SPIDEY. El enésimo retorno.

Spidey es un nuevo intento de Marvel por acercar a su personaje más emblemático a las juventudes de la era digital. El eterno debate sobre la necesidad periódica de crear primeros números para que los neófitos no se asusten ante históricos dígitos de tres cifras.

Por Javier Marquina.

“Público objetivo”. Como si eso existiera. Como si la expresión no delatara un cariz profundamente clasista que presupone una distinción por edad, sexo o ideología y, por tanto, una discriminación implícita. Es cierto que somos más sensibles a unos temas que a otros, y que nuestro primitivo cerebro se siente más confortable y seguro en zonas transitadas y firmes que lanzado a los peligros de algo que desconoce. Enfrentarse a aquello que siempre has asegurado odiar para descubrir que te gusta (o viceversa) tampoco es algo que resulte placentero para nadie. Es como reconocer la derrota en un campo de batalla que ya está lleno de buitres antes de que haya cadáveres. Aún así, justificar la calidad deficiente de un producto con este sistema de edades y clases no debería servir para ocultar las carencias evidentes del mismo. Quizá no me gusta porque me parece que está mal hecho. Quizá otro objeto de las mismas características, pensado para la misma franja generacional que aquel que detesto, me maraville a base de buen hacer.

SpideyA mí, por ejemplo, que las películas románticas me resultan estomagantes, pueden hacerme disfrutar con una historia de amor bien hecha, resuelta con coherencia y que no me trate como a un imbécil. Esta sencilla regla se aplica a cualquier cosa que pueda llegar a consumir en esta vida, desde cómics de superhéroes a platos de restaurantes de vanguardia. Es un método infalible para tenerme contento. Dame algo de calidad que me respete como cliente y a lo que yo pueda respetar como consumidor, y me llevaré a casa lo que haga falta. No importa que sea un serie de dibujos pensada para niños de 10 años o una comedia de acción que tenga lugar en un geriátrico para insectos. Si es bueno, me lo quedo.

De la misma manera, odio que alguien excuse un producto con el que me siento capaz de conectar con el salto cognitivo implícito en mi cada vez menos juvenil edad. Es verdad que necesito de un sobresfuerzo para identificarme con, por ejemplo, ciertas cosas surgidas a raíz de Youtube y el resto de redes sociales en el último lustro, pero el rechazo inicial que siempre sentimos hacia las cosas nuevas y el cambio pronto se ve superado si lo que me enseñas mola. Tan simple como eso.

Dicho esto, queda claro que, bajo esta premisa llena de tufillo y moralina, yo no soy  el “público objetivo”de una serie como Spidey. Llevo cientos de números de nuestro trepamuros favorito a las espaldas. Decenas y decenas de historias en las que se contaba una y mil veces los orígenes del héroe y luchaba una y otra vez contra icónicos villanos basados en el reino animal. Miles de páginas llenas de acción, problemas, telarañas y el mejor traje de elastano jamás diseñado. No necesitaba ningún tipo de reinicio, reboot o nuevo número uno con el que engancharme a las historias de uno de los clásicos indiscutibles del cómic. Ya había vivido una operación parecida con el Ultimate Spiderman de Bendis y Bagley y había salido satisfecho, aunque abandoné por puro agotamiento. Desde luego, para un veterano de La Casa de las Ideas, una nueva puesta a punto y actualización de una de las franquicias más famosas de Marvel no entraba dentro de mi rango de deseos. Y sin embargo, sin ser nada del otro mundo, me lo he pasado bien leyéndola. Me ha sacado más de una sonrisa cómplice y, a pesar de sus múltiples defectos, no ha despertado en mí ningún tipo de instinto depresivo, asesino o suicida. Sorpresa, sorpresa. A lo mejor este tipo de reinicios en busca de campos más verdes, a quienes hacen más gracia son a aquellos que llevan toda la vida mirando a los ojos a Peter Parker con sincera expresión de amor. Quizá la principal virtud de Spidey es su mayor defecto, al esforzarse por apelar a la nostalgia del fan viejo cuando lo que se quiere es captar la atención del más joven. Al final, va a resultar que sí soy “público objetivo” a pesar de todo. Hay que joderse.

Spidey
De Bradshaw…

Hay dos partes diferenciadas en el tomo publicado por Panini. Aunque el guionista Robbie Thompson logra conferir cierta unidad al conjunto, el dramático cambio de dibujante en el número 4 (100% Marvel HC. Spidey, publicado en España por Panini Cómics recoge las seis primeras entregas de la colección americana) hace que parezca que hablemos de dos series totalmente diferentes. Los primeros tres números llevan la firma de Nick Bradshaw que, con su estilo detallista y casi clónico al del maestro Arthur Adams, suelta el gancho irresistible para los viejunos como yo, atrapándolos sin remedio en una red de recuerdos que incluyen aquellos anuales de la Patrulla X que aquí salían como especiales estacionales y que a muchos nos cambiaron la vida. Recargado, detallista, dinámico… Como buena reencarnación de Adams, Bradshaw realiza una demostración de poderío característico de los 80 rediseñando personajes clásicos para la nueva era, pero sin deformarlos demasiado en el proceso. Tienen que parecer modernos pero sin traicionar lo canónico, y el trabajo se ajusta a la premisa punto por punto. Una vez nos han colocado el caramelito con el que entramos en la boca del lobo, los lápices caen en manos de André Lima Araujo, y el cambio que se produce no solo es trascendental, sino radical. Con un trazo situado en las antípodas de Bradshaw, Araujo nos brinda un Spidey más afín con las nuevas generaciones, practicando un dibujo más sencillo, claro, limpio y acorde con otros triunfos de la editorial relacionados con superhéroes adolescentes. El cambio es abrupto, desmesurado, y la verdad es que la diferencia brutal de estilos hace que el conjunto se resienta y, en más de una ocasión (y en más de dos, y de tres y de diez, y de cien…), hace que maldiga con amargura al editor que decidió cambiar de dibujante.

Spidey
… a Lima, y tiro porque me toca.

Como he dicho antes, los guiones de Thompson mantienen cierta unidad, con una propuesta de números unitarios y aventuras cerradas en las que nuestro Amistoso Vecino se enfrenta con un supervillano cada vez. El Buitre, Doctor Octopus, El Duende Verde, El Hombre de Arena, El Lagarto… todos están aquí, y aunque lo que se intenta es recuperar esa sensación de maravilla y aventura densa que desprendían los primeros números de la colección original, la evolución de la narrativa, de los propios dibujantes y del mundillo en general consiguen que todo parezca algo acelerado; una acción frenética y casi desesperada que, aunque no te da un respiro, tampoco profundiza demasiado. Bajo una consigna de renovación y acción se dispensa entretenimiento puro; cómics que no te hacen pensar pero consiguen que te olvides de los marrones del día a día.

Spidey es como reencontrarse con un viejo amigo después de una operación de estética. Está en plena crisis de los cuarenta y su pelo parece el gomoso remedo del peluquín incrustado de una muñeca Nancy. Folla con veinteañeras sin cerebro que solo le quieren por el tamaño de los caprichos que les compra y va a un gimnasio a provocarse un infarto cada día de la semana. Y, sin embargo, sigue siendo ese amigo del alma con el que te lo pasas tan bien. Ese con el que compartiste algunos de los mejores momentos de tu vida y al que siempre reservarás un rinconcito de tu corazón. Ese entrañable colega cuyos esfuerzos por parecer siempre joven a veces se convierten en ridículos fracasos, pero sigue siendo el tipo jodidamente divertido de tus juergas pijameras de antaño.

Sigue a La Isla de las Cabezas Cortadas en Twitter y en Facebook.

Acerca de Javier Marquina 192 Articles
Nací, crecí, vomité ácido blanco y lechoso sobre un donut y me lo comí.

1 Trackbacks y Pingbacks

  1. ¿MOLA O NO MOLA? Vol. LIV - La Isla de las Cabezas Cortadas

Leave a Reply

Tu dirección de correo no será publicada.


*