SIBERIA: junta Gran Hermano con Lost y…

En la NBC saben aprovecharse de nuestras debilidades. Algunas veces lo hacen mejor que otras. Esta vez pinta, al menos, interesante.

Por Patri Tezanos

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La NBC no me simpatiza. Me parece un canal ciertamente chupóptero y que hace gala de la ley del mínimo esfuerzo y máximo beneficio en la mayoría de las series que produce. A veces pega gloriosas campanadas como con Community, pero por lo demás, siempre que me llega una novedad de este canal, casi por instinto, arrugo la nariz bajo mis gafas de pasta y empiezo a emitir pffffs, jesuses y otros respingos, básicamente porque no me suele gustar perder el tiempo.

No obstante es verano, hace calor, los chicos se enamoran, es la brisa y el sol… Y hay un gran vacío de series a causa de los parones, y como ánimas en pena navegamos las páginas de estrenos a ver qué es lo que cae. Nuestro tamiz tiene agujeros más gordos por el aplatanamiento general. Así pasa que nuestro filtro cuela con algarabía series como La Cúpula, que, como dijimos en este post, nos pone en los morros un primer capítulo muy potable, pero que ahora nos hace masticar y deglutir ciertas palabritas porque en el segundo capítulo empiezan las tonterías y las cosas de serie mediocre tirando a mala. Pero persistimos en nuestra penosa labor de encontrar una serie que satisfaga a nuestras mentes ávidas al menos hasta que vuelva Breaking Bad y el resto.

Volviendo a la NBC y a su manera de hacer series a la que yo denomino “sin quitarse los ruedines”, nos ha puesto delante un producto que se ha colado por uno de esos agujeros engordados del tamiz. El producto se llama Siberia. ¿Y cuáles son los ruedines que ha elegido esta vez el canal para corretear por las traqueteantes sendas de la parrilla televisiva veraniega? Pues dos especialmente estables y todoterreno, dos conceptos que han demostrado ser pegamento entre nuestros ojos y la televisión durante muchos años: los reality shows y los misterios al estilo Lost.

contestants

Le resultará difícil al espectador ver Siberia y no pensar directamente en Gran Hermano y Lost. Se trata de una serie que hace una especie de metatelevisión. Se supone que pone delante de nosotros un reality show ficticio en donde un grupo de gente debe sobrevivir en una isla (como ese otro reality show, Supervivientes, sí, ese, el de Paquirrín) valiéndose sólo de su habilidad para labrarse la existencia con escasos medios. El reality les obliga a cazar, pescar, buscar agua, lavar con sus propias manos y olvidar sus smartphones. Por supuesto, como todo buen reality show, también importan las relaciones personales que el individuo logre construir. El premio son 500.000$ que se repartirán entre todos los que queden dentro del concurso al final del periodo de supervivencia. El presentador recalca en diversas ocasiones que no hay ninguna regla ni divina ni humana que valga en esa isla, que todos están a la merced de todos y que deben arreglárselas como mejor sepan; y que si quieren salir del concurso sólo deben pulsar el botón rojo para que el helicóptero lo devuelva a su hogar, sin premio, claro. El problema es que durante el concurso empiezan a pasar cosas raras, y aquí es donde entra el ruedín Lost de esta bicicleta llamada Siberia. Rugidos en la espesura. Hojas que caen. Cámaras que de repente se rompen la crisma. Cobertizos abandonados. Además, estamos en Tunguska, región de Siberia que seguro que le suena a los amigos del misterio.

A pesar de que la serie (porque es una serie, no un reality show, aunque la frontera entre los reality y la ficción guionizada me parece que no existe o es muy difusa) se sirva de dos conceptos facilones que nos pegan a la pantalla como polillas a la luz, hay que concederles un halago por presentarla en un formato bastante original. Cuando vemos Siberia parece que en verdad estamos viendo un reality show. La estética ‘reality’ y las ‘actuaciones’ reality están muy conseguidas, y en verdad parece que estamos asistiendo a ese sueño que creo que todos tuvimos cuando supimos que iban a hacer una cosa llamada Supervivientes con toda la parada de los monstruos de Telecinco: “por favor, que empiece a morir gente, que les pase un Lost.”

¿Contras? Pues que no está Paquirrín, ni el Golosina, ni Paula Vázquez (o lo que queda de ella bajo toda esa cirugía). Tendremos que conformarnos con personajes que no destacan por nada en concreto, personajes bastante asépticos y poco “personajes” para lo que acostumbran este tipo de programas. Pero, tras ver el primer capítulo, yo le concedo más oportunidades. Sinceramente, me enganchó.

Utilizando la jerga de los reality shows, digamos que salvamos Siberia hasta la próxima gala.

Sigue a Patri Tezanos en Twitter: @PatriTezanos

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