(SUPER)HÉROES

Tengo que reconocer que soy un ávido lector de cómics que apenas compra cómics. Me prestan muchos, leo todos los que puedo, pero mi economía no me permite hacerme con todos los que querría. La única colección que tengo completa es Los siete soldados de la victoria, guionizada por Grant Morrison y con lápices y colores de múltiples artistas.

Por Andrés R. Paredes

La historia es bastante loca (como lo suelen ser todas las historias de Grant Morrison). Básicamente en un futuro cercano comenzará la gran Cosecha de los Sheeda, una raza alienigena que tiene mucho de hadas vienen a destruir a la humanidad. Tan sólo pueden detenerlos 7 soldados excepcionales, la maga Zatanna, el joven Klarion, el escapista Mr. Milagro, el monstruo de Frankenstein, una joven Caballero de la mesa cuadrada, un Guardián de un periódico y Bulleter, la mujer bala. Cada uno de los siete números nos da claves de la historia, Arañas gigantes, pócimas sagradas, Dioses y monstruos. Pero hay una frase que fue la que me hizo quedarme en la saga: Bulleter, una mujer a la que su marido convirtió en una bala andante (está recubierta por una capa metálica impenetrable y es prácticamente inmune a todo daño) comienza a colaborar con la policía. Cuando tienen que enfrentarse a un caso importante, le espetan “Espero que no sea usted uno de esos superhéroes post-modernos. Dígame que tiene un traje. Porque el acabado metálico está bien, pero necesito la autoridad de un disfraz ajustado y de colores vivos para que esto funcione”.

La viñeta en cuestión

Esto puede parecer una tontería, pero no lo es. En inglés no utilizan la palabra disfraz (disguise) para referirse a los trajes de los superhéroes. Utilizan la palabra Costume, que de acuerdo al diccionario de Oxford se refiere a “un conjunto de ropa en un estilo típico de un país en particular o período histórico”, o (y aquí viene lo interesante) “Un conjunto de ropa usada por un actor o intérprete para un papel particular”. Un Costume no es sólo un disfraz que protege la identidad del protagonista, es también un uniforme. Algo que lo distingue de los humanos, lo encaja dentro de una categoría especial y al mismo tiempo lo hace resaltar en ella. Un Costume eleva por encima de nosotros, meros mortales. los Superhéroes fueron durante mucho tiempo faros por los que los lectores nos guiamos. Por supuesto tenían su lado humano y erraban y a veces a propósito. Y lo hacían mal y caían en desgracia. Pero los Superhéroes eran algo maravilloso, único, resplandeciente y colorido. Y entonces llegó Brian Singer.

Los 7 soldados de la victoria aparecen en el año 2000, poco después se estrenaría X-Men, la primera entrega de la saga impulsada desde 20th Century Fox en la que los trajes brillaban por su ausencia. “¿De verdad lleváis esto en cada misión?” pregunta Logan, a lo que le responden “¿Qué preferías? ¿Spandex amarillo?”. Esta es una reflexión que ya había hecho en su día KaptainCristian en su canal, con un fantástico vídeo sobre la importancia de los trajes del equipo X. Pero fijémonos en cómo ha ido evolucionando todo desde entonces: en el ejemplo que he puesto antes, ni siquiera he tenido que escribir Lobezno. Cuando digo Logan, todos lo relacionamos con el héroe de las garras de adamantium. A pesar de que ni siquiera Logan sea su nombre real de acuerdo a los cómics, si no James Howlett. Tres identidades: Lobezno, la de cómic; James Howlett, el hombre real, la persona de a pie; Logan, el punto intermedio. Ni Dios ni hombre. Otra cosa. Por supuesto, esto viene de la mano del estreno de Logan este mismo año, película que derriba por completo absolutamente todos los tópicos, los trajes, las frases épicas y todo lo Super de los héroes. Y esto está muy bien porque Logan tiene más de Western que de película de superhéroes. Pero no es un caso aislado.

Uniformes Orwellianos me gusta llamarlos. ¿Cómo diferencias a cada Superhéroe?

El cine de superhéroes tiene miedo de decir incluso la palabra superhéroes. Pensemos en la primera entrega del MCU, impulsada por Warner. En ningún momento se pronuncia el nombre del personaje principal. No, en serio. Repasen por favor, Man of Steel, y se darán cuenta de que en ningún momento se llega a mencionar el nombre Superman. La única que está a punto de decirlo es Lois Lane durante su conversación con el hombre de acero y es interrumpida. El propio nombre Superman queda como algo demasiado ridículo como para incluso plantearse decirlo a lo largo del Film. Es una película sobre uno de los superhéroes más importantes de la historia y es como si les diesen vergüenza decir su nombre. De hecho, Clark Kent ni siquiera es Clark Kent hasta el final de la película. Por supuesto esto tiene sentido dentro del giro al personaje que Zayder pretende darle al personaje (y en general al MCU) y es perfectamente respetable. Pero continúa ese trend peligrosísimo de odiar los orígenes, el corazón de los personajes, y con ello, a los fans. Y nadie hace esto más que Marvel/Disney.

Luke Cage es una serie llena de fallos. Tiene buen ritmo y un gran villano hasta llegar a mitad de temporada, pero el mismo momento en el que desaparece Mahershala Ali del escenario, la serie mete el freno, se vuelve aburrida y agotadora. Y en parte se mofa de sus orígenes. Cuando en la historia de orígenes de Cage vemos como surge del agua y roba un sueter amarillo todavía con la diadema metálica y las pulseras que un científico utilizó para darle sus poderes, parece llevar una especie de cosplay del traje original del superhéroes. Cuando Cage contempla su reflejo en un cristal, suelta un “You look like a Fool” decepcionado. Así es como Cheo Hodari (showrunner de la producción de Netflix) se ríe de un traje que ha ido de la mano del personaje desde su creación. Así es como ridiculiza a su legión de fans. Así es como nos hace sentir estúpidos porque nos guste y respetemos algo. Por supuesto, esto encaja con la dinámica del héroe de color nacido en Harlem que lucha contra el tráfico de drogas, armas e influencias.

A la izquierda, como nos quieren hacer creer que quedaría, a la derecha como DEBERÍA quedar

Tres ejemplos de tres compañías diferentes que quieren sacar adelante historias de superhéroes pero que no se atreven a ser superhéroes. Todas tienen sus motivos, por supuesto. Los disfraces no encajan con el tono de la historia. Los apodos como Daredevil son simplones, así que lo dejamos en algo sensacionalista y acorde al universo como “The Devil of Hell’s Kitchen”. ¿Cuál es el objetivo principal de esta huida de lo super? Precisamente, acercar a estos semi dioses al plano humano. Convertir a Superman/Clark Kent en una persona antes que un personaje. A Luke Cage en un barbero cualquiera. A Logan en un hombre mayor. Bajar a los héroes de la categoría de súpers para que veamos con más claridad que podemos ser como ellos. Pero con este realismo estamos perdiendo algo. Algo importante.

Con la miel en los labios nos dejasteis

Y no hablo únicamente de que los personajes estén perdiendo su identidad original. Eso es lógico y en cierta medida, debe pasar. No tiene ningún sentido ver una y otra vez los mismos personajes tomando las mismas decisiones a lo largo de las mismas adaptaciones. Al sacrificar los trajes y los nombres, al perder lo que les convierte en súpers, perdemos una parte muy importante de lo que convierte el universo de los superhéroes (y hablo de Marvel y DC por igual) en algo especial. En que perdemos la oportunidad de tener trajes icónicos en pantalla. De permitir al diseño de vestuario explotar con diseños preciosos y complejos. No hemos podido ver a Hugh Jackman con el  traje amarillo en ninguna de las 10 adaptaciones a la pantalla. El traje de Superman ha sido oscurecido y apagado en las últimas entregas de Snyder. Tuvimos que esperar una temporada entera a que Daredevil se pusiera su traje, y para nuestra desgracia, parece más una armadura que un disfraz con el que atemorizar a sus enemigos. Cada vez que un personaje duda y cuestiona la validez de un superhéroe por cómo va vestido en cierta medida se está riendo de unos fans que alaban ese traje, que lo envidian, del que hacen cosplay y del que se alimenta su imaginación. Y hacer que los personajes dentro de las series pensasen que “un disfraz ajustado y de colores vivos” da una sensación de autoridad quizá sería el primer paso para crear un universo de superhéroes más divertido. Más amplio. Más colorido. Más superheroico.

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