RESACA

Te levantas como si un equipo de béisbol al completo hubiera bateado con tu cabeza. No estás muerto. Pero lo deseas. Después de vomitar por tercera vez, todo va a peor. Es como la vida, pero oliendo mal.

Por Javier Marquina.

Lunes: Como no tienes nada que hacer, ni ganas de hacer nada, abres la nevera con la esperanza de encontrar un haz de luz que te ilumine y guíe tu vida por la senda de la responsabilidad y la prosperidad. El frigorífico se enciende en cuanto la puerta libera el interruptor correspondiente y, en efecto, se te ilumina la cara. Está lleno de cerveza.

Martes: Te levantas como si un elefante con disentería te hubiera vomitado en la boca. No recuerdas nada de ayer a partir de la vigésimo quinta cerveza. Hay una tía en tu cama, pero podría ser perfectamente un tío. De hecho tiene mucho más pelo en la espalda que tú. Pelo mucho, pero no tiene ibuprofeno ni omeprazol. Estás jodido. Vas a la cocina. Sabes que sólo hay una cosa que te pueda salvar. Se llama cerveza.

Miércoles: La chica que se hacía trenzas en el omóplato resultó estar enamorada de ti, así que tuviste que inventarte una excusa peregrina que la espantara para siempre y le dijiste que eras impotente. Y vegano. Son estos los recuerdos que te asaltan cuando los tambores watusi de tu cabeza hacen que te despiertes con los ojos inyectados en sangre como un Drácula de extrarradio. Para redondear lo del terror gótico, te sientes como un moderno Prometeo, hecho con trozos de cadáveres. Has acabado la cerveza. Solo te queda vodka de marca blanca y una botella de Magno. Servirá.

Jueves: Te llaman tus padres. Has salido en la tele. Desnudo. En una iglesia. Persiguiendo a una señora vestida con zorros con el pito en la mano. Eres famoso. Tus amigos vienen a casa para celebrarlo. Traen vino y Coca-Cola. La vida es bella.

Viernes: Hoy te has levantado dando un salto mortal, has echado un par de huevos a tu sartén, dando volteretas has llegado al baño, te has duchado y has despilfarrado el gel. Porque hoy, algo te dice que vas a pasártelo bien…

Sábado: El fin de semana causa en ti efectos místicos, casi terapéuticos. Eres capaz de beber y follar como un vikingo. En tu mente, al menos. En la triste realidad vomitas hasta los ojos después de décimo tapón de Jägermeister y a las tías les das tanto asco que ya te has hecho inmune a los aerosoles de pimienta. No importa. Es sábado. Estás desatado. Disfruta de tu patetismo.

Domingo: Hoy has decidido no beber. En absoluto. Has trazado un plan. Has acumulado agua mineral sin gas, 20 kilos de pipas y te has comprado un cómic publicado por Astiberri. Te han dicho que es un tebeo muy divertido, muy real, escrito y dibujado por una chica llamada Mamen Moreu, que vive en tu misma ciudad y que ya había colaborado en revistas como El Jueves. Uno de de esos cómics de costumbrismo moderno, ácido, alocado, bestia y sin complejos, muy en la onda de tu propia vida de mierda, muy acorde con esta generación de descastados económicos que no saben hacer la o con un canuto, a no ser que ese canuto esté lleno de grifa. Un fiel reflejo de una sociedad en decadencia, deformado por el alivio del humor, por espejo caustico de la autocrítica salvaje, ese humor que nos permite reírnos de los defectos más bochornosos. El cómic se llama Resaca. Sonríes y lo abres. Cuando acabas, coges las llaves, la cartera y te lanzas motivado a beberte hasta el agua de la cisterna de ese bar en el que el baño tiene tanta mierda que es una puerta directa al infierno. Es lo tienen los buenos cómics. Que motivan.

Sigue a La isla de las Cabezas Cortadas en Twitter y en Facebook.

Acerca de Javier Marquina 218 Articles

Nací, crecí, vomité ácido blanco y lechoso sobre un donut y me lo comí.

Be the first to comment

Leave a Reply

Tu dirección de correo no será publicada.


*