The Evil Within: sangre, sudor y clásicos

Ayer asistimos al hands-on de The Evil Within, la esperada llegada de Bethesda al género de terror que sale el 14 de Octubre para llenar de miedo estas navidades. ¿Qué fue lo que vimos?

Por Patri Tezanos

The Evil Within lo tiene todo para llamar la atención de los fans del survival horror más clásico: Shinji Mikami, el creador de LA SAGA más icónica del género, Resident Evil, está detrás del proyecto, y junto a él, Bethesda, el estudio que nos ha dejado más de un GRAN juego. ¿Podemos decir que se nota la presencia de Mikami y Bethesda? Respuesta corta: sí. Respuesta larga: léela a continuación.

Si tenemos que definir con pocas palabras la sensación que nos ha dejado probar The Evil Within es que supone un regreso a los juegos de miedo de esos que tu abuela miraría con sorpresa y desagrado cuando jugabas “de peque” en los 90 en el salón de casa con tu Playstation (la primera de todas). Esto es un arma de doble filo: por un lado, quizás resulte “demasiado clásico” a.k.a. “demasiado visto” para aquellos que no estén hechos al género o lo hayan jugado hasta hartarse y estén buscando nuevos títulos; por otro lado, quizás ese sea su principal atractivo, el retorno a aquellas primeras aventuras que hicieron gastar y gastar saliva y bilis a Josué Yrion y sus camaradas evangelistas y correr y correr ríos de tinta para hablar sobre cómo los videojuegos iban a convertir a toda una generación en personas que ni sienten ni padecen, acostumbrados a la violencia y deseosos de recrear sus propias aventuras con el rifle de papá y el cráneo de mamá y de nuestra hermanita pequeña.

¡Vuelve la “obsecsión”!

Tuvieran o no razón esos telepredicadores y artículos, The Evil Within va a hacerles desempolvar su kit de caza de brujas. ¿Por qué? Porque el juego es diabólico, violento y asqueroso, y de la forma que más gusta a los seguidores del género: gratuitamente. El juego es hemofílico y combina todos los ingredientes típicos: parajes oscuros, zombies, monstruos amorfos, un científico loco, puzzles, un plan macabro y soledad, mucha soledad, y muy pocas balas. Lo que te pide The Evil Within es que te escurras por los escenarios gastando lo mínimo y siendo lo más letal posible, combinando el sigilo al puro estilo Bethesda con escopetazos revientacráneos o cuchilladas fulminantes.

Gráficamente queda muy lejos de aquellos títulos noventeros en donde teníamos que creer más que ver que aquellos cubos eran zombies espeluznantes. Aunque la versión beta que probamos dejaba un poco (muy poco) que desear en este apartado (falta pulirlo), la luz, que es lo que más importa en este género, estaba completamente a tono, perfectamente ajustada en el nivel qué-hijos-de-puta; esto es, el nivel perfecto para no ver que hay un zombie a tus pies hasta que ya te ha atizado bien. Para esto también ayuda el apartado sonoro del juego: sin música, sólo gruñidos y pasos en la lejanía (o en la cercanía, según te pille) y el “chof-chof” de cuando de repente estás pisando una ingente cantidad de sangre derramada en un pasillo oscuro por vete tú a saber quién o qué.

¿Sangre? Nah, esto son mamandurrias.

The Evil Within es, pues, el retorno del survival horror (léase survival horror y no survaival jorror, que queda más carpetovetónico) en su esencia, un título que disfrutarán los que quieran abrirse a una saga que recupera los orígenes de Resident Evil pero trayéndolos al siglo XXI (precisamente cuando parece que esta saga ha perdido un poco el norte; muchos años a sus espaldas), con zombies más inteligentes, macabrismo en buena definición; pero un título que probablemente espantará a los que busquen originalidad y sangre fresca.

Sangre fresca desparramada por el suelo.

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