STARLINGS: Mujeres que atrapan asesinos

Jonathan Demme nos ha dejado. Y probablemente todos los titulares que has leído al respecto vienen acompañados del título “El silencio de los Corderos” y eso no es ninguna casualidad. En 1991 El director de Nueva York dirigió una de las mejores películas de terror de la historia. La única ganadora de un Oscar hasta la fecha, y que incluía un reparto de infarto: Jodie Foster, Ted Levine, y Anthony Hopkins. Décadas después, su influencia continúa presente en el cine.

Por Andrés Paredes

Puede que mi plano favorito de toda la historia del cine policíaco y el thriller se encuentre en El silencio de los corderos. Tiene lugar tras los títulos de inicio, con una Clarice que viene de entrenarse por el bosque y se mete en un ascensor para acudir a la llamada de Crawford, su profesor y futuro jefe. Starling lleva puesto un chándal empapado en sudor y es bajita, tiene un cierto aire inocente. El resto de los ocupantes del ascensor son varones que hablan entre si, miran libretas, esperan. En el último segundo, antes de que las puertas del ascensor se cierren, Clarice mira hacia arriba. 

Es una tontería. Es terriblemente simple. Y sin embargo, ahí se encuentra el auténtico alma de la película. Mientras el resto de hombres miran a su alrededor y parecen grandes altos y fornidos, la futura agente del FBI mira hacia arriba, tiene ambición, ganas, potencial. Esto pasa desapercibido para la gran mayoría del resto de personajes. A lo largo de toda la narración, Starling se encontrará una y otra vez envuelta en situaciones en las que su profesionalidad y saber hacer se verán cuestionadas por el simple hecho de ser una mujer, ser joven y atractiva. Y sin embargo, sale victoriosa, una y otra vez. Los únicos hombres que la respetan son Crawford y Lecter, que creen en sus habilidades. Sin embargo, ambos la utilizan en beneficio propio. Uno para conseguir atrapar al asesino, el otro para escapar de la cárcel. Clarice sabe esto en todo momento. Y en cierto modo, le da igual.

Va a luchar por conseguir el respeto y la admiración que merece. Para muestra otro botón, la escena de la autopsia. Starling es en parte obligada a realizar la autopsia del cadáver de una de las víctimas de Buffalo Bill. Poco antes ha recuperado el recuerdo traumático del funeral de su padre, y ahora se ve enfrentada a una habitación llena de policías fornidos a los que tiene que echar para enfrentarse al cadáver hinchado de la joven. Y con bastante sangre fría y reprimiendo las arcadas, pasa la prueba. Toda la película está llena de detalles así, de una mujer que no se rinde, que lucha sin parar por conseguir su objetivo: cazar a un homicida.

Por supuesto, El silencio de los corderos no trata únicamente de Clarice y su lucha a brazo partido para salir adelante en un mundo de hombres. También incluye una descripción pormenorizada del asesino, su locura, sus orígenes y el absoluto pavor que provoca al espectador. Ted Levine entrega una actuación maravillosa, siempre a la sombra de Anthony Hopkins pero igual de grande y su personaje pasa a la memoria del espectador a caballo entre el terror, la fascinación y el morbo. Pero la auténtica protagonista es, en todo momento, Clarice. ¿Por qué? Porque su historia es interesante. Porque su lucha llega a todos los espectadores. Porque consigue abrirse paso a través de su tesón e insistencia y las trabas que le ponen todos los demás personajes. Porque, básicamente, nos encanta ver a la gente triunfar por encima de las adversidades, y nadie lo tiene más difícil que Starling.

El Silencio de los corderos fue, básicamente, un exitazo. Junto a Henry retrato de un asesino supuso la vuelta a las grandes pantallas de los psicópatas (esta vez extraordinariamente inteligentes) y de los agentes que los atrapaban. Sin embargo, el auténtico corazón de la película quedó bastante de lado debido a la impresionante actuación de Anthony Hopkins y Ted Levine (ah, la ironía). Tuvimos que esperar bastante tiempo para reencontrarnos con ejemplos de mujeres que luchaban con uñas y dientes no sólo para cazar asesinos, también para defender su puesto y un trato igualitario o, en algunos casos, simplemente sobrevivir.

20 años después de que la agente Starling ganase todos los méritos posibles por cazar a Buffalo Bill, la agente Sarah Linden recogerá su testigo. The Killing podría parecer una serie con asesino en serie más, pero no lo es. La caza del asesino de la joven Rosie Larsen tan sólo abarca las dos primeras temporadas, y de hecho la situación profesional, familiar y emocional de la detective es sólo una de las tres tramas que maneja la serie (unas veces con más acierto que otras) pero es a través de la impresionante actuación de Mireille Enos gracias a la cual podemos realmente ponernos en la piel de una mujer que trata de evitar que su universo se vaya al traste. Y he aquí una coincidencia importante: ¿Quien dirige dos capítulos de The Killing? Jonathan Demme. 

Quizá Sarah Linden no pase por el mismo infierno de miradas y acoso que atravesó en su día la agente Starling, pero ambas comparten un sentimiento mutuo: la necesidad imperiosa de hacer justicia por las víctimas. Todos los baches que atraviesa la investigadora, desde desconfiar de su compañero Holden (un increíble Joel Kinnaman), las zancadillas que recibe desde la campaña por la alcaldía de uno de los sospechosos o por parte de su propio jefe son para ella un vía crucis en los que tan sólo se tiene a sí misma para superarlos.

The Killing (más bien la herencia de Clarice Starling en The Killing) supuso el pistoletazo de salida para dramas policiales protagonizados por mujeres en los que éstas eran protagonistas absolutas en un mundo de hombres. Quizá una de las dos mejores sean Top of the Lake, creada y dirigida por Jane campion y Gerard Lee. La primera temporada sigue la historia de la agente Robin Griffin, interpretada por Elisabeth Moss que investiga el embarazo y mucho más que posible violación de la joven Tui de apenas 14 años. Griffin se viene a dar de bruces con un departamento de policía que no sólo la desprecia por ser mujer, si no también extranjera, que no tiene ni idea de como tratar a una pequeña víctima de violación, y lo que es peor: son terriblemente machistas sin saberlo.

Esto es probablemente lo que más fuerte puede llegar a chocar al espectador de la serie creada en 2013: ninguno de los hombres que aparecen en ella creen que lo que hacen (desde desprecio en el lugar de trabajo, a amenazar con armas de fuego, a traficar con mujeres) está mal. Simplemente es su mundo, y es así desde siempre. Y nadie debería cambiarlo. Top of the Lake no trata tan sólo de la investigación policial sobre la horrible violación de Tui, también trata sobre el pasado de la investigadora, su relación con su familia, y también sus dudas. Porque Robin Griffin está durante buena parte de la serie perdida, desconcentrada, sin explicarse qué debe hacer ni porqué. Y sin embargo, continúa adelante. Tras un parón de tres años, la serie volverá este verano. Pero a lo largo de estos tres años no hemos estado solos y desamparados sin nuestras Starlings. Hemos tenido The Fall.

Protagonizada por Gillian Anderson y Jamie Dornan, la serie de la BBC es un ejemplo más de lo bien que pueden llegar a realizar los ingleses una serie policíaca (y ejemplos hay a patadas, Happy Valley, Luther, Broadchurch). Sin embargo, The Fall es una serie fuera de lo normal. Gira en torno a la caza y captura por parte de la agente Stella Gibson del estrangulador de Belfast. Es un análisis pormenorizado de los métodos de investigación de la policía y al mismo tiempo de los métodos y motivaciones de un asesino despiadado. Es una serie sobre una mujer que tiene claro que todo lo que hace es lo correcto, cuya brújula moral roza la perfección, que es muy muy buena en su trabajo… y que no deja de ser cuestionada por ser mujer.

Sin embargo, el machismo en The Fall no aparece con tanta claridad como con la protagonista de Top of the Lake, pero si de una manera mucho más sutil y dolorosa. No se fijan en ella en las reuniones. Cada uno de los pasos que da es analizado con lupa por sus superiores. incluso cuando las cosas salen bien, sus acciones son cuestionadas. Y no sólo en el ámbito laboral, también en el social, en su vida privada. Stella Gibson tiene la grandísima y pesada carga sobre sus hombros de ser una mujer en un mundo de hombres que la odian y la desean al mismo tiempo, cosa que también se ve reflejada en las actividades criminales de su adversario (Jamie Dornan antes de cruzar el charco y convertirse en Mr. Grey). De todas las series de las que hemos hablado hasta ahora, puede que The Fall sea la más importante de todas. Cada uno de los capítulos es una lección magistral no sólo a nivel técnico, también de guión, historia y decencia humana.

Estas tres mujeres son sólo unos pocos ejemplos de un nuevo tipo de series que necesitamos. De las series importantes. Las que nos enseñan el mundo en el que vivimos, las que tienen protagonistas fuertes duras y que no se rinden. El tipo de series que debemos ver si queremos ser mejores.

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