The Expanse. Hidalgos del espacio.

La mejor serie de ciencia-ficción de la temporada
Por Chema Mansilla

Son días gloriosos para la ciencia-ficción, aunque sea en sus formatos más pop y de space opera. No asaltan todo tipo de producciones interesantes, y entre ellas, destaca The Expanse, una serie del canal Sy-Fy con los responsables de Hijos de los Hombres detrás.
Aunque al principio no me atraía mucho más que otras series de reciente estreno como Killjoys o Dark Matter (que están bastante bien, por otro lado), la repercusión que los primeros episodios comenzaron a tener en la red (de redes) me hizo tomarme esta serie mucho más en serio y pillarla con ganas. Y ahora que estamos en el fin de su primera temporada, sirva este texto para engrosar la bola de nieve que se está formando alrededor de ella.

The Expanse nos lleva a un futuro no demasiado lejano de la humanidad en el que dos grandes potencias, la Tierra y Marte, en un eco de la pasada Guerra Fría, se reparten de mala gana los recursos del sistema solar en un precario equilibrio de poder que puede desatar un conflicto bélico sin precedentes. De por medio, y para hacer el papel de agente desestabilizador, tenemos una tercera fuerza de carácter político y social que representa los intereses de los colonos y trabajadores de los cinturones de asteroides, que se pelan el culo a trabajar picando roca en espacio en busca de materias primas y hielo, y el factor suerte. Un elemento aleatorio que lleva a la tripulación de un cargo cualquiera a tomar parte en un una cadena de sucesos que, claro está y en interés del público, agitará esta mezcla.

Además de la trama política, con cierto aire a peli de espías, tenemos una segunda trama relacionada con la principal en el que en el policía más desastrosos de las colonias investiga el caso de una joven desaparecida. Thomas Jane, el Punisher cinematográfico del que nadie se acuerda, es el principal nombre de este reparto, y hace del detestable detective con sombrero que a lo largo de la temporada irá ganado carisma e interés.

Tal vez sea el reparto, de nuevo acentuando el trabajo de Jane, lo que más echa para atrás en el primer episodio de la serie. Los personajes están acartonados, para qué negarlo, pero poco a poco empiezan a ganar cierto carisma, como si los actores, al enterarse que habría serie más allá del episodio piloto, comenzaran a relajarse y sentirse cómodos. Eso incluye, otra vez, a Jane, que en mi casa empezaba a ser conocido como “el tonto del sombrero del espacio” pero que poco a poco se va haciendo querer. Lo mismo pasa con la tripulación de la Rocinante (sí, el Quijote tiene cierto papel argumental a lo largo de la serie) y con la nave en sí, una trama que por sí misma ha dado para pelis, series y novelas y que aquí suman a la trama principal en apenas dos episodios.

La trama engancha  y avanza gracias a esos dos pedales argumentales, político y detectivesco, que mantienen a esta bici galáctica en marcha. Pero es la producción la que hace de esta serie algo realmente destacable. Las influencias y referencias están ahí, a simple vista, las dos más claras son Mass Effect y Blade Runner. Los ecos visuales son continuos y generalmente están bien traídos. Pero como pasó con la última versión de Battlestar Galactica de 2004, son los detalles los que asientan en el espectador toda la polvareda levantada por el argumento y la pirotecnia visual de la serie. Detalles como las diferencias fisiológicas, culturales, sociales y lingüísticas entre los terrestres, los colonos y los marcianos son brillantes. El funcionamiento de la tecnología aquí y allí, que es tan fantástica como plausible en unas pocas décadas. Estos elementos cotidianos, que salen aquí y allá en diálogos aparentemente intrascendentes, o que transcurren en un segundo plano, dotan de un gran realismo y una coherencia interna a la serie que la hacen destacar sobre el resto de series de este mismo género que se han estrenado este año. Cuando las fuerzas armadas de Marte aparecen en pantalla uno no piensa que son cuatro tipos vestidos con equipación de paintball y cuatro LEDS, piensan lo realmente bien equipadas que están esas  tropas y que Marte es una potencia bélica muy a tener en cuenta.

The Expanse mola. Tal vez no suponga el enganche adictivo y enfermizo de otras series como The Leftovers, pero llena ese hueco que dejó la Galactica en el espacio y que en algo más de cinco años ninguna otra serie del espacio ha conseguido llenar.

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¡Oh, mírame, estoy haciendo feliz a mucha gente! ¡Qué bien! ¡Soy un hombre mágico! ¡Del pais feliz! ¡De la casa de gominolas de la calle de la piruleta!

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