¿Te acuerdas de aquel verano en el que todo el mundo quería ser entrenador Pokémon?

Todavía recuerdo cuando conseguí mi primer juego de Pokémon. Desayunar viendo la serie de dibujos. Ver las películas en el cine del pueblo. Cuando PokémonGo llegó, no iba a dejar pasar la oportunidad. Yo también he hecho el ganso cazando pokémons. ¿Por qué?

Por Javi Jiménez.

(El autor* ha hecho una pausa en la escritura de este artículo para hacerse una buena merienda a base de batido de colacao y tostadas con nocilla)

La nostalgia vende. Este es un  hecho indiscutible del que podréis convencer hasta el más escéptico. Basta solamente con mirar las películas y series que se han estrenado este verano y que lo han petado. Sin mucho esfuerzo me vienen a la cabeza Cazafantasmas, Stranger Things y Star Trek Beyond. La nostalgia vende y mucho más cuando estamos hablando del gigante Pokémon una franquicia que para la gente de mi generación (aunque podríamos distinguirlo ya como un fenómeno intergeneracional) , ahora jóvenes de entre 18-30 años, fue una parte importante de nuestra juventud. Porque Pokémon es mucho más que un juego o incluso un anime: Pokémon son las películas, el merchandise, los tazos, los bocatas de la merienda y las horas de vicio incansable en verano.

Amigo en una cacería pokémon asombrándose de la cantidad de zubats.
Amigo en una cacería pokémon asombrándose de la cantidad de zubats.

Pokémon es el recuerdo de tiempos más sencillos en los que lo flipabas con cada pequeño descubrimiento en tu comunidad de amigos. Esas pequeñas cosas: aprender que si pasabas por cable Link un Kadabra evolucionaba, descubrir que si hacías una lista de complicadísimos movimientos (que incluían sacrificios rituales en ciertas fases lunares) podías acabar en Ciudad Números y atrapar al mítico MissingNº (que te podía borrar el cartucho con todos tus preciados pokémons) o más tarde el truco de la clonación con el PC de Bill,  que cambió por completo el tremendísimo juego de Pokémon Oro y Plata (¡ah! aquellos míticos equipos formados exclusivamente por Mews al 100…).

Noto que estoy hablando como un abuelo nostálgico pero en esa época, internet no es lo que era, o nosotros no lo frecuentamos tanto y esa información llegaba, junto con muchas leyendas urbanas, con cuentagotas, y era auténticamente apasionante. Lo flipábamos descubriendo estos recovecos o enseñando nuestras capturas y lo potentes que teníamos a nuestro equipo pokémon. Era una auténtica aventura.

¿Consigue Pokémon Go esa misma sensación? ¿Ese volver a maravillarnos e ilusionarnos por unos seres digitales? En gran medida. Con las limitaciones propias de un juego de estas características, ha conseguido enganchar a las diferentes generaciones pokémon simplemente con introducir un poquito de fantasía en el mundo real. Así que cuando veo a la gente parada, lanzando pokéballs, o a un padre con sus hijos, quiénes descubrirán este universo por  primera vez,  salir a la caza buscando pokémon, no puedo evitar sonreír.

A Ash también le costaba aquello de capturar pokémon.
A Ash también le costaba aquello de capturar pokémon.

Sin embargo, no ha sido suficiente. Como la infancia, el verano ha acabado y con ello parece que la mayor parte de la fiebre Pokémon. Hemos vuelto a nuestras grises vidas de adultos que han consumido su período vacacional y en las que no tenemos tiempo de buscar un pikachu o de ni siquiera andar unos kilómetros para romper esos huevos (aunque esto último nos iría bien). Los usuarios han desaparecido de PokémonGo, solo dejando a los fans más entusiastas. Quizás desde Niantic no han sabido capitalizar por completo el inmenso brote de popularidad, quizás la aplicación todavía no estaba lo suficiente madura… Pero estos son temas que deben importar a otros tipos grises y trajeados. Lo importante para nosotros es que, por un breve período de tiempo, pudimos volver a disfrutar inocentemente de uno de los juegos de nuestra infancia: en una experiencia colectiva a escala masiva.

Peguémonos este gustazo nostálgico:

Incluso en este arrebato me dio por volver a mirar alguno de los viejos capítulos de aquella mítica primera temporada de la serie. Gracias a Netflix he descubierto que no me ha cansado al primer capítulo. De hecho, he llegado a ver casi una veintena pero el capítulo de la despedida de butterfly se me hace demasiado duro como para verlo. No es solo nostalgia,  la serie tiene virtudes propias: un gran sentido del humor y un buen ritmo narrativo. Por supuesto que es un poco cheesy en algunos momentos o que la estructura de los capítulos sea repetitiva (¡cuánta animación reutilizan!) pero me sigue haciendo gracia y emocionando. El poder de la amistad es lo que tiene.

Menos mal que esta ola ha pasado pero nos tienen bien pillados. ¿Qué será lo próximo? Porque tened por seguro que habrá más: Nadie va a dejar pasar la oportunidad de capitalizar nuestra infancia. Es el ciclo de la vida.

*El autor lamenta hablar de si mismo en tercera persona y promete no hacerlo para alejarse de los hechos que cuenta.

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Acerca de Javier Jimenez 185 Articles
Consumidor experto, reseñador amateur. Me gusta la música fuerte, la ciencia ficción, las series animadas y así os lo hago saber.

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