Sylvester vs. Stallone: el cineasta frente al icono

Primero, una afirmación: Los mercenarios 2 sería mejor película si la hubiera dirigido Sylvester Stallone. Ahora, una aclaración: no es una afirmación irónica.

Por Juanma Ruiz

Stallone dirigiendo Los mercenarios

Puede que el mayor problema de Sylvester Stallone sea Sylvester Stallone. La “imagen de marca” que se ha creado a lo largo de más de tres décadas alrededor de su figura es bien conocida por todos: héroe de acción, protagonista de películas descerebradas, violencia a raudales, ideología más bien ramplona, simple y tirando a reaccionaria… todo a partir de dos pilares fundamentales de su carrera: Rocky y Rambo. Hasta ahí, terreno conocido. El problema está en que todo el mundo sabe quiénes son Rocky y Rambo; todo el mundo sabe tararear el tema que Bill Conti escribió para el boxeador o repetir alguna línea de diálogo del excombatiente de Vietnam… y, sin embargo, mucha de esa gente no ha visto las cintas que dieron origen a ambas sagas.


Por un lado, Rocky no es el héroe invencible e intachable que ha quedado en la memoria: la primera película de la serie habla de un perdedor, un boxeador de medio pelo escogido por el campeón para revalidar su título sin esfuerzo que, viéndose en tal situación, acaba por creerse que puede ganar. Stallone, guionista del film, lo retrata como un individuo de buen fondo pero pocas luces, cuyo entorno y origen humilde le impiden ver que no es más que un peón de los que están arriba. Ojo, porque Rocky es un personaje no muy listo escrito con mucha inteligencia, y en esa diferencia radica todo: el imaginario popular ha identificado al creador con su criatura, al púgil tonto con un actor tonto, a un Santiago Segura con su Torrente particular. Y, sin embargo, olvidar que Stallone es también el creador y guionista de una cinta por la que fue nominado al Oscar como actor y como guionista es olvidar que, en 1976, Sylvester Stallone era un cineasta capaz de crear un film de calado social, de intensidad dramática y muy alejado de la épica que acabaría impregnando al personaje con los años. Rockyera, y sigue siendo, un magnífico drama ensombrecido por sus continuaciones, en las que su creador fue enamorándose cada vez más del personaje hasta el punto de convertirlo en un superhombre.

Robert Rocky Balboa, un perdedor

Otro tanto puede decirse de John Rambo. Acorralado, su primera aparición en la pantalla grande, es, una vez más, una cinta dramática antes que una película de acción. Se trata del retrato descarnado de un excombatiente incapaz de integrarse en una sociedad que ya no lo quiere ni necesita. Un hombre con problemas mentales fruto de una guerra que no le importaba, y que reacciona violentamente porque ha perdido todo referente social. Su momento de sinceridad final, en el que admite que no encaja en el mundo al que ha regresado (que ni siquiera sirve para lavar coches, porque solo es capaz de desempeñar una tarea; matar), es un alegato contra la intervención estadounidense en Vietnam, una herida que los norteamericanos aún arrastrarían durante años. Una vez más, las continuaciones degradarían cada vez más la imagen de un film escrito con buen pulso y un trasfondo más interesante que pirotécnico.

La carrera de Stallone, bien es sabido, acabaría centrándose más en la interpretación que en el guión o la dirección. Y los papeles en los que recalaría una y otra vez vendrían siempre marcados por la imagen de Rambo y Rocky en la retina de los espectadores y los productores. Pero en los últimos años, el cineasta ha vuelto a demostrar su inteligencia en tres movimientos tan esperpénticos como eficientes: para empezar, devolver la vida a un Rocky crepuscular, que rescata la épica de lo cotidiano por encima de la de los grandes combates, en un film no solo bien escrito, sino rodado con gusto y clasicismo por Stallone, que parece olvidar, para bien, el ridículo de las más recientes entregas de la serie (¿o quizá siempre fue consciente de él, y se limitó a dar al público lo que pedía?). El modo en el que pone en escena la pelea final, manteniendo las cámaras tras las cuerdas y colocando al espectador en el lugar de un televidente, denota el cuidado que ha puesto en el apartado de la dirección.
John Rambo no está a la altura, es cierto, quizá porque el guión (o el personaje) no daba para más. Sin embargo, se puede apreciar una vez más el cuidado de los encuadres y de la fotografía… basta con ver la secuencia de presentación del personaje, dotada de una melancolía y una plasticidad que ya quisiera para sí todo el cine bélico de los noventa junto.
Y, por último, su reivindicación definitiva viene con la creación de Barney Ross, el líder de Los mercenarios. En esta ocasión, y tras redimir a los dos iconos que habían acabado por condenar su imagen, Stallone se dedica a reírse, no sin cariño, de aquellos pasos en falso. En las dos entregas de la serie, reúne a las viejas glorias de aquél subgénero que él mismo ayudó a crear, con un marcado tono autoparódico y de reunión de viejos amigos. Desde los chistes con(tra) las aspiraciones políticas de Schwarzenegger hasta las hiperbólicas gestas de sus “machos” protagonistas, Sylvester no deja títere con cabeza en un homenaje tan crítico como afectuoso a la acción noventera. Sin embargo, en Los mercenarios 2 abandona su lugar tras la cámara, para limitarse a escribir e interpretar, dejando paso a un poco inspirado Simon West, un director funcional y sin personalidad. Quizá Stallone acabó por creerse la idea tan extendida de que no es un cineasta. Lástima, porque es algo que nunca ha sido cierto. Yo también me sorprendí al descubrirlo.

Sigue a Juanma Ruiz en twitter: @JuanmaRuizP

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1 comentario en Sylvester vs. Stallone: el cineasta frente al icono

  1. Es una pena que mucha gente conozca al “icono”, por así decir, de Rambo y Rocky pero no las primeras películas en las que salieron (aunque Rambo venga de una novela bastante chula).

    Creo que Rocky está sobrevalorada pero si es una peli hecha con mucha dignidad cuya mayor virtud es el personaje y la forma que Stallone tiene de interpretarlo.
    En cambio creo que Acorralado es un peliculón, con un personaje que nos enseña que hasta los hombres más duros pueden venirse abajo y el resto de su saga es muy divertida y con una última parte que a la vez que intenta hacernos conscientes de una guerra muy olvidada por occidente es, para mí, la última gran película de acción, al menos de momento.

    Sin embargo estoy en desacuerdo con lo de que Los Mercenarios 2 sería mejor si estuviera dirigida por Stallone. La primera parte, dirigida por él, no tiene los encuadres que tiene John Rambo y en términos de autoparodia y cinematografía es inmensamente inferior a la segunda hasta el punto de que no me gustó nada, me resultó aburridísima, mientras que con la segunda me lo pasé genial incluso sin nunca haber sido especialmente aficionado al cine de sudor y cerveza.

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