Snowpiercer (Rompenieves) : Último tren al distópico mundo de Oz

Un filme de ciencia ficción de los que tanta falta hacen últimamente, sin moralinas sociales, pero con reflexiones.

Por Chema Mansilla

Si cojes al tipo que protagoniza Capitán América, lo metes en un tren, echas una cucharadita de distopía bien entendida, un poco de especia Fritz Lang, y una chispita de cuento clásico te puede salir una película tan estupenda como Snowpiercer (que en España tiene el tan poco atractivo título de Rompenieves).
Joon-ho Bong (The Host) regaló a Chris Evans esta pequeña película de ciencia ficción que ha tardado casi un año en llegar (y de forma muy limitada) a nuestras pantallas. Y es que la ciencia ficción, en este país, si no se basa en una serie de libros juveniles o tiene la cara de Sandra Bullock en el cartel no se come “un cagao”. El caso es que Snowpiercer (me niego a llamarla “Rompenieves”, lo siento, es horrible) usa una estructura muy sencilla para hacer una peli entretenida, atractiva y con una reflexión (que no moralina) final. El planteamiento es el siguiente: un tren futurista de gran velocidad viaja alrededor de un planeta Tierra completamente enterrando bajo nieves perpetuas. En su interior los últimos humanos vivos: en los vagones de cola, la escoria social, en los vagones delanteros, la privilegiada clase alta. Básciamente, como en la vida real.

Curtis será el líder de una revolución social en busca de justicia. Si bien con esa premisa uno puede pensar que Snowpiercer se sube al carro de tantas producciones actuales buenrollistas que se quiere arrimar a los últimos movimientos sociales de protesta, seguramente estará en lo cierto. Pero también es cierto que lo hace de una manera bastante más digna que la mayoría. Curtis no quiere ser ni un líder no un revolucionario. Lo que quiere es no pasar hambre, frío y miedo. Y como él, el resto de pasajeros de los vagones de cola de este tren. Así que como ya dijo Frank Miller, “un hombre sin esperanza es un hombre sin miedo”, y Curtis y demás compañeros (algunos viejos conocidos como John Hurt o Jamie Bell, otros nuevos amigos como el mosquetero Luke Pasqualino) nos acompañarán en este viaje a ver al gran hombre tras el telón del poder, al más puro estilo Mago de Oz, que vive junto al motor.

 

El reflejo social de Snowpiercer es cautivador más allá de la estética visual, no sólo hace uso de algo tan sencillo como hacer de las fuerzas de “seguridad” un cuerpo de represión social (muy chulo y con hachas, que protagonizan uno de los grandes momentos de esta cinta), sino que también crea todo un sistema político y religioso basado en el tren que transporta los restos de la humanidad. Puro genio para un background para la historia que convierte esta sociedad imaginaria en algo real y ridícula, como la vida misma y que deja su marca especialmente en las diferencias entre niños ricos y la educación que reciben en la escuela, y los niños pobres y su destino en el vagón de cola. La reflexión de Snowpiercer está trufada de detalles que harán las delicias de fans de otras distopías como puedan ser las de Fallout, o de El Mundo Feliz de Huxley y su soma.

La guinda del pastel la ponen Tilda Swinton en un papel tan histriónico como memorable, y el tándem Kang-ho Song / Ah-sung Ko.

Sobre las sorpresas finales, y las reflexiones (insisto, que no moralinas, porque no hay nada de moral en el final de la película) que deja Snowpiercer, son un regalo para los amantes de la ciencia-ficción que van a encontrar en esta película un buen (y necesario) referente.

Sigue a Chema Mansilla en Twitter: @ChemaMansilla

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¡Oh, mírame, estoy haciendo feliz a mucha gente! ¡Qué bien! ¡Soy un hombre mágico! ¡Del pais feliz! ¡De la casa de gominolas de la calle de la piruleta!

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