Solstheim is different

Dragonborn es la gran expansión de la quinta entrega de Elder Scrolls, y nos traslada a Solstheim. ¿Merece la pena comprar un billete hacia esta Lanzarote de Skyrim? Una que ha estado allí te lo cuenta.

Por Ángela Tezanos

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Algunos fans dicen que Solstheim -la isla de ampliación que nos ofrece este fantástico nuevo DLC de Skyrim al más puro estilo ‘Shivering Isles’- está basada en la isla de Montserrat, una isla británica del caribe que también tiene un volcán. Para el planeta Nirn, es una isla de Morrowind. Nosotros decimos Lanzarote. En cualquier caso, es una isla de vacaciones. De vacaciones con respecto a Skyrim, claro está, porque un Sangre de Dragón nunca tiene un descanso, salvo cuando se lo propone de verdad. La superficie de esta isla está cubierta de ceniza en su parte meridional debido a un enorme volcán -la Montaña Roja- que podremos divisar en lontananza nada más llegar en barco.

Y ahí estamos nosotros en Roca del Cuervo por primera vez, observando a todo esos dunmer con cara rara y armaduras aparatosas, contemplando un panorama un tanto desolador. La ceniza lo cubre todo, y la piedra angular de su gastronomía es el boniato de ceniza. Pero no todo está quemado en Solstheim. Es más, a medida que vayamos descubriendo mapa veremos que tiene muchas similitudes con la tierra de los nórdicos, porque en su mayor parte está cubierta de hielo y nieve. Encontraremos tan solo tres pequeñas ciudades clave, la mayor de ellas Roca del Cuervo. Las otras dos son la aldea Skaal -habitada por los Skaal, una especie de esquimales cazadores monoteístas, a diferencia del resto de pueblos de Skyrim- y Tel Mithryn, un asentamiento de dunmers alquimistas que viven en setas gigantes, con puertas redondas al más puro estilo hobbit.

Pero aparte de estas tres ciudades hay dos nuevas grandes razas viviendo en Solstheim que no habíamos visto antes. Son los Rieklings y los Hombres Oso. Los primeros son una suerte de duendecillos azules que cubren sus vergüenzas con pieles y huesos de animales, y que les gusta domesticar jabalíes para utilizarlos como transporte. Los Hombres Osos son gentes de pantalones raídos y pecho descubierto que vagan por las tundras heladas de la isla y que se convierten en oso al estilo hombre lobo. “Eh digno de admirá”. Te dan un palizón al estilo gigante.

En cuanto a la misión principal, pronto observaréis comportamientos extraños en los habitantes de Roca del Cuervo. Por las noches salen todos juntos a “adorar al líder” y a construir un templo, sumidos en un sopor manejado secretamente por Miraak, otro Sangre de Dragón que pretende dominar Solstheim con los poderes que Hermaeus Mora, el príncipe daedra del destino -que de príncipe tiene poco, porque es un ojo con tentáculos alrededor- le ha concedido por ser su adalid. Nuestro objetivo es claro: mandarle al infierno del que provino y del que nunca debió salir. Tendremos que recorrer la isla en busca de libros negros, que nos irán absorbiendo cada vez que los hojeemos y nos llevarán a Apocrypha, la tierra de los libros y del conocimiento prohibido. Más vale hacerse con unas cuantas pociones antes de entrar: nunca antes una biblioteca fue tan peligrosa. Allí hay hojas de libro del tamaño de un dinosaurio que te atacan en forma de torbellino. Sin olvidar a los Buscadores, una especie de Primo Eso con tentáculos que flota y que te ataca desde varios frentes a la vez porque se duplica; y los Acechadores, al más puro estilo Alien.

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Os traigo amooor…

Sin olvidar que podremos montar sobre un dragón, aunque a mi parecer, los controles todavía están un poco como dios les dio a entender a los programadores. Puede que éste sea el gancho principal de la expansión, pero para mí lo es volver a Morrowind, que tiene un sabor especial.

¿Próxima parada? Yo voto por Elsweyr, la tierra de los gatitos.

Sigue a Ángela Tezanos en Twitter: @Geluchi

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