SHANGRI-LA: El infierno prometido

La raza humana ha convertido La Tierra en un páramo inhabitable. Los supervivientes se han refugiado en una estación espacial en la que trabajan para una enorme corporación que los controla a base de espolear sus necesidades de consumo. Lo que parece perfecto e idílico es solo una fachada que esconde múltiples problemas: alienación, opresión, racismo y delirios de grandeza de unos científicos con complejo de Dios. Bienvenidos a Shangri-La*.

Por Javier Marquina.

Shangri-LaSiempre se ha dicho: no juzgues un cómic por su portada. Si lo haces, puede que pierdas la oportunidad de leer una obra maestra o, por el contrario, te compres un ñordo babilónico confundido por los brillos holográficos de una espectacular carátula que ofrece todo lo que luego no encuentras en el interior. Las apariencias engañan y debemos mantener la compostura para no dejarnos llevar por esos brillos que nos atraen con el magnético influjo que la bisutería resplandeciente ejerce sobre la urraca. Claro que toda regla tiene su excepción y, en ocasiones, dejarte llevar por la superficialidad estética de una magnífica ilustración que sirve como gancho nos lleva al descubrimiento de cosas interiores maravillosas. Maravillosas como Shangri-La.

Reconozco que gran parte de mi entusiasmo deriva de la satisfacción que te proporciona acertar. Apostar y ganar te rellena de endorfinas como a un pavo en Navidad, y no es de extrañar que el ser humano se convierta con pasmosa facilidad en un adicto al juego y al dinero. Ganar mola, y eso de que lo importante es participar lo inventaron los perdedores para consolarse. Arriesgarte y salir airoso produce una cascada de sensaciones sensacionales (y olé), y es difícil expresar con palabras el calorcito agradable que llena el estómago cuando te gastas 28 euros en un tebeo de impecable factura y al acabar de leerlo puedes decir sin ambages que el contenido es incluso mejor que el continente.

Shangri-La es una apasionante fábula de ciencia ficción en la que los temas más grandes que la vida se entrecruzan con naturalidad en una historia llena de contenido. Tomando como inspiración inicial el paraíso terrenal al que hace referencia el título de este álbum, Mathieu Bablet construye una sociedad en apariencia utópica que prospera indiferente a su exilio planetario. Nadie parece consciente del cataclismo que los ha condenado a vivir orbitando en una lata de sardinas en la que estos neohumanos se hacinan trabajando para una enorme compañía que ofrece seguridad y comodidad a cambio de obediencia suprema. Se trabaja para producir aquello que se compra en un círculo vicioso del que parece imposible salir, pero lo peor es que a nadie parece importarle vivir bajo este nuevo yugo de esclavitud mientras sigan siendo capaces de adquirir el último y hipertecnológico aparato vinculado a la tecnología móvil. Por supuesto, nada es lo que parece, y la fachada de ordenada perfección es solo otro tipo de cal con la que blanquear el sepulcro putrefacto de un sistema basado en el dinero. Todo es tan absurdo y tan real que es imposible no sentir un escalofrío al establecer paralelismos entre nuestro día a día y los megalómanos dirigentes tiránicos (o científicos) empecinados en convertirse en dioses. Es imposible no ver reflejadas a tantas minorías oprimidas en esa raza de animales convertidos en semihumanos para ser objeto de las iras racistas de unos ciudadanos necesitados de vías de escape para aliviar la presión de su trabajo.

Por sí solo, el guión de Shangri-La supondría un excelente ejemplo de pericia y talento para unir con diligente naturalidad una trama que mezcla conceptos cuánticos y sociales, y justifica sobradamente el desembolso económico al que obliga su disfrute. Pero es que hay más. Mucho más. Bablet demuestra que es un dibujante excepcional, imaginativo y consecuente, de los que se preocupan por la coherencia física y dinámica de lo que cuentan. Sus escenarios huelen a posibilidad, sus construcciones están llenas de una línea que recuerda al mejor Otomo, y toda la arquitectura alternativa sobre la que se edifica un nuevo modelo de ciudad parece realizable en el corto plazo dada la increíble precisión con la que está dibujada. Emocionantes y espectaculares, muchas de las páginas de este estupendo tebeo te dejan sin aliento. El vació espacial, la claustrofóbica agonía a la que te sometes para sobrevivir en un mundo en el que cada centímetro es vital, la rabia y la furia condensadas en la mueca de un ser vivo creado para ser humillado… nada parece dejado al azar en un cómic sorprendente que se ha convertido en uno de esos descubrimientos inesperados que te alegran el día, el mes y, muy probablemente aparecerá en tu lista personal de los mejores del año.

Y todo por una portada.

*Shangri-La ha sido editado en España por Dibbuks

Sigue a La Isla de las Cabezas Cortadas en Twitter y en Facebook.

 

Acerca de Javier Marquina 216 Articles
Nací, crecí, vomité ácido blanco y lechoso sobre un donut y me lo comí.

1 Trackbacks y Pingbacks

  1. ¿MOLA O NO MOLA? Vol. LXXV - La Isla de las Cabezas Cortadas

Leave a Reply

Tu dirección de correo no será publicada.


*