Sherlock Holmes y los Zombis de Camford, de Alberto López Aroca

Uno de los títulos por los que no mola que se hayan liberado los derechos de explotación de Sherlock Holmes.

Por Chema Mansilla

Sherlock-zombies1En un primer momento pensé que podría ser una buena idea. Es cierto que un libro más de zombies en este momento tampoco invita a pensar que estamos ante una gran obra. El mercado está saturado. SATURADO. Y evidentemente la mayoría de los títulos que se encuentran en las estanterías son deficientes. Pero meter a Holmes en este tipo de historias me pareció divertido. Así que la culpa es mía. Soy un gran fan del personaje, y tras los deliciosos y maravillosos libros de Rodolfo Martínez, quería más. Pensé que una vuelta más al mito de personaje, desde un punto de vista desenfadado, paranormal y con regustillo pulp, sería una lectura, por lo menos, entretenida.

Lejos, muy lejos, está este libro de los escritos por Martínez. Las comparaciones son odiosas, pero me da la sensación que ha sido el mismo autor quien ha buscado esa comparación, tratando de repetir la fórmula “Holmes + Homenaje pop +  misterio atípico”. Y es que en esta historia de Holmes se trata de repetir, como en los citados libros de Martínez, una trama en la que el mayor detective del mundo, cerca ya de su retiro, debe enfrentarse a un misterio, con tintes paranormales. La trama está sembrada aquí y allí de guiños a otra historias, novelas y personajes que refuerzan el tono “especial” del libro. Pero en este caso, el experimento es totalmente fallido.

En “Sherlock Holmes y los Zombis de Camford“, Holmes es lo de menos. Una caricatura del personaje, que en las primeras páginas se luce con una de sus apabullantes deducciones que y que poco a poco se va diluyendo, para convertirse en un mero secundario que simplemente hace avanzar la trama a golpe de tópico. Es cierto que Holmes no es ni el narrador, ni el protagonista directo, del libro, pero su aportación es tan tangencial, que su presencia me parece un pretexto para dar al libro un título con gancho. Holmes en este libro es prácticamente un secundario, uno de tantos personajes que figuran en la trama, a modo de Cameo y de guiño para el lector. Uno de tantos. Lejos de ser una serie de personajes atractivos y que engranan con la trama, quedan reducidos a una sucesión de apariciones arquetípicas en el momento programado para que, como en un videojuego, hagan avanzar la historia.

Y es que el elenco de misteriosos personajes, a los que alude López Aroca serán un grupo de desconocidos para la mayoría de lectores: Zarpa de Acero, Mytec, Ojo Mágico Kelly, Spider… Héroes de viñeta de los años 70 que (desgraciadamente) sólo malviven de la nostalgia de los lectores de la Era Vértice. A pesar de que bien desarrollados el homenaje podría haber sido un gesto cariñoso del autor para los lectores (y los citados personajes), la gran carga narrativa que soportan y lo torpe de su desarrollo lastran por completo el argumento. Sus apariciones se suceden una detrás de otra, sin ningún desarrollo o explicación de sus orígenes. Simplemente parecen, realizan alguna acción que solventa el problema de turno, y con una rimbombante frase, desaparecen, para regresar en algún otro momento repitiendo el esquema. Si tan queridos son estos personajes para el autor, tal vez debería haberles dedicado algo más de mimo y no haberlos metido con calzador en una historia llena de referencias alocadas.

Y es que la historia es una sucesión de parches en los que el autor ha ido metiendo todas aquellas ideas que se le ocurrían, sin meditar sin eso era bueno o no para lo que quería contar. Eso parece, al menos. Así Otis Mercer, narrador de la historia y sustituto de un Watson retirado, acompaña a un Holmes desdibujado y a una camarilla de secundarios planos y acartonados en un viaje en busca de respuestas sobre un caso de muertos vivientes (por lo menos, en esta ocasión nos ahorramos esa moda de los infectados). Que Holmes investigue y resuelva más bien poco es lo de menos, ya que el caso simplemente va añadiendo anécdotas hasta su resolución, evidente y previsible: acabar con los zombies. El misterio que encierran los primeros capítulos (los más pulidos) se resuelve en la primera mitad del libro. Así el interés (del lector y presumiblemente del autor) caen en picado en un encadenamiento de momentos álgidos que muy poco aportan al misterio.

Por lo demás, momentos escabrosos que no lo son tanto (ni la necrofilia ni el incesto escandalizan en absoluto cuando sus protagonistas son completamente indiferentes al lector) y cliffhangers que no emocionan a nadie (la misma indiferencia que en el caso anterior). “Sherlock Holmes y los Zombis de Camford“ es una lectura totalmente prescindible que enojará a los seguidores de Holmes y que aburrirá al resto.

Me pregunto si este libro habría visto la luz de no haber figurado la palabra “zombie” en la portada.

Sigue a Chema Mansilla en Twitter: @ChemaMansilla

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¡Oh, mírame, estoy haciendo feliz a mucha gente! ¡Qué bien! ¡Soy un hombre mágico! ¡Del pais feliz! ¡De la casa de gominolas de la calle de la piruleta!

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