The Newsroom: sabor a bilis

The Newsroom me parece un cuento de hadas del que no hay ninguna chicha que sacar
Por Patri Tezanos


Acabo de terminar el piloto de 1h 15min de The Newsroom. “¡Qué bien! Una nueva serie de HBO en torno al mundo del periodismo, seguro que es guay” pensaba a pesar de que hace un mes hubiese visto su tráiler (el descurso inicial de Will McAvoy) y se me presentase con cierto tufillo propagandístico, de mal aliento camuflado por una pastilla de menta. Ahora ya puedo negar mi razonamiento inicial. The Newsroom no me ha parecido nada guay.

Vamos por partes:

De entrada nos encontramos con Will McAvoy, un viejo dinosaurio de la imaginaria cadena ACN (cuyo logo, a modo de anécdota, presenta bastantes similitudes con el de HBO). Un señor con cara de perro, tan temido como admirado por su redacción compuesta por jovencitos que corretean de aquí para allá como comadrejas nerviosas, sin atreverse a mirarlo a los ojos y congratulándose  porque jamás el señor McAvoy se acuerda de sus nombres, estilo El Diablo se Viste de Prada y Anna Wintour: “jijiji dejémoslo, es un genio”. Poto. En esta hora y cuarto conocemos de él lo justo: que es un tipo bueno aplastado por el peso de la crueldad que supone trabajar bajo una línea editorial light que moleste al menor número de personas posible (bienvenido al NEGOCIO del periodismo, y no al SERVICIO del periodismo) y por ser una prostituta que se abre de patas de 8:00 a 9:00 para que su audiencia disfrute con las vistas; personaje con unos claroscuros, a mi parecer, infantiloides y fáciles. Como un Dr. House del periodismo. Un intento de protagonista carismático que para mí ha fracasado estrepitosamente.

Luego llega la coprotagonista: una periodista con mirada de pez que ha vivido los desastres de la guerra, de emociones a flor de piel y que viene para ser el soplo de aire fresco y el contrapunto romántico y quijotesco (y con ello encima se regodean durante todo el piloto) en la vida gris de McAvoy. Idealista en una medida imposible para su edad y como para que, tal y como están las cosas, la industria no la haya escupido bien lejos. En resumen, es más una princesita Disney que una persona.

Luego la redacción en su conjunto, como decía antes, esas comadrejas nerviosas, todos jóvenes promesas, idealistísimos, puestos hasta arriba de polvo de hadas. ¡Qué superhéroes son todos! ¡Qué ética tan limpia! ¡Qué camisas tan bien planchadas y qué dientes tan blancos! Mamá estaría orgullosa de todos vosotros, seáis quien seáis.

Toda esa “newsroom”, además de guapa, ocurrente y con capacidad de hablar a 897398479238 palabras por segundo, tiene una suerte atroz. ¿Dónde están los jefes, los que pagan? ¡Qué más da! Resulta que pueden operar con total libertad, sin rendir cuentas a nadie más que a su propia conciencia. Los jefes son tan adalides de la verdad real y no de la verdad mediática como ellos. ¿Y la información? WOW! Llega en el momento preciso, al móvil de alguien desde algún mágico lugar. ¿Y los obstáculos a la información? ¡No hay! Son capaces, con unas cuantas llamadas, de llegar en directo a hablar con distintas personalidades incluso de dentro de Halliburton, pasándose por el forro, no sé, supongo que tocando alguna flauta mágica, departamentos de relaciones públicas, departamentos de prensa, planes de comunicación de crisis e incluso los socorridos “no vamos a hacer declaraciones por el momento”. ¡Qué va! Allí está el responsable de Halliburton ante las cámaras con una angustia relampagueante, siendo azuzado por la invisible y repentina pistola del deber.

Toda esa realidad venida a menos está muy bien si, como en Fringe, tienes una historia potente en donde los personajes no deban ser nada ni nadie, sólo simples excusas que se hagan soportables y de querer y que nos lleven a través de diferentes escenas para que el argumento, que es lo importante, se desarrolle; en donde los problemas en el desempeño de la profesión y los problemas cotidianos no son interesantes. Pero en una serie cuyo 90% lo construyen los diálogos en torno a una profesión y cuyo fin es hacer un retrato de una profesión no puedes pasarte por el forro la realidad, porque entonces estás haciendo ficción cutre. ¿Dónde queda el atractivo de la serie pues? Si ni siquiera tiene humor bueno, sólo tropezones ridículos y chillidos.


En resumen, a menos que este piloto haya resultado un sueño de Will McAvoy y que su vida cotidiana se desarrolle en una redacción real, The Newsroom me parece un cuento de hadas del que no hay ninguna chicha que sacar. Para ver superhéroes prefiero empezar a leer cómics y así al menos no me siento escupida a la cara en una época en la que casualmente los medios de comunicación tienen su reputación por los suelos muy merecidamente.

Avisadme si el resto de la temporada es completamente diferente, por favor.

Y perdón por la bilis.

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Edito para dejar constancia de que, tras el piloto y escribir esta crítica, he intentado seguir viendo la serie de forma salteada. Intenté ver el segundo capítulo pero lo quité y me puse Futurama como antídoto. Acabo de ver el séptimo capítulo y me pareció una broma total. Me habéis comentado algunos por Twitter que la serie no pretende ser un retrato de la profesión de periodista sino una sátira. No tengo más que decir que para hacer una sátira hay que hacer entender que esa es tu pretensión, que lo primero y esencial, para evitar ser juzgado desde el error, es declarar tus intenciones dentro del producto, no hacerlo off the record, en entrevistas, y pretender que sea el público el que averigüe que todo este romancero gitano, redomadamente cursi, es en realidad una crítica. “Como es de Sorkin, tiene que haber algo más”. Eso es el famoso cuento del traje invisible del rey. Tampoco procede mezclar “la crítica” con una trama de relaciones sentimentales capaz de provocar diabetes y con personajes que rayan chapotean en la idiotez.

Quien quiera una crítica clara y divertida hacia la industria de la información que toda esta “obra” de Sorkin, le recomiendo cualquier referencia al mundo del periodismo en Los Simpson o la quinta temporada de The Wire.

3 comentarios en The Newsroom: sabor a bilis

  1. Comparto algunas cosas de las que dices, pero para el común de los mortales, que no conocemos la profesión periodística tan a fondo quizá los errores en cuanto al procedimiento no son tan flagrantes.

    Tengo que decir que para mi, esta serie ha sido el descubrimiento de la temporada y ahora buceo en la red buscando otros espectadores para conocer su opinión. Estoy de acuerdo en que todo el patriotismo americano que aparece en la serie a veces sobra un poco (no disminuye a lo largo de los capítulos sino que incluso aumenta) y se que es un tópico, pero es Sorkin, y si por algo se caracteriza es por el hecho de que sus personajes son los adalides del mundo libre llamado Estados Unidos.

    Me sorprende que digas lo de que no tiene problemas con sus jefes ya que es una de las principales tramas de la temporada, es decir, para mi la series es la lucha entre lo que ellos creen que es correcto y lo que los responsables de la cadena les intentan imponer.

    Reconozco que soy muy inocente y que Sorkin no hace otra cosa sino llevarte por donde el quiere, sugestionarte y presentarte un mundo que en realidad no es así, pero sentarme una hora a la semana delante del ordenador y que me vendan que el periodismo puede ser algo mejor que lo que vemos en la actualidad no me parece tan mala idea.

    Ya para terminar, los personajes, la relación Will-Mac es el motor de todas las tramas, no solo los amorosas, y si que es verdad que en ocasiones es un poco simple y plana. También es cierto que el personaje de Mac es totalmente irreal, parece que se tome un bote de Mimosin cuando se levante por las mañanas, pero ayuda a construir ese mundo de color rosa que nos presenta la serie.

    Ya siento el rollo que te he metido. Un placer leer críticas sobre la serie, aunque no las comparta del todo

  2. Un placer que te pases a comentar Lily, y de rollo nada, los blogs están para esto, para leer, comentar, debatir! Y no veas lo que se agradece leer comentarios como el tuyo.

    Reconozco abiertamente que la crítica es demasiado agria y que, como dices, me exaspera especialmente esta serie porque el periodismo es una profesión que me toca cerca. Es un retrato idealísimo del mundo de la información. Me encantaría de verdad poder disfrutar de ella aún a sabiendas de que es totalmente incierta la manera de operar de la ACN, pero en esta época en donde se está haciendo más patente que nunca la utilidad política y comercial de los medios (siempre ha sido así pero ahora nos enteramos de más cosas) y las trabas y las influencias que deben salvar a diario para surtir al ciudadano de ese llamado derecho a la información, me revuelve el estómago ver y saber que mucha gente (tú por suerte no pues reconoces que es un retrato idealizado) puede llegar a pensar que el periodismo es realmente así.

    Y luego, apartándonos del contenido, los personajes y sus relaciones me parecen facilones y que se beben botellas de mimosín a diario (me ha encantado esa expresión :P); que en general observo que The Newsroom no es un trabajo complejo que haya que aplaudir en exceso. Siento como si me diesen a leer un trabajo de un niño de primaria cuando hay montones de tesis interesantísimas que leer en vez de eso.

    No obstante me parece un producto totalmente válido para desconectar de este “A brave new world” si eso es estrictamente lo que se desea.

    Un placer leerte Lily!

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