SAGA CLOVERFIELD: IGUAL SI NOS CENTRAMOS…

Este artículo comenzó como una breve reseña de The Cloverfield Paradox. Pero por unas razones o por otras (que explicaré a continuación, no seáis ansias) se ha convertido en una especie de recopilación de impresiones, acercamientos y otras palabras que usamos los escritores (reseñistas, articulistas, gente guapa en general) sobre la saga Cloverfield. La saga al completo. Porque aquí hay mucha chicha.

Por Andrés R. Paredes

Buscar información sobre The Cloverfield Paradox ha sido sencillo. Tan sólo he tenido que entrar en mis cinco páginas de confianza y hacer Scroll hacia abajo una, dos, tres, cuatro veces hasta que por fin he encontrado información primero sobre la extraña jugada de Netflix a la hora de estrenar la película sin previo aviso tras la SuperBowl, después sobre cómo encaja esta tercera parte de la extraña antología en el tiempo y por último, las reseñas del propio film en si. Resulta raro pensar que la película que nos traemos entre manos tenga menos de un mes de vida.

Pero por extraño que parezca, esto siempre le ha pasado a la saga Cloverfield. El estreno y  éxito de la primera película nos pilló desprevenidos a todos, en una época en la que el Found Footage ya parecía agotado (diez años después del estreno de El proyecto de la Bruja de Blair). Bueno, a todos no. J.J. Abrahms, productor de la película, sabía que tenía entre manos lo que en ciertos círculos se conoce como un pepino. Un guión rápido y que dejaba al espectador sin aliento, unos personajes planos que dejaban paso a unas set pieces espectaculares y un bicho terrorífico que.. bueno, que en realidad era el Mcguffin de una historia que no iba a ninguna parte, pero que daba para un viaje muy divertido. Cloverfield fue un auténtico Blockbuster porque gracias a las técnicas empleadas nos entregaba una película que hizo las delicias de los cretinos de Cinemasins (cinemasins es el demonio y de eso hablaremos otro día) básicamente porque se pararon a analizarla demasiado. Y Cloverfield no es una película que valga para eso. Es una película que debemos tomar rápido y reflexionar poco, el inicio trepidante de una aventura demasiado corta. Y por eso es tan eficaz. En un mundo en el que los grandes Blockbusters duran casi tres horas, Cloverfield se aprovecha de su corta duración para plantearnos principio, nudo y desenlace a tal velocidad que para cuando acaba sólo necesitas más de esa droga. Y de paso nos daba comentario social. Porque Cloverfield vivió y bebió del ambiente post 11-S, de la confusión y el miedo que rodeaba a los estadounidenses hace 10 años (si, tiene 10 años). El pánico y el miedo de la cámara en mano, los movimientos bruscos y las luces en los ojos, los inocentes rodeados de militares mientras la ciudad es pasto de las llamas y las ropas destrozadas y empolvadas… Toda la película vive en esos momentos que se han quedado grabados en la memoria de los que podemos recordarlo: La cabeza de la estatua de la libertad en medio de la calle, símbolo de una América rota y que todavía sangraba. Cualquiera diría que diez años después, las heridas estarían curadas. Cualquiera diría.

10 Cloverfield Lane fue la esperada secuela con Mary Elizabeth Winstead (que sigue huyendo de su papel de Ramona Flowers), John Goodman (que sigue huyendo de El Gran Lebowsky/Los picapiedra) y John Gallagher Jr. (que aun no sabemos hacia dónde va). Donde la original todo era pánico y descontrol, el director Dan Trachtenberg decide tomar un tono más pausado, pero no por ello menos amenazador que la primera parte. 10 Cloverfield Lane es una película de Tensión con mayúscula, en la que el miedo al exterior, a tus compañeros y a lo que nos rodea es creciente. Como si el mejor Hitchcock o Shyamalan se tratase, el (prácticamente) único escenario en el que se desarrolla la historia aprieta (pero no ahoga) a los protagonistas. Las dudas e inquietudes sobre lo que está pasando fuera y por qué motivo se fían de un John Goodman desatado (en serio, el día que nos falte Goodman lloraremos) hacen de eco a las dudas de la primera parte, qué está ahí fuera y por qué nos persigue. Los personajes, más redondeados y pulidos esta vez funcionan perfectamente, y la película funciona como un reloj… excepto por el final. Y aquí entramos en TERRENO DE SPOILER. La última secuencia destripa por completo todo lo construido hasta ese momento, con una protagonista que tan sólo gracias a la suerte pura y dura escapa de las garras y vence a una nave espacial. Si, por supuesto, necesitábamos un final con gancho, apasionante y eléctrico. Pero una vez ya hemos tenido un enfrentamiento contra el Monstruo real… ¿Para qué uno tan fantástico y fuera de la película como éste? Cloverfield parece querer aferrarse como un clavo ardiendo a esos últimos 10 minutos de batalla desesperada contra un monstruo cuando no los necesita, de la misma manera que la primera no necesitaba ningún tipo de final con giro sorprendente. SALIMOS DEL TERRENO DEL SPOILER Precisamente en donde funciona Calle Cloverfield 10 es en su parte intimista, en su análisis del miedo, en el terror que se encuentra en los otros. En esa crisis en la que nos encontramos actualmente en la que cualquier vecino puede ser un asesino, un monstruo, un depravado. El miedo a pequeña escala. Podían haber aprendido de su error. Podrían.

Y he aquí cuando llegamos a The God particle/The Cloverfield Paradox. El proyecto secretísimo del que no se sabía nada hasta que se supo todo de golpe y porrazo en menos de una hora y del que parece que ya nos hemos olvidado todos (repito, tiene menos de un mes) hace aguas por casi todas partes. Y es que a diferencia de sus predecesoras, no abraza su idea principal. Esto es: Cloverfield funcionaba porque sabía que era una película de Kaijus desde un punto de vista callejero; 10 Cloverfield Lane funcionaba (excepto en su clímax) porque se proponía y conseguía construir una historia de tensión y miedo. The Cloverfield Paradox… Lo intenta todo. Consigue poco. Y ojo, que lo intenta con todas sus ganas. Daniel Brühl y Chris O’Dowd, Elizabeth Debicki y la protagonista (y único personaje con un mínimo de desarrollo) Gugu Mbatha-Raw están ejemplares cada uno en su papel y la nave resulta creíble y al mismo tiempo fantástica (como lo hacía la Event horizon o las naves de Interstellar). E incluso cuando la película se ramifica de formas raras, absurdas y estúpidas funciona, porque, de acuerdo a su premisa absurda podría ocurrir cualquier cosa. Y sin embargo, The Cloverfield Paradox decide irse por los derroteros más comunes de la ciencia Ficción, amén de unos segmentos que transcurren en la tierra que son más huecos que ésa cáscara de cacahuete vacía y traicionera en la bolsa de cacahuetes. The God Particle también tiene giro final (que teóricamente hila con la primera parte) pero a estas alturas ya no nos importa. La película se fue al traste cuando decidió ir de “normal” teniendo la posibilidad de ser una locura.

La cuarta parte de esta complicada saga se estrenará (en teoría) a finales de este año. Ya está rodada y preparada y probablemente Netflix esté esperando a desarrollar una tecnología con la que implementárnosla en sueños. Y así entramos en un nuevo episodio de Black Mirror. CHAN CHAN.

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