SAMURAI JACK. El fin de una leyenda.

Samurai Jack se ha convertido en el paso de los años en algo más que una serie de TV. Hablamos de una percepción totalmente idealizada de la vida, la justicia y el honor. Y todo por culpa de Genndy Tartakovsky.

Por Joe Runner.

Se acabó. Media vida esperando que por fin llegase el desenlace final. Viviendo falsas esperanzas de alguna adaptación cinematográfica que explicase qué había sucedido durante todo este tiempo. Abrazando como verdadera metadona toda la cantidad de rumores sobre la serie que ha marcado tu infancia, tu vida y la de los de tu generación. Creyendo a pies juntillas, como una mentira piadosa, que aquellos cómics clásicos tenían algo escondido que todavía no conocías y que los que salieron después podrían tener la llave hacia el secreto mejor guardado de la última década. Pero como todo lo que comienza, al final ha terminado. Nacer para vivir. Quedar en el recuerdo colectivo como el mayor héroe que la historia moderna ha dado, alejado de ideologías de dudosa inclinación, mostrando a niños y mayores que el altruismo no es un arma egoísta, sino una necesidad, y dejándonos a todos un regusto agridulce tras ver los últimos segundos del personaje que ha sabido calar en el corazón de todos sus fans. Hoy hablamos, señoras y señores, de Samurai Jack.

Han pasado cincuenta años desde que nuestro protagonista llegó a un futuro distópico, en el que el poder e influencia de Aku en toda la galaxia es ley. No envejece, no enferma y no muere, haciendo todavía más larga y cruel la tortura que significa no haber terminado todavía con la vida del monstruo que destruyó su pasado y a todo y todos los que él amaba. La locura y culpabilidad son un claro síntoma en su mermada mente, que no le deja pasar un día sin torturarse por haber fallado en su misión. Pero suele llover sobre mojado, por eso esta vez tendrá a las mismísimas hijas de Aku como su principal enemigo. Se acabaron los juegos de efectos especiales, destrozar a los robots chorreantes de aceite y los enfrentamientos a medias tintas. Su adversario ya no es un ser inerte y estúpido el cual rebanar con la espada y dormir tranquilamente por la noche. No vale simplemente vencer en la batalla y que tu oponente quede fascinado ante tu clara superioridad, rindiéndose acto seguido e intentando encauzar de nuevo su vida emulando a su nuevo héroe. Todo eso es cosa de un pasado mejor. Ahora premia la supervivencia, aunque haya que matar humanos.

Quizá para los que no conozcan de la serie de televisión o la hayan visto por encima alguna vez no les suponga tan fascinante la idea de que Jack se vea en la tesitura de dejar fiambre a sus enemigos, sobre todo si no se tratan de robots con cierta disposición a explotar cuando los cortas. De hecho esa fue la treta que Tartakovsky usó en la serie para poder contar una historia mucho más adulta y con claros guiños a todas las películas que él admiraba de joven. Le prohibieron desde un principio que saliera sangre en sus dibujos, por lo que optó en crear una némesis que estuviera compuesta de oscuridad pura y que cuenta con una cantidad muy loca de vasallos robóticos que no dudan un ápice en enfrentarse al protagonista. Claramente, el autor no lo iba a dejar ahí y aprovechó a estos púgiles metálicos como excusa de secuencias de acción, en la que los ríos de un negro aceite sustituía a la vetada sangre. Entonces, ¿qué ha sucedido para que ahora se haya levantado esa veda? Muy sencillo: Adult Swim.

La creación del canal filial de Cartoon Network supuso un paso adelante en la creación de series animadas dirigidas a un público más adulto. Para los que no hayáis oído hablar de este atípico canal de televisión, son los culpables de que Rick y Morty se haya convertido en uno de los productos más virales de la actualidad. Así que ya os podéis hacer una idea de lo que está prohibido enseñar en este canal. Absolutamente nada. Con esa premisa de que todo está permitido, después de un hiato eterno el equipo de Tartakovsky y CN llegaron al acuerdo de emitir la última temporada de su obra magna en su plataforma. De esta manera el bueno de Genndy por fin podría explicar sin tapujos qué había pensado para su personaje y, de paso, dar una vuelta de tuerca a un producto que había funcionado a las mil maravillas y ya contaba con un gran fandom mundial. Podría decirse que Samurai Jack podría haber terminado como comenzó, con historias en las que la muerte y las palabras malsonantes no tuviesen cabida. Y nadie habría dicho nada. Ni una queja, oiga.

Pero hay que admitir que han sabido reinventarse respetando la fórmula original. Si para nosotros han pasado trece años, para nuestro protagonista ha sido todavía más largo. Medio siglo de frustración y locura que termina desembocando en una espiral de violencia despiadada a un nivel que ni siquiera él puede manejar. Este último viaje nos muestra el legado del verdadero héroe, el que antepone la seguridad y bienestar del resto del mundo por encima de su misión. Esto último también se utiliza a las mil maravillas, mostrándonos a personajes clásicos a los que Jack ha ayudado en algún momento, sirviendo de prueba reveladora a uno de los grandes aciertos de esta última temporada. Y ese acierto es Ashi. Una de las hijas de Aku que es entrenada desde su nacimiento para acabar con la vida del pérfido samurai. Pero el odio no es el único sentimiento que fluye por las venas de este personaje, por lo que la veremos crecer y evolucionar durante todos los capítulos, ganándose un hueco en nuestro corazón, pese a ser quién es.

Incluso me atrevería a decir que el reclamo de la serie por excelencia, Aku, pasa a un segundo plano. Quizá una de las razones sea que el doblador del señor de las mil formas murió hace diez años, cosa que dudo, pero tampoco es que se le eche en falta. Tiene sus momentos, casi siempre de humor, y juega un papel fundamental en el desenlace final. Obviamente. No hay que olvidar que, pese a que todo se asemeja mucho a lo que ya habíamos visto hasta la fecha, todos ellos han cambiado de forma sustancial. Tanto que los diez episodios son correlativos, o lo que es lo mismo, que prosiguen todos una historia conjunta. Los creadores pensaron que la mejor forma de despedirse de una vez por todas de Jack era haciendo un capítulo largo, como si se tratara de una película contada por fascículos. Y desde mi humilde opinión, es lo mejor que han podido hacer.

Si has llegado hasta aquí, seguramente te has dado cuenta de que esta no es una reseña dirigida a alguien que ya ha visto la quinta temporada. Me gustaría afirmar que el público objetivo es aquel que nunca ha visto la serie, la ha visto a trompicones o todavía no se ha animado con el final de esta. Por desgracia creo que no he conseguido ni una ni otra, convirtiéndose esto en una prueba escrita de lo que me ha gustado el final de Samurai Jack y sacando a aquel niño que se lo gozaba hace media vida con la serie de dibujos. Mentiría si no dijera que Tartakovsky y sus dibujos no me han influido en mi manera de percibir el arte, sobretodo en narración visual, convirtiéndose en un referente con el paso de los años. Siempre he vivido con la esperanza de que Jack volvería, que Aku siempre tendría algún chascarrillo que soltar y que los mares de aceite para robots seguirían inundando mi entretenimiento en un futuro. Ese futuro ya ha pasado y ahora sólo podemos rendir culto al gran héroe y disfrutar de esta gran obra, por fin terminada.

Gracias a la mente pensante, Genndy Tartakovsky, por habernos regalado tantos años de aventuras, acción y mensajes sobre la bondad del hombre. Pero sobre todo, gracias a aquel héroe desconocido que jamás reveló su auténtica identidad y que pese a ello, en el fondo de nuestro corazones, todos conocemos su verdadero nombre. Gracias Jack.

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Acerca de Joe Runner 23 Articles
Cuenta la leyenda que un zhéroe entró en una isla llena de cabezas cortadas...

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