SIDONIA NO KISHI: Knights of Sidonia.

Ataques de extraterrestres gigantes. Batallas espaciales por la supervivencia de la humanidad. Pilotando mechas. Póngame dos.

Por Teresa Domingo.


El manga escrito y dibujado por Tsutomu Nihei (Blame!) se ha estrenado el pasado mes de Abril y, en apenas dos capítulos (van cuatro emitidos y hay doce programados) se ha convertido en uno de los animes que más seguidores ha cosechado en tuiter (sí, como el compañero Marquina, escribo tuiter, tuitero y @tuiteresita). ¿La razón de esta avalancha? Por un lado, la impecable adaptación que está haciendo el director, Kobun Shizuno, y por otro, que a todos nos gustan las peleas de Kaijus y Mechas (y las tetas, aunque no sea mi caso específico) más que a un tonto un lápiz.

Hace 100 años unos alienígenas, con aspecto de garrapata gigante con múltiples tentáculos de una dimensón exagerada, conocidos como los Gauna, atacaron y asolaron la tierra. Una parte de la humanidad consiguió escapar de la tierra, abandonado el sistema solar, a bordo de unas naves espaciales de emigración masiva o “naves semillas”. Estas naves han sido creadas a partir de restos de la tierra y los humanos que han procreado en ellas han desarrollado su propia cultura. Han realizado grandes avances en ingeniería humana: lo habitual es convivir con clones, o con mutaciones animales, por ejemplo, un oso con un brazo biónico, que habla y viste un delantal y un gorrito blancos, y que es el ama de llaves de las habitaciones de la academia de pilotos, ese tipo de avances que da miedo que lleguen, pero queremos ver, y pronto.

Una de esas “naves semilla” es la Sidonia, con dos niveles de vida, el subsuelo y la superficie, que no mantienen contacto entre sí, viaja a la deriva por el espacio y se prepara por si los Gauna realizasen otro ataque. Para esta guerra los humanos han desarrollado unas grandes armas robóticas, unos mechas bautizados como Gardes (guardianes), pues son concientes de que si les pillase de nuevo desprevenidos significaría la extinción absoluta.

El protagonista, Nagate Tanikaze, es un joven, nacido en  el subsuelo que suele entrenar en un simulador Gardes abandonado. Sorprendido cuando sube a robar arroz, en una escena bastante cómica y destartalada, es llevado ante la capitana de la nave. Ella cree que Nagate posee el espíritu y las dotes aviadoras de un ancestro y le “obliga” a ser piloto de Gardes.

Tras una prueba en un simulador tipo 18, modelo más avanzado que en el que él se ha entrenado, se dan cuenta de que el único Gardes tipo 17 es Tsugumori, un mecha legendario, que se encuentra expuesto en la superficie por haber sido pilotado por un héroe de guerra, así que se lo entregan, despertando la envidia de algunos compañeros. En el primero vuelo de Nagake en el espacio exterior son atacados por el Gauna, hieren a uno, matan a otro y se prepara la zambra. Se acabaron los 100 años de paz. Que empiece la fiesta.

Sidonia no Kishi presume de un dibujo realista, de trazo fino y con muchos detalles en la mecánica y las pantallas holográficas. Se agradece. La animación quizá sea un poco lenta para lo que han querido exponer. Los vuelos de los Gardes son muy rápidos, con violentos cambios de dirección, como el ataque de los tentáculos del Gauna, que atacan por todas partes, pero aun así… “Shut up and take my Money”. Es divertidísmo y promete gore.

El opening representa y resume perfectamente el espíritu de la obra, hay que echarle un par y plantarle cara a la adversidad, porque es posible que no haya otra oportunidad para sobrevivir. Una marcha militar de aire derrotista que se transforma en un tema nightcore japonés que te introduce en el anime con el sentimiento patrio sidonio bien interiorizado. Os dejo con él.

 

Sigue a Teresa Domingo en Twitter: @Tuiteresita

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Si es creepy, es para mí.

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