SILENCIO, se rueda.

No es la mejor película de Scorsese. Ni la mejor actuación de Neeson . Ni siquiera el tema central me interesa lo más mínimo… pero dicen que dios hace milagros.

Por Teresa Domingo.

Vaya si los hace.

No es la primera vez que me refiero a Martin Scorsese como el dios del cine, así que, tal y como era de esperar, como cualquier fanático religioso que se precie, tengo fe ciega en el altísimo y no puedo menos que alabar la obra del creador. Sigo hablando de Scorsese, que nadie se me despiste ni crea que recomiendo esta peli por su contenido religioso. Sólo aclaro y confieso abiertamente, tal y como ya hice con El Lobo de Wall Street, que carezco totalmente de criterio cuando hablo del trabajo de este Señor. Lo adoro.

Es cierto que no es su mejor película ni por asomo, pero negar que su trabajo como director siempre resulta impecable, sería mentir. Todos los años de experiencia que ha cosechado filmando prácticamente de todo han hecho que sea capaz de maravillar hasta a una pecadora incrédula como yo durante dos horas y media de moralina religiosa con una banda sonora prácticamente inexistente, de la que me di cuenta de su irrelevancia ya de camino a casa del cine.

La historia comienza en 1638, cuando dos sacerdotes jesuitas son enviados a Japón a averiguar si son ciertos los rumores de que el último sacerdote que predicaba en tierras niponas ha apostatado para casarse con una japonesa, abrazando así la religión budista. Pongámonos en situación: En aquel entonces, tras la Rebelión de Shimabana, comenzó una persecución implacable contra el cristianismo en Japón, en la que se torturaba y asesinaba a todo aquel que no pisase o escupiese una imagen de Jesucristo o de la virgen, una losa con la imagen en relieve preparada para la ocasión, llamada fumie, renegando así de la religión occidental. Esta persecución dio origen a los Kakure Kirishitan, los cristianos ocultos, entre los que van a parar nuestros protagonistas.

Silencio se divide en dos grandes partes. En la primera acompañamos al padre Rodrigues (basado en la figura del padre Guisseppe Chiara) y al padre Garupe en su viaje a tierras lejanas para continuar la peligrosa labor de cristianización del país, mientras investigan la verdad sobre el desaparecido padre Ferreira (que existió en realidad) y los rumores de su apostasía. Durante esta huida los dos sacerdotes deciden separarse para poder predicar y buscar en más territorios.

En la segunda parte nos centramos en el padre Rodrigues, el paralelismo entre su martirio y el de Jesucristo, con su propio Judas y todo, personificado por Kichijiro, y su propio viaje interior, repleto de dudas ante un dios que sólo aporta SILENCIO como respuesta.  Asistimos a los delirios de un creyente, en plena crisis de fe, que busca la forma de redimirse ante la culpa que siente al ver que, él, que es un hombre de la iglesia, sería capaz de renegar de su dios para salvar su vida mientras que simples campesinos, de otra cultura y costumbres, mueren uno tras otro por aquel a quien él representa.

En Rodrigues podemos ver reflejado a uno de los personajes más recurrentes en las películas de Scorsese. No es la primera vez que vemos al protagonista “viendo la luz” y experimentando un giro en su trayectoria a raíz de un acto de gran violencia. Por poner un ejemplo, pero podemos hablar de un personaje así casi en cada película, el pepinazo en el culo que le ponen Sam Rothstein en Casino y lo que ocurre a partir de ahí. En el caso de Silencio no es POR la violencia, sino A TRAVÉS de ella. Los mártires usan el sufrimiento como instrumento para llegar a dios y gracias a él consiguen entrar en el paradíso, como lo llaman los Kirishtans y Scorsese no se ha cortado un pelo al contarnos las técnicas de los anazuri para conseguirlo.

Toda una ponenecia sobre el martirio cristiano, el perdón y la culpa (tres temas también muy recurrentes en la filmografía de Socrsese) que nos guían a través de la narración epistolar del padre Rodrigues mientras asistimos a una tremenda lección de historia nipona. Entiendo que no a todo el mundo le guste pero el saber no ocupa lugar y conocer parte de la inquisición japonesa, para los que tengan interés en la española, es cuanto menos gratificante. Igual de gratificante (y extraño) que sea el Inquisidor perpetrador de todo  este sufrimiento el personaje que oxigene la carga dramática de la trama y ponga la nota de humor entre tanto sermón eclesiástico y tortura japonesa.

Claro que tomar como base el denominado “logro supremo” de Shusaku Endo es, en parte una osadía que sólo un grande podría llevar a cabo con este resultado pero, en el fondo, es apostar por el caballo ganador. Con ella, Endo se alzó con el premio Tanizaki y se colocó entre los autores más influyentes del siglo XX, así que sólo había que rodearse del equipo adecuado para lograr llevarlo a la pantalla y, como Scorsese es dios, sus leales seguidores hicieron lo que dijo su Palabra para que la creación quedase perfecta. Increíbles los trabajos de documentación del equipo de vestuario y escenografía para recrear pueblos y estancias del Japón del siglo XVII, así como de los materiales que se usaban para las torturas que tan explícitamente describe Endo en su novela.

Llegamos aquí a la controversia de la película. Que sale sangre, y gente ardiendo, y a uno le cortan la cabeza con una katana. Pues sí, va de la inquisición japonesa, ¿qué queríais? Sale eso y mucho más.

Aunque Silencio no contiene esa dirección que presume de movimientos de cámara que hablan por sí solos, la narrativa cinematográfica es uno de los puntos fuertes de Scorsese. Ha sabido captar la esencia y la calma del cine asiático, que no duda en recrearse en la belleza de una imagen, y cuya cadencia recuerda irremediablemente a los clásicos salidos de las manos de Kenji Mizoguchi y Akira Kurosawa. Atentos al enorme crucifijo que crea con dos enormes (y eternos, claro) planos de transición.

Sea la película o la temática que sea, Martin Scorsese es capaz de crear imágenes tan potentes que algunos las llevamos impresas en la retina para siempre, y hacer de cada uno de sus trabajos un peliculón con el que debatir sobre Cine. Por eso es nuestro dios. Alabado sea.

Sigue a La Isla de las Cabezas Cortadas en Twitter y en Facebook.

Acerca de Teresa Domingo 147 Articles
Si es creepy, es para mí.

1 Trackbacks y Pingbacks

  1. ONIHEI. El James Bond samurái. - La Isla de las Cabezas Cortadas

Leave a Reply

Tu dirección de correo no será publicada.


*