamente. No hay nada que me guste más que un buen tocho. Una novela bien gordita de las de pasarse un par de semanas absorbido por ella.

Relojes de Hueso reúne todas las características anteriormente indicadas. Nos la venden como una fusión de géneros en un universo de fantasía y sí, la novela de David Mitchell cumple. Nuestra protagonista es Holly Sykes una chica normal a la que le pasan cosas no tan normales. A veces oye voces, otras se encuentra con señoras extrañas que le hacen peticiones aún más extrañas, a veces le borran la memoria, participa en una guerra secreta o acaba perdida en un mundo post-apocalíptico. La historia serpenteará por Holly Sykes, bifurcándose en otros personajes que intersectan con ella. En todo momento, nos damos cuenta que David Mitchell es un maestro construyendo  personajes. En este libro tiene el gusto de hacer que cada personaje secundario esté casi tan bien definido como el principal. Le gusta hurgar en el pasado, presente y futuro de cada uno de estos visitantes en la historia de Holly. Dotarlos de personalidad tanto por los hechos que les rodean como por el lenguaje que utilizan.

Este talento podría en algún momento hacernos pensar que la historia de Holly se desvanece, que se pierde el hilo conductor central y que la trama avanza lenta. No ha sido mi caso, ya que he disfrutado mucho simplemente viendo como Mitchell iba desarrollando a cada uno de estos personajes. Si bien, cuando has superado la mitad de la novela invita a preguntarte si el autor tendrá tiempo para cerrarla y si todo lo acontecido contribuirá a ese cierre.

David Mitchell. Ilustración de Sachin Teng para el New Yorker.
David Mitchell. Ilustración de Sachin Teng para el New Yorker.

El universo mágico que plantea el autor tiene como punto central la mortalidad y la reencarnación. Un concepto como este es un cliché ya del género de la ficción (abstengámonos de incluir aquí textos religiosos) y la verdad es que pasa por el libro como un fantasma. A penas se siente que este hecho tenga relevancia más allá de los lazos que crea entre los personajes.  La fantasía de este libro es sutil de una manera que me recuerda a Neil Gaiman, no aparece en forma de brillantes castillos repletos de dragones sino que está presente en los rincones, en las sombras y hace aparición cuando es necesaria.

En esencia el libro trata sobre la vida. Aprovecha las posibilidades de su universo mágico para trasladarnos a diferentes épocas y lugares.  Trata sobre los diversos momentos de ella, de la selección que cada uno hace de este gran buffette. Los personajes de Mitchell consiguen que sea real y que el lector disfrute con ellos. Quizás no sea una gran obra pero es una notable, de las que disfrutas de principio a fin.

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Consumidor experto, reseñador amateur. Me gusta la música fuerte, la ciencia ficción, las series animadas y así os lo hago saber.

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