SABES MI NOMBRE: NO LO OLVIDES

Hemos hablado hasta la saciedad de la relevancia del tebeo como herramienta de divulgación y vehículo de transmisión de todo tipo de historias. Los autores de “El fotógrafo de Mauthausen” son conscientes de ello y con sus viñetas pretenden no solo apuntalar la historia con todas esas personas pilares para escribirla, sino también para que adquiramos conciencia y valoremos en su justa medida los deleznables actos del ser humano.

Por Cristina Hombrados.

Mauthausen, juicios de Nuremberg o campo de concentración son términos que no nos resultan en absoluto desconocidos y que todos asociamos de manera inmediata a ese periodo de la historia europea del siglo XX que nunca debería haberse escrito.

Son múltiples también los nombres propios que reconocemos gracias a la labor de investigación y  divulgación de muchos estudiosos que van descubriendo y destapando personajes que supusieron un haz de luz entre semejantes atrocidades. Francisco Boix es uno de esos nombres. Publicaciones como las de Benito Bermejo (“Franscisco Boix, el fotógrafo de Mauthausen” o “El fotógrafo del horror. La historia de Francisco Boix y las fotos robadas a los SS de Mauthausen”) o la de Carlos Hernández de Miguel (“Los últimos españoles de Mauthausen”) nos han permitido poner en el mapa al único español que participó como testigo en los juicios de Nuremberg, siendo clave su declaración en el veredicto inculpatorio al general de las SS Kaltenbrünnen. Dicha declaración se sustentaba en un buen número de imágenes que revelaban al mundo las salvajadas cometidas en los campos de concentración. Unas fotografías que fueron tomadas podríamos decir que para uso y disfrute de quienes estaban al frente del campo, pero que, sustraídas de Mauthausen por Boix y otros, se acabaron erigiendo estremecedor testimonio de lo que sucedía tras los muros y vallas.

Salva Rubio, historiador y guionista, lleva a Francisco Boix entre ceja y ceja desde hace cosa de 4 años. En un primer momento, concibió la interpretación de su historia para ser plasmada en el celuloide. Por diversas razones, ese proyecto no llegó a materializarse como producción cinematográfica. Es en 2017 cuando finalmente adquiere una dimensión tangible en forma de tebeo en la editorial Le Lombard con Pedro J. Colombo a los lápices y Aintzane Landa al color.

Casualidades de la vida, el próximo 26 de octubre veremos en la gran pantalla una suerte de biopic sobre este español que sobrevivió al campo de concentración de Mauthausen encarnado por Mario Casas y que nada tiene que ver con el proyecto que inició en su momento el guionista de este El fotógrafo de Mauthausen, que Norma editorial ha publicado este año en nuestro país.

A Salva Rubio, por cierto, lo descubrí con Monet. Nómada de la luz, un tremendo tebeo sobre el pintor impresionista cuyo guión es pura luz y color.

Los responsables de transportarnos gráficamente a Mauthausen son Pedro J. Colombo y Aintzane Landa, tandem que se complementa a las mil maravillas y que firman, entre otros, En segundo Plano Adicción o en The legend of Khaz junto a Josep Busquet o Droit au but!, la colección de tebeos para los más pequeños del Olympique de Marsella.

Viñetas en composición, a página completa e incluso dobles páginas cuyos trazos y tratamiento del color sugieren la claustrofobia y la infranqueabilidad en los espacios, que huelen a miedo, desesperación y desánimo, que construyen un sólido, impenetrable y desolador escenario de muerte para tantos miles de personas o dejan traslucir la impotencia y la incredulidad vivida durante los testimonios en los juicios de Nuremberg.

Las fotografías que formaron parte de la historia de Francisco Boix le disputan en buena parte de las páginas el papel prominente al fotógrafo. Un tratamiento muy cuidado de las mismas, trabajando a partir de las que realmente se tomaron en Mauthausen, consigue que se inserten en la narración sin exabruptos, de forma que el lector identifica una única realidad. No hay más que acudir al excepcional apéndice histórico, documental y fotográfico  del que se completa para apreciar en toda su crudeza las auténticas fotos.

Tebeos como este nos permiten conocer la historia, pero no solo eso. Nos muestran la importancia de empatizar, de saber contemplar la magnitud de un hecho y comprender sus dimensiones. Nos hablan de que los seres humanos sufren a causa de las acciones de otros seres humanos. De lo poco que puede llegar a importarnos lo que sucede frente a nuestras mismísimas razones si no nos toca directamente. Lo poco que nos gusta rascar en la superficie para constatar que, tal y como se suponía, todo es mucho peor de la imagen que proyecta. De la pereza que nos da ponernos en la piel de lo demás. Cómo desnaturalizamos y deshumanizamos todo por desinterés con esa frialdad que nos caracteriza.

Qué lástima que los términos que en su día creamos para designar una realidad vayan perdiendo su significado pleno, sus connotaciones y los sentimientos que transmiten.

No. No debemos olvidar que todo término tiene un significado. Completo. Y que va más allá del meramente normativo por el mero hecho de representar lo que representa. Que por mucho que intentemos obviarlo u olvidarlo, permanece.

Stat rosa pristina nombre, nomina nuda tenemos

There is a wind where the rose was.

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