RENATO JONES. El uno por ciento.

Renato Jones es sangre, rabia, justicia y sed por el cambio. Renato Jones es lo que muchos sentimos en esta sociedad. Y Kaare Kyle Andrews lo sabe.

Por Joe Runner.

Es gracioso ver el efecto que tienen las crisis económicas mundiales. Uno podría pensar de primeras que lo lógico sería un desplome total del poder adquisitivo de toda la población, sin ningún tipo de distinciones entre sesgos o clases. No en balde, siempre nos han enseñado que la economía es una entidad gargantuesca, más grande que cualquier nimio y gris humano, por lo tanto no muestra ningún tipo de piedad entre las distintas castas que dividen a estos. Es más, lo que nos han inculcado desde pequeños es que si trabajas duro y lo deseas con muchas ganas, puedes llegar a ser un individuo adinerado, sin esos patéticos miedos mortales a quedar sepultado por las factura y teniendo la vida llena de consumismo y lujo que siempre quisiste y nunca necesitaste. Y todo esto es posible porque la economía es justa, igual y transparente para todos. Entonces, ¿qué es eso del uno por ciento? Tendríamos que remontarnos dos años atrás para ver las estadísticas de la economía mundial en la que, ¡sorpresa!, se descubrió que la famosa crisis de la que todos nos aquejamos ha servido para crear un abismo de proporciones insondables entre ricos y pobres, en el que el uno por ciento de la población más opulenta posee la misma cantidad de riqueza que el resto. Maravilloso, ¿verdad?

Pero no hace falta que nos vayamos a los círculos más altos de la sociedad para que nos demos cuenta de la situación precaria que está sufriendo el ciudadano de a pie. El ejemplo perfecto lo tenemos en nuestro país, cuna de la corrupción, el abuso de poder y la hipocresía. Cada año que ha pasado desde la susodicha crisis nos encontramos en situaciones más precarias en cuanto a derechos humanos, que no es moco de pavo. Mientras que políticos, banqueros o instituciones de corte medieval se dedican a saquearnos impunemente de la forma más insultante y despreciable, nosotros seguimos cegándonos ante el brillante e hipnótico foco del circo y la falsa sensación de seguridad. Me parece indignante que alguien que explota y abusa de niños como mano de obra para su beneficio sea considerado un adalid de la caridad por donar calderilla en pos de investigar el cáncer de aquellos que él mata. No pienso entrar en todos los casos injustos de personas que han terminado yendo a juicio por tonterías mientras otros siguen usando el saludo romano al son de blanqueo de capital. Ojalá hubiese alguien que les inspirara el temor que nosotros sentimos. Alguien como Renato Jones.

Y lo digo de verdad. Me encantaría que existiera un cazador de ricos, que fuera acribillando a todos y cada uno de estos sinvergüenzas que carecen de cualquier tipo de humanidad, la cual han ido perdiendo con el paso de los ingresos manchados en sangre o que nacieron sin ella. Allá donde hubiese un rey que se dedicase a robar a su pueblo, follarse a sus putas y controlar a los medios de comunicación, tiro en la cabeza. Si se tratara de una política corrupta que llevase años siendo una mafiosa, metida en todos los casos de corrupción y arruinando la vida de cientos de personas, ahorcada en la Plaza Mayor. Quizás sea una manera demasiado macabra y extrema de hacer que vuelvan a la senda de la humanidad, pero sería placentero domesticarles en base al miedo, como ellos hacen. Aquí no existen carteras, títulos o cargos que valgan como excusa para justificar cualquier tipo de acción ilegal. Quién la hace, la paga. Y en resumidas cuentas, de eso va Renato Jones. La historia de un joven que se ha criado en la broza social y que, por giros inesperados del sino, termina siendo uno de los herederos de una de las mayores fortunas de América.

A cualquiera que le guste los cómics no tardará en encontrar paralelismos entre Batman o el Castigador, pero eso es algo que Kaare Andrews tampoco se ha dignado a disimular. Renato es asquerosamente rico, rodeado de los mayores lujos que se puedan esperar, pero también hace el papel de criba popular, dedicándose de acabar con la vida de sus iguales de formas poco ortodoxas. De hecho, también encontramos algún que otro símil con algún muchimillonario famoso y que actualmente se dedica a sembrar el miedo al mundo entero siendo el presidente de uno de los países más estúpidos. No, no me refiero a Corea del Norte, por si necesitábais ese dato. Pero dejando todos estos guiños de lado, la historia es una vorágine de violencia, odio y muerte que hace perfectamente su papel de lectura catártica para todos los que vivimos en situaciones no tan agradables como la de estos simpáticos holgazanes. Se nota que el guionista no está contento con la actual situación mundial, haciendo especial hincapié en su país y se dedica a criticarlo de la manera más sangrienta posible. En todos los aspectos.

Lo grande de todo ello, es que Andrews se encarga de absolutamente todo, como ya nos tiene acostumbrados. Su dibujo feísta está en otro nivel, dejando páginas memorables y con una narración visual espectacular. Este tipo no para de mejorar con el paso de los años, con unos personajes cargados de expresividad y vida. Y mira que era un dibujante que no me convencía no hace tanto, pero al final uno tiene que rendirse a lo evidente. La anécdota la ponen unos anuncios que hay en el primer número, como si fueran de perfumes caros. Parecerá una estupidez, pero le da ese toque diferente y particular que lo hace tan especial. No creo que haga falta ser un lector de cómics asiduo para que la historia te atrape. Es más, seguramente haga las delicias tanto de los pijameros como de los que huyen de estos. Es acción pura, sin destilar, escrita y dibujada por alguien que está harto de esta puta sociedad autocomplaciente y postureta que no deja de involucionar como seres humanos, para terminar siendo meros prototipos aceptados por sus gurús de usar y tirar.

La grandísima pega es que no está publicado en nuestro país, por lo que todavía tenemos que ir a Image Comics para hacernos con esta macarrada. Quizá no sea el estilo que los lectores de moda actuales, por lo que las editoriales patrias no se acercarán a esto ni con un palo, pero todavía guardo un atisbo de esperanza. Esperanza porque la gente se dejará de gilipolleces y se darán cuenta de que la vida no es eso. Esperanza en que no seguiremos impasibles ante el mamoneo al que nos tienen constantemente los sinvergüenzas con dinero. Esperanza en que alguna vez habrá un Renato Jones que juegue su mismo juego y les deje claro que ellos también pueden ser la presa. Aunque también me conformaría con que editaran aquí el cómic, porque estoy muy bien en mi burbujita de autocomplacencia.

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Acerca de Joe Runner 22 Articles
Cuenta la leyenda que un zhéroe entró en una isla llena de cabezas cortadas...

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