THE GREEN INFERNO. A merendar.

Tras varias, controvertidas, e incluso acaloradas conversaciones, he aquí mi opinión sobre la nueva película, que por fin ha llegado a nuestros cines, The Green Inferno (El Infierno Verde) de Eli Roth.

Por Teresa Domingo.

El rodaje y el estreno estuvieron envueltos en una polémica con la ONG Survival International, que lucha por los derechos de los indígenas que desean estar aislados. Acusaban a Roth de “corromper” a esta gente y alterar su conciencia del mundo exterior, a lo que el director les contestó, con toda la razón del mundo, que esto para ellos es una experiencia de la que hablarán durante años, pero que no tiene por qué perjudicarles. El verdadero infierno verde tiene forma de billete y son las constructoras las que realmente los amenzan. Y hasta aquí la parte reivindicativa. Vamos a lo que nos interesa.

Para disfrutar totalmente de esta película, y esto es algo que no me cansaré de defender hasta la saciedad, hay que entender tres cosas. Lo primero a tener en cuenta es que antes que director, Eli Roth fue espectador de cine de terror. Él, mejor que nadie, sabe lo que el público de este tipo de cine queremos ver y dónde está el límite de lo que estamos dispuestos a pasar por alto en pos de una película salvaje. Lo siguiente es que él mismo ha reconocido que Holocausto Caníbal es una de sus películas favoritas e influyentes, sólo hay que ver el título. The Green Inferno es el documental que están grabando los protagonistas del film de culto del ‘79, incluso era cómo se iba a titular la peli originalmente. Y por último, es que hay estar familiarizado con el gore (con el bueno y con el malo) para pillarle el punto a este bodrio con patas esto. O, al menos, estar abierto a entender el tono en el que está escrito y rodado.

Ella.

Por la típica tontería de que le gusta el líder de un grupo de universitarios activistas, Justine se une a ellos y se embarca en una aventura hippy hipster para salvar la selva peruana y a sus tribus de la devastación por la construcción de un gaseoducto. Total, que se encadenan a unos árboles, la milicia que vigila las obras está a punto de matarlos a todos pero sale todo bien y regresan en una avioneta, celebrando que han salvado el mundo. Hablando mal y pronto, para toda esta mierda pasa casi una hora de película. Hay que justificar que es una co-producción y hacer algo para los actores chilenos, pero tarda mucho en arrancar. Mucho. Mucho más. A ver si ahora… No, pero tú aguantas estoicamente porque el subgénero de terror es canibalismo, y en algún momento tiene que llegar. Volvemos a la avioneta, que tiene un accidente y se estrella en medio de la selva. Ahora sí que sí, los que sobreviven al accidente mejor si hubieran recibido una bala en la cabeza un rato antes. Han caído en manos de una tribu de caníbales indígenas.

A partir de aquí comienza una fiesta de casquería y escatología totalmente gratuita en la que tienes que poner un poco de tu parte para entender las motivaciones de cada actor (cáptese la ironía). Yo estaba totalmente decidida a disfrutar del talento de Eli Roth y a ver cómo se merendaban a unos pacifistas naturistas, así que reaccioné positivamente al banquete nativo-festivo que Roth diseñó para la ocasión. Admito que hay que permitir mucho hasta que esto ocurre, pero la espera ha terminado. Tripas, miembros y ojos explícitamente extraídos y degustados al natural, sin conservantes ni colorantes, pero también guisos y asados para compartir en comunidad, algunos tetrahidrocanabinolísticamente aderezados por una serie de catastróficas casualidades y desembocando en la fiesta de San Canuto más surrealista del mundo. Y empalamientos, claro.

¿Qué queréis de merendar? ¡TripasRicas nada más!

Lo mejor de todo es la propia tribu. Saber de antemano que es una tribu indígena real que no había visto (ni de lejos interpretado) una peli en su vida, que el tarado de Eli Roth les proyectó Holocausto Caníbal, que les encantó y que contaban con el beneplácito del director para asustar y lanzar serpientes a los actores cuando quisieran para que no terminasen de fiarse de ellos, es genial, te hace cogerles cariño y favorece el disfrute del ensañamiento con los naturistas pacifistas.

El reparto profesional, por llamarlo algo, ni fu ni fa, bueno, más fu que fa, pero aguantan el tipo con todo lo que el director les pide. Es lo bueno de rodar con tus amigos y tu novia (ahora ya mujer), que les puedes convencer para que Greg Nicottero y su equipo hagan con ellos lo que quieran. Tampoco esperéis un gore de alta calidad, aunque haya una pasta invertida en él. Es cutre. Y no creo que reconocerlo y decir que lo has hecho adrede sea una excusa porque te haya salido mal, como me han dicho varias veces. Eres Eli Roth (si queréis hablamos de Hostel) y tienes a Greg Nicottero y toda su experiencia cinematográfica trabajando para ti. ¿Cómo no van a saber hacerlo? ¿Que podría estar dirigida mejor? Pues sí. Pero hay que recordar que Eli Roth sigue rodando  como espectador y fan de una película previa; no es el mejor guionista, ni el mejor director, y, quizá, rodearse de las amistades que se rodea minimiza su trabajo hasta límites insospechados, pero él es feliz haciendo lo que le gusta y nosotros disfrutamos de esa felicidad. Entiendo que no todo el mundo pueda hacerlo, repito que hay que haber visto mucha (pero mucha) mierda para divertirte mientras salpi(caca) la sangre por doquier, pero a mí me tuvo entretenida y sin pestañear hasta el final.

Claro. Porque tiene un final. A todos nos gustaría seguir sabiendo la forma de ganarse el pan de los indígenas caníbales pero todo lo bueno se acaba, y el último giro no será del agrado de todo el mundo. Del mío no lo ha sido. O no lo entiendo. Que es una basura, vaya. (Para hablar de esto, el siguiente párrafo va precedido de un cartelito para que, si no la habéis visto, mejor no lo leáis).

A ver, que yo entiendo que quieras salvar a tu chica, y que quede como la más guapa y la más valiente. Pero, ¿qué es esa mierda de encandilar a un niño caníbal con una flautita? ¿Y lo de salvarla con un teléfono móvil sin batería en medio de un ataque entre grupos de milicianos? Venga vale, no la acribillan vilmente mientras corre para salvarse, que sería lo suyo en este tipo de cine, pero, cuando está declarando lo que les pasó al grupo de chicos, decir, de pronto, que la tribu ha sido muy maja y te ha tratado de puta madre ¿Hola? ¿Te has comido un trozo de chavala a la marihuana o qué? No tiene sentido. No tienes que volver, no tienes que verlos ni te van a encontrar en la puta vida. Anda y que los arrasen, que has visto cómo se comían a tus amigos y casi te viola media tribu… Para esto no tengo defensa, lo reconozco. Muy mal, Eli Roth, muy mal.

FIN DE LOS SPOILERS

En fin, que sí, que con todo y con eso a mí me ha gustado, y una vez superada toda la happy history del principio, el guateque resulta tremendamente entretenido. Esta es la típica peli que le pondría a alguien sin que supiera lo que está viendo y reírme de sus reacciones, pero que no le recomendaría jamás a mi suegra (si quiero que me siga invitando a comer algo normal los fines de semana).

Hoy más que nunca reivindico que para opinar hay que probar, y olvidando el desastre resolutivo, os animo a degustar el plato fuerte y sacarle todos los jugos gástricos que se merece. Ya sabéis: tripa vacía, corazón sin alegría.

 

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Acerca de Teresa Domingo 147 Articles
Si es creepy, es para mí.

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