Sombras de Mordor: Montaraz’s Creed

Hay dos formas de adentrarse en Mordor: pasando penurias y malviviendo como Frodo y Sam, o a golpe de espada y cortando cabezas.

Por Chema Mansilla


Venga, lo digo lo primero, porque ya lo ha dicho todo el mundo y así ya me lo quito de encima: Esto es Assasin’s Creed en la Tierra Media. También es Assassin’s Creed sin su profundidad de guión ni la variedad de misiones. Básicamente consiste en ir paseando por Mordor matando muchos orcos. Y es que no se han roto demasiado la cabeza con este juego. ¡Pero antención, joven montaraz! Sombras de Mordor tiene más peligro de enganche que la hierba de los medianos. Y es que su simplicidad es perfecta para pasar ratos dispersos cortando cabezas y mutilando orcos. Perfecta para después de ver el telediaro.

La historia,o más bien, la excusa del juego, es la de un montaraz, todo un protector de Gondor, que se lanza de cabeza a una venganza contra los orcos que asesinaron a su familia. Él contra Mordor. De su lado, el espíritu de un elfo muerto que convive en su interior y no sé qué otra historia rara que le permite regresar, una y otra vez, de la muerte. De verdad es que la historia, ni se la han currado mucho ni falta que hace. Lo interesante del juego es ir paseando por por Mordor y a todo lo que se mueva, tratar de cortarle la cabeza.

El juego consiste en terminar con los cabecillas del ejército de Sauron. Para eso basta con pasar el tiempo suficiente en el juego como para evolucionar las habilidades del personaje y terminar con todos ellos. Más allá de la parte de exploración y combate, se ha creado un sistema llamado “Némesis” que promociona dentro de las filas del ejército enemigo a cualquier orco que te haga morder el polvo. Esto es, que el orco que te mate, aunque sea un simple machaca, ascenderá en importancia dentro de las filas enemiga y mejorará sus habilidades.

Y las filas del ejército de Sauron son como una cena de Nochebuena con una familia mal avenida. Luchas internas constantes irán reconfigurando la posición y habilidades de los distintos caudillos (que yo pensaba que eran señores bajitos con bigotillo y voz de pito, vestidos de militar, pero resulta que también pueden ser majos y carismáticos como los orcos) y te verás obligado a enfrentar, por un lado, a nuevos orcos con habilidades desconocidas, por el otro, a tiparracos que te han hundido en la miseria más de una vez y que cada vez resultará más difícil eliminar.

Técnicamente el juego no es ningún portento tecnológico, pero los gráficos de la nueva generación le hacen un gran favor. Si tengo que destacar algo de este juego, sin duda, es el motor aleatorio con el que se crean los orcos. Hay una gran variedad, y todos molan en su repulsiva y desagradable molonidad. Cicatrices, armaduras, texturas, complexiones… Un trabajo de diseño muy cuidado en este punto que me encanta. Realmente espectacular.
El punto más flojo, más allá de la historia y de lo repetitivo de la mecánica, es que los escenarios son poco variados. Sí, es un open-world, pero parece más pequeño de lo que realmente es ya que todo es prácticamente igual. Que sí, que Mordor es Mordor, pero… Bueno, que hay poco ver, la verdad. Como destino turístico no tiene nada que hacer, ni aunque regalen los chupitos o hagan lo de las mamadas… ¿Porque al final, te las haría un orco, no? El caso es que el juego, con su mecánica de aporrear botones tiene su encanto, y consigue que uno se pique. Partidas rápidas, tratar de acabar con uno o dos orcos destacado y a otra cosa…

Sombras de Mordor es divertido. Pero es uno de esos juegos con lo que piensas que si se lo hubieran currado un poco más, podría haber llegado a ser realmente chulo. Lo de siempre, las prisas y los presupuestos ajustados, imagino. Tampoco le habría venido mal algo más de originalidad, la verdad. Un juego perfecto para amantes de la Tierra Media y la violencia sin complicaciones.

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