SHADE: Dibujos que merecen la vida.

A veces lo mejor que se puede hacer con un cómic es mirar los dibujitos. A veces esa es la intención del guionista. Que los mires. A veces los dibujitos lo justifican todo. Hasta la vida.

Por Javier Marquina.

Amo a James Robinson. Odio a Shade.

Dualidades. Dicotomías. Pajas mentales. Lo llamaré X. Qué más da. De estos sinsentidos, de estas relaciones de amor/odio vivimos los hombres. Y de palíndromos. De recoger odio y devolver amor y amar para acabar odiando.

Que desteste a Shade tiene fácil explicación. Es la misma razón por la que adoré la encarnación de Starman creada por James Robinson: me encantan los personajes humanos, falibles y vulnerables. Los personajes que huelen a realidad. A vecino. A amigo con el que salir a echar unas cañas. Odio a los dioses omnipotentes y todopoderosos que cambian la forma de continentes con un mero eructo. Amo a Spiderman. Odio a Superman. Este es el motivo por el que Shade me parece un coñazo total como personaje, uno de esos secundarios que le caen en gracia a alguien por alguna razón en un extraño momento y medran a lo largo del tiempo, más incluso que la colección que les vio nacer. Y claro. Además a Shade lo escribe James Robinson. Y a él lo amo. Y en este tira y afloja tan edificante me hallo.

Javier Pulido es BIEN.

Hemos quedado en que Shade es todopoderoso y aburrido. Y ridículo. Sí. Es lo que hay. Si indumentaria victoriana le hace un flaco favor a su imagen. Además es arrogante, chulesco y engolado. Una joya, el hombre. O el ser. O lo que sea. Que nunca lo dejan claro. Si eso al menos sirviera para algo… Ah. Sí. Tiene poderes de oscuridad, algo así como ‘hagas lo que hagas estas jodido porque invoco a la noche y te la meto por el culo’. Hagas lo que hagas. Seas quien seas. Te derroto bostezando. Emoción máxima. Si al menos los 12 números que forman esta maxiserie tuvieran una historia interesante detrás, podríamos decir que merece la pena leerlos. Pero es que no hay nada entre bambalinas. Algunos diálogos brillantes. Algunas referencias molonas. Barcelona como escenario de uno de los tres arcos en los que se divide la serie y muy poquito más. Robinson mirándose las gónadas y gustándose mucho, por que a nadie se le escapa que Robinson es sólo un trasunto de Shade. Y ya. No resuelve mucho. No desvela casi nada. No avanza hacia ningún sitio. Tampoco es que sea una tragedia, o una de esas bazofias que hacen que desees que los autores mueran gritando y chirriando. No. Shade es un divertimento intrascendente que aporta algunsa pinceladas al rico universo de Starman, pero nada que nos deje con la boca abierta o vayamos a recordar dentro de una semana.

Por suerte para nosotros, en DC existen todavía cabezas que piensan, de esas que dejan que los autores impongan su criterio y hagan lo que deben hacer cuando deben hacerlo. Y en este caso, está claro que Robinson no quería contarnos nada, sino que lo que buscaba era trabajar con algunos de los mejores dibujantes del medio. Y le dieron carta blanca. Gracias a Dios.

Robinson estructura la serie en arcos de tres episodios ligados por una historia global entre los que intercalan números únicos sobre el pasado de Shade. Esto le permite trabajar con 6 dibujantes diferentes, entre los que destacan los tres elegidos para narrar los arcos largos y que son Cully Hamner, el español Javier Pulido (al que le regala una pequeña aventura en Barcelona) y, el que para mí destaca sobre todos, un Frazer Irving en permanente estado de gracia. Y es que los colores de Irving te saltan a la cara para cegarte y te hacen llorar de alegría, por muy estúpida que sea la historia que están contando. Sólo estos tres números y sus colores lisérgicos hacen que la compra de los dos tomos en los que ECC Ediciones ha editado esta serie merezcan la pena. Mas allá de que todos los demás artistas son números uno en lo suyo y convierten la parte gráfica de esta colección en la verdadera razón para comprarla. En una delicia visual de las que te hacen amar este medio.

¡Ay Frazer! ¡Cómo te queremos!

Además, creo que ya que nos ponemos a leer a Shade y volvemos a Opal City, ésta es una excusa más que suficiente para revisitar otra vez esa monumental obra que es el Starman de Robinson, uno de esos clásicos que deben estar en nuestra tumba cuando nos entierren con todas nuestras riquezas y sirvientes. Aunque salga Shade. Porque Shade es un personaje desagradable. Pero es que lo dibujan tan bien…

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Nací, crecí, vomité ácido blanco y lechoso sobre un donut y me lo comí.

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