Rick Remender, reinventando lo imposible.

“Oh, that feels awful. Like diarrhea made of sadness and anger. Kate Moss earns every penny.”

Masacre, en uno de sus demenciales monólogos para la serie.

Por Javier Marquina

Una de las espectaculares portadas de Esad Ribic en Uncanny X-Force.

 

He intentado odiar a Rick Remender.
 
Escribir sobre cosas que odio tiene para mí un efecto terapéutico, así que intento hablar de todo eso que detesto en una especie de exorcismo exaltado que acaba desembocando siempre en risas y chistes, sentado con los amigos en la barra de un bar delante de unas cuantas cervezas. Muchas cervezas. Demasiadas. Todas.
 
Cuando llegó a mis manos el tercer tomo la colección Imposibles X-Force titulado “La Saga del Ángel Oscuro” y publicado por la editorial Panini dentro de su línea Colección 100% Marvel, estaba dispuesto a escribir una reseña incendiaria que no dejara títere con cabeza, aprovechando que con este tercer tomo se cierra en cierta medida la primera etapa del grupo. Ya sabéis. Lo que vende es el morbo, la polémica y el mal rollo. Estaba dispuesto a hacer arder la red, o casi, con un ataque frontal al guionista americano.
 
Y me ha sido imposible.
Reconozco que estoy viviendo tiempos de profundo desgaste en lo que se refiere al cómic de superhéroes en su conjunto. Empiezo a sentir un hastío generalizado ante la mayoría de las colecciones editadas por Marvel y DC, y son escasos los ejemplos que me producen esa sensación añeja de maravilla y disfrute que antes conseguía hasta con los guiones de Scott Lobdell y los dibujos de Ron Lim. Ahora la endogamia que parece devorar este mundo y que sin duda ya estaba presente cuando disfrutaba como un niño de series de mutantes y vengadores por igual, se me antoja insoportable, abusiva, bochornosa y, lo que es más grave, triste.
 
Creo que los que crecimos con La Patrulla X de Chris Claremont, Los 4 Fantásticos de John Byrne, el Thor de Walt Simonson y luego nos hicimos adolescentes y adultos con las obras de Frank Miller en Daredevil y Batman, el Alan Moore de Watchmeny La Cosa del Pantano y Neil Gaiman desatado en The Sandman, estamos profundamente necesitados de ídolos.
 
Aquellos geniales viejos tiempos.

 

Algunos albergábamos un hálito de esperanza cuando una nueva hornada de transgresores autores ingleses encabezada por Warren Ellis, Mark Millar y Garth Ennis y a la que se unió un Brian Michael Bendis capaz de escribir 15 colecciones por minuto, parecía dispuesta a cambiar el panorama y romper con todo lo establecido. Al final el proceso resulto ser más humo y espejos que una transformación real y radical del medio. Buenas obras, pero la tendencia al inmovilismo generada por la cobardía del dinero, temeroso de que la innovación y el cambio conduzcan a la ruina y que acaba anquilosando el producto y dejándolo todo siempre igual.
 
Y así hasta hoy.
 
Seguramente voy a ser malinterpretado. En ningún momento estoy diciendo que en la actualidad no haya buenos guionistas, que los hay, y muy buenos. Ahí están Jason Aaron, por ejemplo, para demostrarlo. Mi teoría es que la necesidad de muchos de volver a disfrutar del Frank Miller de turno nos lleva a exacerbar la calidad de la mayoría de lo que leemos en la actualidad. A menudo creemos que lo que consumimos es genial porque necesitamos que sea genial. Necesitamos volver a sentir aquella emoción única que sentíamos al comprar y leer cada una de las 12 grapas que formaban Watchmen. Necesitamos experimentar esa sensación de estar viviendo algo nuevo  y casi prohibido que crecía en nuestro pecho al devorar el número 191 de Daredevil.
 
Necesitamos creer.
 
Es por esto que me es imposible odiar a Rick Remender, aunque en los últimos tiempos me dedico a despreciar sin excesivo criterio todo lo que la gente adora. Luego, algunas veces, al examinar el material con calma y de manera objetiva, me tengo que tragar mis palabras. Y este es uno de esos casos. De los números de X-Force que siguen a esta saga, de los infectos episodios escritos para AvX dentro de Vengadores Secretos y de los erráticos coletazos dados en Veneno, hablaremos en otro momento. Aunque Remender no esté muerto, hoy es el día de las alabanzas.
 
A pesar de su intermitencia, pienso que Rick Remender es un gran guionista, quizá no genial, pero sí brillante. Cumple a la perfección ese papel de buen escritor que se ve engrandecido por la necesidad de su público de escritores estelares. Sus guiones para Imposibles X-Force rebosan originalidad, momentos chocantes y diálogos ingeniosos. Maneja con inteligencia los personajes de los que dispone y aunque parezca casi imposible, ha logrado ordenar y expandir los conceptos mas bizarros (sí, puristas, estoy usando el anglicismo) que lanzó Grant Morrison en su larga etapa con los X-Men. Incluso ha conseguido dotar de fondo y protagonismo al detestable Fantomex, aunque a mí en particular me sigue pareciendo odioso y asesinable. Además, Remender renueva con acierto el clásico culebrón marveliano, explotando el triángulo amoroso superheroico en esa tradición que fue inmortalizada antes en etápas clásicas de Los Vengadores, La Patrulla X y Spiderman, y nos dejó enormes momentos con androides, brujas, humanos energizados muertos y resucitados, pequeños mutantes con garras y mala leche, chicas pelirrojas capaces de hacer flotar el mundo, rígidos de un ojo rojo, reporteros, secretarias, modelos y niñas buenas de pelo rubio y liso. En este caso el triángulo gira en torno al alado, a la bruja psíquica-ninja-buenorra y al insoportable de blanco, buceando con elegancia en los procelosos mares del amor: la pasión, la amistad y la manipulación psicológica.
 
Los tres tomos editados en España de Imposbles X-Force, que recogen los primeros 18 números de la colección americana, se leen como una historia cerrada, en la que se reinventan algunos conceptos muy interesantes acerca de la moderna mitología mutante y marvelita como son El Mundo, Apocalipsis y Deathlock. Además El Ángel, un personaje bastante soso, recupera un brillo que ni siquiera en la etapa del matrimonio Simonson en X-Factor supieron darle y al final de esta saga renace por enésima vez, pero con parámetros a explotar de inmensa potencialidad. Entre los diversos dibujantes que ilustran esta saga con fortuna desigual, destaca por encima de todos Jerome Opeña, un nuevo artista filipino de inmenso talento, y que va a dar mucho que hablar en el futuro inmediato con su etapa en Los Vengadores de Jonathan Hickman de la renacida Marvel Now!.
 
Delicatessen. Opeña en acción.

 

Tres tomos pues que nos dan buena muestra de lo que puede llegar a hacer Remender cuando se siente inspirado y sabe lo que quiere. Tres tomos altamente recomendables si quieres pasar un buen rato, respirar aire fresco, viajar a lugares improbables, alimentarte de cosas repugnantes y ver un culebrón de los buenos sin necesidad de encender la televisión.
 

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Nací, crecí, vomité ácido blanco y lechoso sobre un donut y me lo comí.

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