Scalped

Scalped es una de esas historias eternas que te atan el alma con alambre de espino en cada página.

Por Javier Marquina.

Al principio, al darme cuenta de que Scalped se encaminaba de forma inexorable hacia su conclusión, pensé que quizás no había elegido el momento más adecuado para comenzar una crítica de esta serie de la línea Vértigo de DC, escrita por Jason Aaron y dibujada por R. M. Guerá.

Reconozco que hubiera sido más adecuado haber esperado a leer la serie completa, para poder hacer así una referencia integral a toda la obra, vista con la perspectiva que concede la inmejorable posición del que contempla una obra acabada con su presentación, nudo y desenlace, y sabe a qué atenerse sin sorpresas desagradables de última hora.

Pero me ha sido imposible. La urgencia ha sido más fuerte que yo. Como una de esas experiencias adolescentes de borracho de sábado, que te ardía en la boca del estómago hasta el lunes cuando volvías a ver a tus amigos en el instituto, y lo recordabas una y otra vez con el cristal borroso y creativo del alcohol. Tenía que escribir esto. Tenía que contarlo. Lo necesitaba.
Otro de los problemas que se me planteaban al empezar esta crítica era la forma de hablaros de una serie de la que acaba de salir en los Estados Unidos el último número de la colección, el 60. Y de hacerlo además sin destriparos ni un ápice de la trama, sin revelaros ni una sola de las sorpresas, de los giros argumentales, de los cliffhangers, de los puntos de inflexión que trufan esta historia de indios americanos condenados a vivir vidas de desierto, alcohol, drogas y tristeza. Como podía afrontar el reto de convenceros de que teníais que leer esta obra magna sin narraros apenas un gramo de su intenso tonelaje argumental. Acuciado por este drama de crítico torpe y novato, me senté con mis amados tomos de Scalped frente a mí, los miré con ojitos de amor pidiéndoles una respuesta, y me di cuenta de que no hacía falta contar nada, ni destrozar ninguna sorpresa, ni hablar de ninguna parte del argumento de forma específica, porque las grandes historias hablan de conceptos universales y atraen por sí mismas, con la fuerza magnética e imparable de lo magistral. Recordando una vieja frase que se usaba antes de que el porno convirtiera lo explícito en rutina, es mejor sugerir que mostrar.
Además, analizándolo fríamente, se podrá llegar rápido a la conclusión de que esto poco tiene que ver con una opinión objetiva, sino que más bien se corresponde con un grito, una llamada de urgencia para que todos aquellos que no habéis visitado nunca la reserva india de Prairie Rose, os hagáis cuanto antes con el primer número de esta serie y comencéis un viaje del que os aseguro no os arrepentiréis. Por lo tanto, creo no es necesario que la obra esté acabada. No necesito saber dónde acaba el camino, porque ya conozco el lugar por el que transitamos. Me arriesgaré a que el final no sea satisfactorio, a que el cierre no me de todo lo que deseo, a que el epílogo no me llene como cada uno de los 9 tomos que entre Planeta de Agostini y ECC Editores han ido publicando en España. Y apostaré sin pensarlo, porque una obra de estas características lo merece. Aunque al final me decepcione y tenga ese momento Predicador que detesto de todas las formas posibles que el hombre conoce de detestar. Aunque nunca llegue al soleado desierto en el que la espero. Voy a lanzarme a decir lo que pienso, porque sé que no voy a fallar, porque esta serie ya me ha dado mucho más de lo que nunca esperé que me diera.

 

Porque al final, Scalped es una de esas historias eternas que te atan el alma con alambre de espino en cada página, como un dolor de muelas sordo apenas molesto y en el que encuentras cierto placer cuando lo azuzas con la lengua. Una historia de hombres y mujeres dominados por las circunstancias, prisioneros de los hechos que desencadenan sus decisiones. Una historia donde no hay buenos ni malos, sino todo lo contrario. Donde cada uno de los actores intenta por todos los medios encontrar su camino hacia la redención, hacia el purgatorio que supone soportar los reproches de todos los que actuaron tan mal como tú e incluso a veces, mucho peor. Scalped es violencia cruda, real, sin adornos ni momentos poéticos, bestial como solo podía ser el acto de arrancar la cabellera a un hombre vivo. Muertes a hierro y fuego, lógicas, pero no por ello menos trágicas. Muertes inevitables y dolorosas. Muertes derivadas de una vida sin sentido, de la existencia en una enorme cárcel que al final delimita la reserva en la que condenaron a tu raza a apagarse. Scalped es sexo sucio y desesperado, sin amor, lleno de la necesidad de saber que quizás hoy no estás muerto, pero que seguramente mañana sí lo estarás. Sexo para compensar el vacío. Sexo para llenar la pérdida. Scalped es una caja secreta llena de cuentos, de personajes antológicos que derivan como un río por la historia, llenando las páginas con las miserias que les toca vivir. Personajes desgraciados, patéticos, aplastados. Personajes que tratan de levantarse en un mar de cieno que les cubre hasta los ojos y sólo les permite respirar desgracia.

Scalped también es R.M Guéra. Un dibujante serbio del que yo no tenía noticias y cuya primera impresión me recordó algo precipitadamente a Igor Kordey. He de confesar que eso produjo en mí al principio algo de rechazo, convencido de que ese dibujo extraño, de líneas diferentes, al final conseguiría que abandonara la serie. A veces en la vida es difícil estar más equivocado. Ahora no puedo imaginarme las caras de Dash Caballo Terco , Shunka, Lincoln y Carol Cuervo Rojo con otros trazos que no sean los de Guéra. No puedo imaginar sexo sucio o balazos en la cara sin sus juegos de luces y sombras, sin la maestría con la que nos regala en cada uno de sus números, sin el impacto directo a la boca del estómago con las que crea las sonrisas de sus personajes.

Una pequeña muestra del arte de Guéra.

 

Scalped es, al fin y al cabo, la obra con la que Jason Aaron va a ganarse un puesto en el Olimpo de creadores privilegiados, en el Valhalla de los héroes que con los guiones nos regalan una de eses obras imperecederas que todo ser humano debería leer antes de morir. Porque Aaron maneja como pocas veces he visto el espacio y el tiempo, los saltos, los giros, los vacios, lo silencios. Aaron conjuga en su coctelera desquiciada verbos que hablan de la tradición, el desamor, la violencia, del atavismo que nos liga a la tierra de forma imposible de explicar, que nos hace luchar y morir por ella sin comprender demasiado bien la razón por la que lo estamos haciendo. Aaron, iluminado por la varita de esa musa que sólo los grandes controlan, creando un mural de desesperación dolor y redención.

 

Y eso todo. Nada más y nada menos. Estas son mis razones para leer Scalped con pasión. Para atesorar cada uno de los tomos correspondientes a la edición española como un monumento a la altura de los grandes clásicos sobre los que fundamento mi amor por este arte. Para adorar intensamente esta obra que dignifica y eleva una vez más el género negro, espejo de las miserias que todos escondemos en el sótano de nuestro corazón, patrimonio universal de la creación humana.

Hay que visitar Prairie Rose. Sin excusa. Sin tardanza. Ahora mismo. Ni siquiera hace falta que acabéis de leer esto.

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Nací, crecí, vomité ácido blanco y lechoso sobre un donut y me lo comí.

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