SU MUERTE, GRACIAS

“La batalla no termina cuando eres publicado, sino leído”. Abel Amutxategui.

Por Teresa Domingo.

 

Y es que, en los tiempos que corren, publicar, lo que se dice publicar, publica cualquiera, no es que sea algo difícil, pero eso de escribir (bien) no lo hace todo el mundo. Estamos hartos de toparnos cada día con el libro del tuitero o del youtuber de turno, para, en la mayoría de los casos, no encontrar en ellos ni un ápice de criterio literario. Ahí radica la diferencia entre escribir y publicar, y lo que hace que lean y recomienden tu libro o no. Y Su muerte, gracias se puede recomendar sin miedo a quedar mal delante de cualquiera que disfrute del humor negro y no sufra ante las historias sobre el acoso inminente de la muerte. O, precisamente, los que más pánico le tengan deberían ser los primeros en acercarse a esta novela de humor negro, por aquello de que si ridiculizas tu miedo es más llevadero, como esa gente que se imagina a la audiencia desnuda cuando tienen que dar un discurso.

La historia ocurre en un presente distópico, en el que, el colmo del consumismo y del lema internacional “que lo haga otro” nos ha llevado a que lo más normal del mundo sea contratar los servicios de una empresa que facilite nuestro paso al otro mundo el día que queramos y de la forma que queramos. Todo gira en torno a Samuel, un vendedor de suicidios que trabaja para la empresa más potente del sector mortuorio, Hasting-Marchena Asociados. Con la encomiable cifra de cero clientes satisfechos a sus espaldas, este pobrecillo no sólo tiene que lidiar con un inminente despido de no conseguir una persona que quiera acabar con su vida, sino que tiene que pedirle a su jefe la mano de su preciada hija Virginia.  La otra causante de la trama de enredo y humor negro es Hortensia, una anciana con más mala leche que conocimientos sobre hierbas medicinales, toda una experta en hacer potingues y ungüentos con lo segundo que sólo quiere reunirse con su difunto marido. Y entre ambos, La Muerte, que tiene que volver a trabajar como antaño, aunque el Hombre se lo toma como unas Parcas Vacaciones, porque Belial, uno de sus más torpes esbirros, ha perdido a una persona que debería estar en el mundo de los muertos y, según parece, anda vagando por ahí más viva que nunca a punto de hacer colapsar el mundo.

Tres historias con sus propios protagonistas, y algunos secundarios para dar de comer aparte, que el autor va trenzando hasta desembocar en un final apoteósico que no te deja apartar los ojos de sus líneas.

La verdad es que cuesta arrancar un poco. Al principio, la elección de la estructura de los capítulos no favorece la concentración: el autor coloca  los títulos de cada uno de los subcapítulos escritos de corrido al principio de cada episodio, y en el momento de las presentaciones, mientras te vas introduciendo en la historia, un punto y aparte no resulta suficiente para separar los ambientes y no te queda muy claro en qué escenario estás. Pero esta particularidad termina aportando un puntito curioso y entretenido a la lectura que ayuda a mantener la atención. También es cierto que algunas notas “a pie de página” (a pie de libro debería decir, porque tienes que ir a un listado de apuntes, chascarrillos y algún spin off que se encuentra al final del libro) te sacan de la lectura, y, si bien las pequeñas historietas sí tienen espacio en este, llamémoslo capítulo extra de humor, para mi gusto algunos apuntes deberían ir entre comas o paréntesis en el propio texto y dejar fluir el relato de manera natural, aunque realmente el autor lo haya hecho para no ensuciarlo. Una, que es muy visceral. Mis disculpas, gracias. Son las únicas pegas que se le pueden poner. El relato es entretenido, diferente y le da una divertida vuelta de tuerca al tema de la muerte por decisión propia, tratando el tema del suicidio, siempre tabú, con toda la vehemencia y poca vergüenza que promete desde el título.

Abel Amutxategui ya tiene publicado un libro infantil en euskera, su lengua natal (por si el apellido no os lo había dejado claro), pero para su primera publicación en castellano ha elegido  llegar al público adulto con esta historia con posos de Terry Pratchet y los Monty Python a través de la editorial Libros.com. Además de estas claras y empáticas referencias, el autor confiesa que sacó su idea de otro libro, La tienda de los suicidas, de Jean Teulé, pues tras leerlo, sintió la necesidad de tratar el negocio de la venta de suicidios de forma jocosa y sin melodramas de por medio.

Para celebrar su debut en la novela negra, y por si alguno se quiere acercar a por un ejemplar firmado (recomendamos sólo el formato en papel, a no ser que queráis un garabato, con cariño eso sí, en vuestra tablet) o a pedir el teléfono de Hasting-Marchena Asociados y acabar con todo cuanto antes, el autor tiene fechadas dos presentaciones para este mes: una en Bilbao, el Miércoles 4 de Mayo (Librería Elkar) a la que ya no llegáis, y otra el viernes 13 de Mayo en Madrid (Librería Muga). Para más información abelamutxategui.com

Porque una vez te han publicado y leído, sabes que puedes ganar la guerra cuando, con convicción, te han recomendado.

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Acerca de Teresa Domingo 147 Articles
Si es creepy, es para mí.

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