Smells like teen Spirit

Cantidad de estudios y encuestas tratan de establecer en la actualidad hipotéticos escenarios, fieles reflejos de la sociedad en la que vivimos. Al grito de ¡sentimos! y con las viñetas por bandera, un buen puñado de autores, en buena medida chicas, están trazando en los últimos tiempos un atlas del sentir de los adolescentes y jóvenes adultos cuyas coordenadas comprenden experiencias vitales propias y asimiladas.

Por Cristina Hombrados

¿Quiénes somos? ¿De dónde venimos? ¿Cuál es nuestro propósito en este mundo? ¿Por qué razón deambulamos con nuestros pesares a cuestas? ¿Es tal nuestro sino? ¿Somos incapaces de salirnos del trazado que parece haber sido impuesto por alguna fuerza superior con algo de mala leche?

ADOLESCENTES

Darle vueltas a la cabeza parece ser condición inherente al ser humano. Bien es cierto que unos estamos más predispuestos que otros. A las cuestiones más insulsas se unen otras bastante más complejas. Algunas preguntas parece que solo se nos plantean a nosotros. Otras, sin embargo, circulan como si fueran de dominio público (paradójico que haya tantísimos individuos estrujándose el cerebro y que aún nadie les haya encontrado respuesta). ¿Y qué decir de las dudas? Suelen venir en el mismo pack.

La edad no solo parece dar solución a algunas de esas cuestiones tan candentes, sino que suele templar ánimos y brindar la tan ansiada perspectiva con la que aprender a vivir y a relativizar los dramas del día a día. Hay que reconocer que la adolescencia es la etapa en la que más preguntas y dudas pueden llegar a acumularse. Sí, de récord. Y si a eso le sumamos otras “patologías de manual” cómo sentimientos a flor de piel, amplificación de ésos a la enésima potencia o cambios en el cuerpo y en la forma de percibir el entorno, el resultado es bastante evidente. Todos hemos pasado por ello. Y quién más o quién menos, nos hemos sentido fuera de lugar, aislados, confusos, frustrados o incomprendidos en algún momento dado.

De corte autobiográfico, basados en experiencias más o menos cercanas o situaciones y personajes construidos a base de extrapolaciones y arquetipos, no resulta complicado tomar el pulso al sentir de este grupo de edad tomando como referencia los tebeos. Más allá de retratos más que simpáticos, aunque no exentos de las mil y una preocupaciones que  atenazan a la juventud que se adentra peligrosamente en la edad adulta, encontramos las geniales viñetas de Giant Days (Fandogamia). También tenemos las tópicas y típicas peripecias juveniles genuinamente americanas de Archie (con aire renovado, eso sí, obra y milagro de Mark Waid y Fiona Staples), ese pelirrojo oriundo de Riverdale y conocido a lo largo y ancho de los 51 estados. O la desenfrenada vitalidad que derrochan las jovencitas del campamento para jovencitas de Miss Quinzella Thiskwin Penniguigul Thistle Crumpet, abanderadas de la amistad. Todas ellas llenan el panorama tebeil de adolescentes cuyos testimonios, anhelos, miedos, sueños o complejos demandan nuestra atención.

No solo somos testigos del maltrato psicológico al que se ve sometida Meritxell Bosch en Yo, gorda (La Cúpula), sino que también presenciamos como tantos y tantos complejos y problemas mellan su entereza física y psicológica. Sí, allí también tomamos consciencia de lo crueles que pueden llegar a ser los cachorros de los seres humanos. Sentir que el mundo gira a un ritmo diferente, encontrar la tan ansiada complicidad y la tan buscada comprensión a la par que sentir el amor y descubrir el despertar del deseo sexual es lo que nos encontramos en las viñetas de Una hermana (Diábolo). Es fascinante como Bastian Vivès es capaz de transmitir tanto con unos justos y sencillos trazos y unas sombras. Con lo que nos damos de bruces en Aquel verano (La Cúpula) es con ese momento amargo en el que comenzamos a tomar conciencia del mundo de los entresijos del complicado mundo de los mayores. Es cuando comprendemos que hemos dejado de ser niños. Melancolía la que acentúan los tonos morados del tebeo de Mariko y Jillian Tamaki. Los protagonistas de Solanin (Norma) ya no son adolescentes. Jóvenes adultos hechos de ilusiones, sueños y aspiraciones, pero frágiles ante el mundo y sus sórdidos engranajes, que intentan encontrar cuál es su lugar el mundo, ésta es la complicada ecuación que propuso ya hace un tiempo Inio Asano. Que levante la mano quién no ha pensado alguna vez aquello de “qué he hecho yo para tener una familia como esta”. La familia supone un apoyo fundamental, aunque en la adolescencia nos empeñemos en creer lo contrario. Si no es suficiente con las paranoias propias, tener que sufrir las ajenas ya es el colmo, y si no que le pregunten a Mina, la protagonista de Freezer (La Cúpula). Pero lo que ella aún no sabe es que el amor que se profesa en una familia es incondicional. Otro ejemplo más que, por cierto, incluyo entre mis favoritos de 2017, es Piruetas. No somos conscientes de lo frágiles que somos. Ni siquiera cuando sabemos perfectamente que las cargas que vamos soportando en nuestro interior son demasiado pesadas. La presión del día a día, la autoimpuesta y no contar con un apoyo en un momento de tu vida en que atisbas tu definición sexual puede suponer la gota que colma un vaso que acaba desbordando. Impresionante la confesión de Tillie Walden.

Una Hermana, de Bastian Vivès

Se ha dicho mil veces que escribir es terapéutico. Compartir lo que sentimos, vomitar nuestras cuitas ayuda, sin duda alguna, a cercar nuestros demonios. Leer también es una terapia: descubrir, de pronto, que alguien siente lo mismo que tú supone todo un bálsamo para un alma castigada. Pero es que leer también supone arropar a otra persona.

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  1. ¿Mola o no mola? vol LXXXIII. Despedidas y confirmaciones. - La Isla de las Cabezas Cortadas

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