RESPUESTA DE UNA INTELIGENCIA ABSURDA. Como una peli de Buñuel.

Dicen que el saber no ocupa lugar. A no ser que tengas la cabeza llena de pájaros. Y de huevos.

Por Teresa Domingo.

Los que nos “dedicamos” a esto de reseñar estamos acostumbrados a leer y escribir unos mamotretos infumables, de expresiones retorcidas y palabras anodinas que demuestren el buen hacer en lo nuestro, pero en este mundo donde las prisas, la sofisticación y los looks perfectos y, sobre todo, los límites del humor, no nos dejan sitio para lo que, parece que no, pero resulta tan necesario: parar un momento, no pensar en nada importante y dejarnos llevar por lo absurdo.

A veces no es necesario un trazo fino y sofisticado, ni un paisajismo detallado en los fondos para disfrutar de la obra de un dibujante. De vez en cuando encuentras historias que no precisan de un guión de doscientas páginas por arco argumental para despertarte un sentimiento. Apenas unos pocos agraciados son tocados por los hados del humor negro y son capaces de llevarlos a cabo con maestría. Y sólo una vez cada cierto tiempo se alinean los astros para hacernos llegar obras como Respuesta de una Inteligencia Absurda.

Shunji Enomoto se licenció en la escuela de cine de Yokohama, pero se hizo famoso por sus reconocibles historietas grotescas y tremendamente escatológicas dibujadas con monigotes estilo cartoon que no pierden su expresión de felicidad aunque les estén sacando los ojos y que hacen soltar al lector esa risotada cargada de culpa por reírse de las desgracias ajenas.

Quizás sus estudios cinematográficos hayan influido en el ritmo y la forma de presentar sus historias, o quizás sea algo innato en Enomoto, pero lo que está claro es que posee una narrativa tan poco común como atractiva que ha hecho que ECC se fije en él y en su intento (que ya ha conseguido) de erigirse como la editorial de grotesque manga por excelencia ha publicado estos dos tomitos de historietas autoconclusivas. Como si de sketches televisivos se tratasen nos iremos encontrando con pequeñas píldoras de humor del más negro y socarrado que existe, pero también con “capítulos” de la misma cabecera, que además de funcionar por separado, actúan de eslabón para formar, entre todos, series de gags acumulativos, repitiendo fórmula una y otra vez, en los que si sabes del primero disfrutarás al máximo del último. Aquí vamos a encontrar desde un padre que muere catastróficamente cada vez que le regala un juguete a su hijo, hasta un doctor que inventa una máquina de asistencia al suicidio que lanza un “acompañante” para que el suicida no se sienta solo, y luego lo recoge en un mullido colchón mientras el otro se despanzurra, pasando por un joven extraño que se asusta porque no entiende por qué no ve con los ojos cerrados o las personas son pequeñas cuando están lejos, al más puro estilo de Sin Noticias de Gurb, de Eduardo Mendoza. Cada una de las historietas autoconclusivas de Enomoto esconde un deje de surrealismo o esa macabra tontería de la que nos reímos todos.

Es cierto que para leer a Enomoto hay que venir desprejuiciado de casa, pero a los que gustamos de las cafradas más gores y de tiras cómicas como las de Joan Cornellà (es lo más similar al mangaka que me viene a la mente) disfrutamos a lo grande viendo a alguien pisando el terreno pantanoso de lo soez con la destreza de sacar una carcajada de la situación más rocambolesca. Bien es cierto que a este particular autor quien lo disfruta al completo son sus compatriotas, pues las referencias a la cultura tradicional y los juegos de palabras japonesas son evidentes y perdemos información en el contexto y en la traducción, pero lo importante está ahí. Y lo mejor es el sello de la casa.

Haciendo alarde de conocer y dominar el estilo y la narrativa habitual de los shonens clásicos de deportes y de idols musicales, Shunji Enomoto los recrea con una pulcrísima exactitud, pero sin pantalones haciendo de cada una de estas historias totalmente vacías de contenido una explosión de alegría escrotal. Efectivamente, sin comerlo ni beberlo, asistimos al festival de la huevada. Interminables posturas y planos que estamos hartos de ver en viñetas de mangas deportivos pero que, ha tenido que llegar este señor para mostrarnos que si se representan sin ropa interior se convierte todo en un espectáculo dantesco, sí, pero muy divertido.

Desde la humilde posición de una persona que se “dedica” a esto de reseñar manga de terror soy conocedora de un intento en 2004, por parte de La Cúpula, de traer 9 tomos de este autor, recopilados bajos su propio nombre Enomoto, de los que solo pudieron sacar uno, así que los animo a que lo retomen, o a ECC a hacerse con la licencia, porque merece la pena. A Junji Ito también lo leíamos cuatro gatos y mira…

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Acerca de Teresa Domingo 159 Articles

Si es creepy, es para mí.

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