SURFACE TENSION: Ecología extraterrestre.

Surface Tension es un cuento ecologista en el que los humanos somo meros pasajeros de una nave que no nos pertenece, viviendo una vida que nos ha sido prestada.

Por Javier Marquina.

Reconozco que tengo posiciones encontradas con la ecología. Soy consciente de que la vida es imposible sin un ecosistema y que el expolio continuo en forma de contaminación y explotación de los recursos naturales solo nos lleva al desastre. Esto es indiscutible y cada día el Telediario se llena con hechos que apoyan la argumentación de que el ser humano es un virus letal para la naturaleza tal y como la conocemos hoy en día. Si bien es cierto que La Tierra, como planeta, contemplará impasible nuestro ocaso y dará  paso a una nueva biodiversidad fundada en parámetros distintos a los que hoy son habituales, la atmósfera que sustenta nuestra existencia se ve continuamente comprometida por la acción invasora de la civilización, el desarrollo y el crecimiento exponencial de la especie.

SURFACE TENSION
Los gurús de la nueva vida huelen a pescado.

Ahora bien, reconozco que me resulta muy difícil comulgar con las posturas anarcoprimitivistas que abogan por una vuelta a los orígenes en forma de hogueras, recolección de bayas o frutos silvestres y volver a cubrir nuestros colgajos con taparrabos hechos con la piel de cualquier animal. Renunciar a las múltiples comodidades que me ofrece esta delirante sociedad de consumo se me hace muy cuesta arriba.  Soy una víctima confesa de lo material, lo cómodo y lo sencillo. Prescindir de mi ordenador, de mi conexión a Internet, de mi dentista, de mis fármacos, de mis muebles de IKEA, de mi agua caliente y de mi vida sedentaria y acomodada es algo que no me planteo. No me veo en la tesitura de tener que cazar lo que me voy a comer, ya que soy realista y asumo que moriré de hambre a las primeras de cambio. Soy más afín a esa legislación protocolaria que condena a los países en vías de desarrollo a aplicar una políticas de emisión de gases restrictivas que el primer mundo se ha pasado por el forro de la entrepierna durante décadas, mientras nosotros, ahogados de opulencia, colocamos un atomizador de agua en nuestros grifos suministrados por canalizaciones que pierden el 50% del agua que transportan por el trayecto. Es una sencilla forma de tranquilizar nuestras conciencias tecnificadas y bien alimentadas, para así dormir plácidamente sin el resquemor que cualquiera sentiría al condenar la vida de miles de millones al ostracismo.

En un mundo cuya población crece de manera exponencial, nuestros gestos de pijos saciados no hacen sino retratarnos como lo que somos: hipócritas de manifestación dominguera y soflama panoli envuelta de forma diligente en un refulgente mundo de coltán. Nuestro desarrollo mismo nos condena a un fin trágico que, sí tenemos suerte, afectará a nuestros nietos, dejándonos exentos de pagar la deuda de una fortuna dilapidada a base de gasoil, plástico y energías contaminantes.

¿Dónde encaja Surface Tensión en este drama?  El cómic de Jay Gunn es una fábula en la que una raza extraterrestre y microscópica, deudora de las paranoias creacionistas de gente como Von Däniken o Kolosimo, decide que ya es hora de mandarnos a la mierda. Estos hacendosos aliens, cansados de sufrir la inconsciencia de la especie que ellos mismos ayudaron a crear, deciden convertirse en el antibiótico que elimine al molesto humano de la faz de la tierra, inmolándose en el proceso. Muerto el 99% de los pestilentes y nocivos humanos, todo queda reducido a colonias aisladas en las que sobrevivir es una cuestión de voluntad y distancia prudencial con respecto al mar. El mundo se purga y nosotros volvemos a esa época precaria en la que todo dependía del número de mamuts que conseguías despeñar por el precipicio.

Gunn consigue crear un cómic apocalíptico sólido, luminoso y colorido, en el que el mensaje es tan diáfano como el agua sobre la que gira el grueso de la argumentación. Una extraña mezcla entre el optimismo y lo inevitable, dibujado con un trazo claro y nítido lleno de unos colores que destacan e iluminan la pureza de la línea. Juntando todos sus elementos, Surface Tension resulta ser un tebeo agradable con algunos momentos brillantes.

Sin imponer ningún  tipo de mensaje plúmbeo, divulgando a base de entretenimiento bien construido y aunque no engrosará ningún listado de clásicos modernos, esta es la típica obra que consumes con agrado, sin disgusto, y que terminas sin esa sensación de hastío o estafa del que paga 20 euros por un mojón envuelto en papel satinado. Su mensaje ecologista se aleja de los extremismos infumables de terroristas del verde con la escala de valores atrofiada, y pone en evidencia que nuestro destino destructivo es casi inevitable en las condiciones actuales. Mezclando las teorías maltusianas clásicas que avisan sobre la demografía insostenible, este tomo editado por Medusa Cómics es un buen ejemplo de corrección bien dibujada con las pretensiones justas. Lejos de evangelizar, el camino para la concienciación es mostrar los hechos evidentes y no imponer absurdos irracionales. La moralina es enemiga feroz de la conciencia razonada. La información objetiva es el único medio de establecer un patrón de conducta válido y coherente. Ya que hemos de elegir nuestro destino, al menos que nadie se queje de que no le avisaron antes.

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Acerca de Javier Marquina 191 Articles
Nací, crecí, vomité ácido blanco y lechoso sobre un donut y me lo comí.

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