SPIROU: Siempre hay un botones donde más lo necesitas

Propuestas de lectura que no defraudan y que cumplen sus expectativas: autores y personajes a los que acudimos con la firme convicción de que nos van a brindar lo que esperamos de ellos. En mi caso, Spirou es siempre una apuesta segura.

Por Cristina Hombrados.

 

Mi pila de lecturas pendientes crece desmesuradamente. De hecho, debería utilizar el plural si quiero hablar con propiedad, porque por razones de estabilidad y de seguridad, esa imponente torre inicial ha quedado reducida a torres más bien discretas, que nunca darán la talla por sí solas para optar a un Guiness en cuanto a medida se refiere. La velocidad de las compras es considerablemente más alta que la de lectura. Los que también sufrís de esta patología me comprenderéis.

El caso es que existe otra pila. En ésta, los tebeos están en transición y sufren más movimiento que sus compañeros de las otras pilas. Claro, éstos han alcanzado otro estatus: sus viñetas ya han empezado a cobrar vida en mis manos. Traducido: que llevo varias lecturas a la vez porque me puede el ansia de comenzar a adentrarme en sus historias y no puedo esperar a terminar una para tomar otra. Sí, soy como la esas líneas de la famosa canción de Queen I want it all and I want it now. Y, claro, voy de flor en flor según el momento.

Digo que estos tebeos de la pila de lecturas en curso llevan más movimiento que los otros, porque los de las pilas de pendientes rara vez varían sus posiciones. No soy maniática hasta el punto de ordenarlos por criterio de apetencia de lectura, no. Tal cual los saco de la bolsa o del paquete pasan a ocupan sin rechistar su lugar en lo más alto, confiriéndose una capa más de sedimentación del noveno arte.

De vez en cuando, no obstante, algún tebeo emerge del sustrato. De acuerdo, lo reconozco, no lo hacen por voluntad propia, sino más bien por la mía. Y acabo devorándolos de una sentada sin que lleguen siquiera a pasar por esa otra pila de transición.

Sabéis que siento debilidad por Spirou. Un botones en Sniper Alley (Dibbuks), el tomo número 54 de la serie regular del botones más conocido del noveno arte llevaba unas semanas en las baldas de las librerías. Y también en mi posesión.

Polifacético, propenso a los enredos, rodeado de un elenco impresionante de secundarios, con escenarios de lo más variados, apto para todos los públicos, humor latente e inteligente aún en momentos donde el argumento alcanza cotas más alejadas de la distensión habitual, compromiso y denuncia subyacente en sus páginas y tramas más que atractivas, las aventuras de Spirou y los suyos me han fascinado desde siempre. Spirou es mucho más que que un simple entretenimiento. Son muchas las manos por las que ha ido pasando el botones del Moustique desde que en el 38 Rob-Vel lo creara. Todos, guionistas y dibujantes, han sabido comprender las implicaciones de este personaje y conjugar a la perfección los elementos que le confieren singularidad a la par que aportan ese toque personal que dota a sus aventuras y tramas de una frescura que lejos de estancarlo en una época, lo actualizan con cada nuevo álbum.

Tampoco escondo mi admiración por Vehlman. Quizá más conocido por sus guiones en la serie Solos, publicada en nuestro país por Dibbuks, a mí me dejó tocada y hundida con el Preciosa oscuridad (Spaceman Project) que firmaba junto a Kerascoët, un tebeo que no me canso de recomendar y que me parece una auténtica obra maestra.

Vehlmann lleva siendo pareja de Yoann (hablando de Spirou, claro) en la serie regular desde hace 5 tomos. La amenaza de los zorketes, “su primera vez”, me pareció uno de los tebeos más hilarantes que he leído. La serie regular no dota de tanta libertad a los artistas, habiéndose de ceñir al universo Spirou, de 80 años de antigüedad, con todo lo que ello supone: conocimiento de personajes y tramas anteriores y continuidad (que esto no es Marvel). Vehlmann y Yoann, no obstante se han adaptado estupendamente.

Y hasta aquí, podría decir que me ha quedado casi casi una declaración de amor a Spirou y Vehlmann (espero que Yoann no se lo tome a mal). Pero no, avancemos. La fascinación por ambos hizo que, llegado un momento y como ya os he relatado, me saltara el protocolo tácito de mis pilas de lectura.

Como bien habréis deducido por el título, Yoann y Vehlmann, los artífices de este Un botones en Sniper Alley, plantan de lleno a Spirou y sus inseparables Fantasio y Spip en una zona de conflicto. Las 48 páginas de este tebeo con el que he disfrutado como una enana dan para mucho. Estamos ante una de esas aventuras al más puro estilo Indiana Jones con trampas a sortear y tesoro para quienes consigan llegar vivos al final, con comité de expertos incluido asesorándolos en la distancia, un bien llamado areópago comandados por el Conde de Champignac y Martin. Retornan a sus páginas secundarios que van y vienen por los tomos de la serie regular y a los que nos alegramos de volver a ver, como si de viejos amigos se tratase, aunque se dediquen a complicarle la existencia a nuestro botones. En este caso, y entre otros, contamos con la presencia de uno de esos personajes tan carismáticos como Don Vito Cortizone, con su inseparable y sempiterna mala pata. Los libros y los tebeos tienen un protagonismo ciertamente relevante, no en vano la biblioteca de Alejandría es la causa y la desencadenante de todo el embrollo que se recoge en este álbum. Por otra parte y siguiendo este hilo, me parece fascinante la forma en que los autores insertan la celebración de una Feria del Libro en una región devastada o cómo dotan a la trama tintes de metacómic. No falta, por supuesto, ese toque de humor tan característico que se imprime en las historias del botones con la socarronería de Spip, la comicidad de las situaciones, la composición de los diálogos o el uso del lenguaje. Pero tampoco falta la denuncia social velada e implícita: las viñetas de este Un botones en Sniper Alley se enfocan claramente al sinsentido y las consecuencias de los conflictos armados y todos los aspectos que rodean al intervencionismo.

El final, a modo de huevo de Pascua, hace presagiar otra gran aventura. Pero eso será en el próximo tomo, ya publicado en Francia, por cierto.

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