SUPERMAN: POR EL MAÑANA. El final de una historia de amor.

Conmemorando el 75 aniversario del nacimiento del héroe y aprovechando el inminente estreno de la nueva película, Random House Mondadori a través de su línea DeBolsillo y ECC Ediciones reeditan la etapa de 12 números dibujada por Jim Lee y guionizada por Brian Azzarello. Un buen momento para recordar cómo fueron las cosas y como las recordamos.

Por Javier Marquina.

Visto en perspectiva, creo que fue el principio del fin.

Y es que hubo un tiempo en que Jim Lee era un dios. El máximo exponente de un modo de entender lo superhéroes que acabo llevando a la industria a una de las mayores crisis de su historia. Pero por aquel entonces poco importaba. Jim Lee era un dios y dibujaba como tal. Yo lo conocí en aquellos nebulosos y lejanos números de Alpha Flight en los que aun no era lo que iba a ser después y en los que fue evolucionando poco a poco hasta conseguir llegar al estrellato en Uncanny X-Men, cuando los mutantes dirigidos por un ya muy crepuscular Claremont, encabezaban las listas de todo aquello que nos hacía babear de emoción y lujuria. A mí es que me pilló en plena adolescencia, con las hormonas más calientes que un espeto. Y las tías que dibujaba Jim Lee eran, simplemente, LAS TÍAS. Ya sé que como criterio artístico, narrativo y de elevado valor comunicativo, lo de las tías no es demasiado contundente, pero X-Men número uno vendió ocho millones de copias, así que no creo que fuera el único que notaba alegría en los pantalones cada vez que veía una Pícara de Lee.

Dicen que lo demás es historia. Colocados en la cresta de una ola irreal y especulativa, los que por aquel entonces partían la pana en el mundo del cómic (McFarlane, Liefeld y compañía) dieron un puñetazo en la mesa y crearon su propia compañía, convencidos de que los guiones eran algo secundario y que lo que la gente quería eran posturitas, tías de tetas hipertrofiadas y dibujos a página completa molones. Así nació Image y la verdad es que no les fue mal, hasta que su propia indolencia, su irregularidad y las colecciones mediocres que no paraban de sacar confiando en la estupidez de nosotros, sus seguidores, hicieron el resto. Y todo se fue a la mierda. De forma literal. Si en aquel entonces nos hubieran dicho que esa misma Image publicaría años más tarde títulos como Los Muertos Vivientes, Los Proyectos Manhattan, Fatale o Prophet, habríamos enloquecido de puro absurdo conceptual.

ARF

No es que a gente como Lee el colapso del mercado les importara demasiado. Habían ganado tanto dinero y estaban tan por encima de cosas mortales como la necesidad y la hipoteca que todo lo que tuvieron que hacer fue dejarse llevar por la inercia y seguir haciendo exactamente lo que mejor sabían hacer. Dibujar tías. Dibujar posturitas. Petarlo. Además, Marvel y DC, ávidas por volver a vender aunque fuera un diez por ciento de lo que habían vendido en su día, aceptaron el regreso de los hijos pródigos con los brazos abiertos, convencidos de que cualquier tiempo pasado fue mejor. En Marvel el bochorno llamado Heroes Reborn que nos dejó imágenes para la historia como más tetas hipertrofiadas aunque esta vez sobre el pecho del Capitán América es uno de los fiascos mas sonoros que puedo recordar. Aquellos cómics era bazofia pura. Insoportables. Jim Lee seguía haciendo caras bonitas, pero guionizado por analfabetos, partelápices y machaca teclados aquello no había por donde cogerlo. Yo me lo compré todo. Ser un zombie es así. Me lleno de amor incondicional con apenas unas caricias. Y no fui el único. Como no podía ser de otra manera, aquella cochambre vendió. Y no vendió mal. Así que era cuestión de tiempo que DC hiciera una maniobra similar y le ofreciera a Lee dibujar la franquicia estrella de la compañía. Había nacido Batman: Silencio y una Catwoman que decoró muchas duchas de gimnasios frikis. En alguna realidad alternativa con gimnasios con frikis, claro. A pesar de que el guión lleno de fiebre cerebral severa escrito por el tullido orgánico de Jeph Loeb seguía la pauta eterna del “misterio-asesino misterioso-resolución sorprendente” que este guionista criminal siguió aplicando hasta la nausea después, el cómic volvió a ser un éxito. Sí. SÍ. VOLVÍ A COMPRARMELO TODO. No me miréis así. Es difícil dejar las drogas, ¿sabéis? Y claro, como no podía ser de otra manera, aquel cómic volvió a venderlo todo. Así no había manera de desengancharse. Lo siguiente fue la evolución lógica del proceso inexorable y eterno de sacarle los hígados a los idiotas que compramos de manera sistemática cómics. Os dejo adivinar. DC. Ya hemos hecho Batman. ¿Qué quieres hacer ahora Jim?

Y la respuesta, por supuesto, fue Superman.

Y aquel fue el principio del fin.

La cosa en realidad no pintaba mal. Contratar a Brian Azzarello para guionizar la historia parecía garantía suficiente para lograr un cómic interesante. Seguro que lo hacía mejor que el tarado de Loeb. De eso no tenía nadie la menor duda. Y Jim Lee era Jim Lee. Era supremo. Omnipotente. Infalible. Iba a ser el Superman más chulo de la historia.

Pero no.

La historia de amor que había vivido durante largos con Jim Lee llegó aquí a su fin. Nos enfriamos. Nos fuimos alejando hasta ocupar lados extremos de la cama. Podría decirse que fui yo, y no él. Porque él se mantuvo fiel a su estilo y siguió dibujando como Jim Lee. Siguió haciendo el cómic de Jim Lee de siempre. Y aquello fue lo que me mató. Carente de sorpresa, utilizando los mismos recursos de siempre. Haciendo siempre las mismas caras. La tías de Lee eran ya las mismas tías de siempre. Y su Superman… Había superhombre mucho mejores, hechos por gente con un talento real mucho más sólido que el de Lee. Se acabó la magia. Se nos rompió el amor. La confusa historia de Azzarello tampoco ayudó demasiado. Manejar a Superman siempre me ha parecido una tarea complicada, hercúlea, y el de Cleveland se perdió en disquisiciones morales y religiosas que pegaban tanto con el dibujo de Lee como Nick Cave cantando La Macarena. Durante 12 desarrollaron un cómic de redención y buenos propósitos que se quedo en algo plano, lleno de diseños horrendos y enemigos aburridos. En vez de ser un Superman que debía conseguirlo todo, este fue un Superman que se nos fue sin nada. Y aquel  “Por el mañana” se transformó en cucaracha y se alejó moviendo sus patitas dibujando un hasta nunca en el suelo del desamor.

Esta etapa de Superman quedó como un experimento, como una prueba. Como ese niño que tienes para arreglar las cosas y que acaba siendo el ataúd donde entierras la pasión. Le tienes cariño, pero en el fondo sabes que fue él el que lo acabo jodiendo todo y de forma inexorable acabas protagonizando un especial de “Hermano Mayor”.

“Adiós Jim”, pensé. Y todo lo que pasó después no dejó de darme la razón. Mirad sus números en la nueva Liga de la Justicia para comprobarlo. Es difícil no entenderme.

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Nací, crecí, vomité ácido blanco y lechoso sobre un donut y me lo comí.

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