RONIN. La leyenda subversiva de Miller.

Ronin es ese cómic que siempre te recomiendan los dinosaurios del medio y es por una razón: es una maldita joya. Y seguramente el adjetivo le venga a las mil maravillas.

Por Joe Runner.

Hace un par de meses estaba felizmente escuchando el podcast de El Descampao (os lo recomiendo de manera encarecida), cuando caí en la cuenta de un hecho que me aterrorizó. No soy de darle importancia a las cosas a largo plazo, pero en ese preciso instante me entró una especie de canguelo y estrés inesperado que todavía me dura. Me di cuenta, por ridículo que parezca, que por mucho que lea, siempre habrá más cosas que no habré leído. Y eso que podría decirse que nací prácticamente con un cómic bajo el brazo. Pero es que la proliferación de historietas no es lineal, como todos pensamos, sino que se expande de manera vertiginosa, cuasi exponencialmente, haciendo que la lectura de todo aquello que nos interesa o llama la atención sea más una quimera que otra cosa. De hecho, matemáticamente no salen las cuentas y eso está generando un agujero de pena dentro de mí que crece de forma potencial. Pero dejando de lado mi agonía lectora, la cuestión residía en el susodicho podcast. En él hablaban de las historias que cambiaron el mundo del cómic, y caí en la cuenta de que llevaba mucho tiempo posponiendo alguna que otra lectura obligatoria. Pues bien, por fin he sacado tiempo para leer Ronin de Frank Miller.

Hace cientos de años, un samurai sin amo, un ronin, vagó por todo Japón protegiendo una espada mágica que sería la única capaz de matar al demonio que acabó con la vida de su señor. Tras una lucha final, nuestro protagonista termina con la vida de Agat, y el alma de ambos queda encerrada en la katana. Siglos más tarde, en un futuro cercano a nuestra época, un científico destruye la espada, dejando libres los fantasmas de los dos enemigos eternos. Ronin acabará dentro del cuerpo de Billy, un poderoso psíquico que carece de extremidades y es usado por la Corporación Aquarius para desarrollar al máximo a la inteligencia artifical Virgo, el futuro del planeta Tierra. Pero Agat, el demonio, no dejará que el ronin se establezca cómodamente en el cuerpo de su nuevo huésped, por lo que pronto intentará cazar a nuestro protagonista, comenzando así una historia llena de acción y mentiras que nos transportarán por todas las miserias del ser humano, apoyándose en una amalgama resultante entre el mito japonés y la distopía clásica.

Es harto interesante leerse este cómic después de tantos años. He de decir en mi justificación que si no lo había hecho hasta ahora, ha sido por falta de tiempo u oportunidades. Pero no me arrepiento. Creo que de esta manera he conseguido disfrutar la historia que nos cuenta el querido Frank Miller de manera totalmente distinta al lector de la época. Obviamente que me ha encantado, en eso no creo que haya mucha discusión, pero me he fijado en detalles típicos de nuestro reaccionario guionista que, en otra época, habría pasado por alto, más que nada porque todavía no sabíamos de sus ideologías aviesas. El único gran fallo que le encuentro es el final y seguramente sea porque no le encuentro sentido. Pero lo que viene siendo la trama principal, pese a que se ve venir a mitad de la obra, es una pura genialidad.

El resto es una retahíla de situaciones conspiranoides, mezclada con la crítica social de la época y acción a raudales. Se nota la fijación de Miller en el arte y cultura asiática en Ronin, algo que es de conocimiento popular actualmente, y tiene detalles realmente geniales, como la inclusión del apellido Koike en uno de los personajes de relleno. Creo que la libertad de guión vendría dada por sus éxitos con Daredevil y Batman, pero se hace raro ver  ya esvásticas en sus dibujos. Es cierto que están introducidas en forma de crítica y chanza ante las ideologías del ser humano, pero cuando comparas el nazismo con la igualdad étnica, creo que empiezas a oler a podrido. Son guiños que, en su momento, quedarían como meras anécdotas que enriquecen el universo decadente en el que viven nuestros protagonistas. Y ahí es cuando viene bien este bagaje de lecturas anteriores del autor, que te das cuenta del sucio fascista que es este energúmeno. Independientemente de que sea un pedazo de artista.

Porque sí, es el autor completo de esta obra, haciendo uno de sus mejores trabajos en las páginas que componen el cómic. Y eso que es altamente irregular, pero consigue dejarnos imágenes brutales, con una expresividad y vida que muy pocos son capaces de imitar. Su punto fuerte es la narración visual, pero incluso ahí tiene momentos farragosos. Quiero dejar claro que, aunque parezca que estoy criticando el arte de Miller, me parece que sus aciertos destacan mucho más que sus fallos. Me fascina ver que cada dibujo tiene mil millones de rayitas, puntos o garabatos, haciendo que me plantee la cantidad de tiempo que necesitaría para conseguir esos dibujos. Además posee una versatilidad descomunal y sabe jugar a la perfección con las sombras, contando con un estilo de narración totalmente personal y que funciona la mayoría de las veces a la perfección. Lo sé, no os estoy descubriendo nada nuevo que no supierais. Eso mismo pensé yo antes de leerlo y me fascinó de todas formas.

La gran pena es ver cómo ha cambiado este señor con el paso de los años. Su faceta como artista y persona se ha ido degradando hasta límites insospechados y, aunque nos duela admitirlo, se ha llenado de mierda hasta los ojos. Me duele leer trabajos suyos como Ronin, que me ha encantado pese al paso de los años, y ver que actualmente es la versión amargada y fastizoide de aquel chaval capaz de contar cualquier tipo de historia y dejarnos con la boca abierta. Está claro que el monstruo no ha aparecido de la noche a la mañana, porque por triste que parezca, esos ramalazos ideológicos es algo que lleva arrastrando desde hace mucho tiempo.

La buena nueva es que ECC Ediciones sacó una edición deluxe en la que recopilaron toda la serie, con material inédito en nuestro país y una restauración de las páginas clásicas del cómic, algo que el arte de Miller y el coloreado de Lynn Varney agradece. Si sois como yo y habéis estado posponiendo esta lectura con el paso de los años, ya va siendo hora de que le deis la oportunidad que se merece. Sonará a topicazo, pero es un clásico que todos deberíamos leer, aunque sea para poder criticar al genio de Miller y admirarle al mismo tiempo. Maldita dualidad humana.

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