THE POWER OF LOVE

El inmenso poder del amor radica en su dualidad amor-dolor.

Lo cotidiano se sublima ante el efecto del amor. Pero es innegable la huella que produce el desamor. Quien más y quien menos, cuenta con alguna cicatriz que, con suerte, ha dejado de doler. Lo que nos hace constatar la extraordinaria fuerza de este sentimiento.

Por Cristina Hombrados

El ying y el yang. El blanco y el negro. La noche y el día. La vida y la muerte. Ser creyente o ateo. Los antagonismos se integran en nuestro entorno. La sola existencia de uno de los conceptos de ese binomio justifica por sí y hace necesaria la existencia del otro.

El amor también tiene su contrario sí, que a priori, identificamos con el odio. Pero me atrevería a decir que otro sentimiento encaja mejor al otro extremo: el dolor.

Porque ese dulce sentir que produce el enamoramiento viene acompañado irremediablemente de un intenso dolor. El amor nos hace vulnerables en el durante y en el después, exponiéndonos ante la otra persona y ante el resto del universo con todas nuestras miserias y debilidades, dejándonos completamente indefensos. Exige confianza y generosidad. El hecho de amar nos transmuta en sufridores en potencia.

¿Es que acaso no duele saber cómo la persona con la que hemos compartido vida y rutina rehace su vida como si nada hubiera pasado? ¿O es que no implica dolor saber que lo que tú consideras amor, para el otro no es más que un puntual y poco oportuno calentón? Claro que tomar conciencia de que solo es sexo cuando se busca algo más que un simple contacto físico lo implica. ¿Y qué decís del miedo a enamorarse de alguien que sabes perfectamente que nunca llegará a sentir lo mismo que tú? Amar en silencio, conformándose y autoconvenciéndose de que buscamos la felicidad del ser amado aunque sea en brazos de otro. O las dudas que puede llegar a generar el ser segundo plato: ¿llega finalmente mi momento o se trata simplemente de un desquite? Y no solo eso, también como ese puro sentimiento muta en decepción o acaba alejándose mecido por la implacable rutina, casi sin darnos cuenta hasta que es demasiado tarde. Resulta insoportable descubrir que no era más que un espejismo aquello que tu identificabas en sus ojos como amor. Al sondear más profundamente en su interior, acabas percatándote de que era algo sí como simple cariño o, en el peor de los casos, lástima. La tentación es un arma de doble filo. Puede resultar tentador sucumbir ante la apetecible promesa del placer. Nos invita a pecar por obra y omisión mientras nos vendamos los ojos, induciéndonos en el autoengaño. No obstante, las inevitables consecuencias desembocan en un más que desde el inicio previsible dolor para el otro. Y quizá con el tiempo, también para nosotros. Pero aún hay más: la perversión del amor a manos del dinero. O los celos. Ese monstruo que espera agazapado en una vigilia permanente en el interior de muchos que se creen enamorados pero que realmente ansían la sumisión y la posesión.

 

La autora nipona Kiriko Nananan ha elaborado todo un catálogo que desmitifica el lado más rosa y feliz de ese intenso sentimiento. El amor duele, se titula. Y no puede ser más descriptivo. En 23 breves historias se recogen todas esas circunstancias. Y alguna más. Porque si de algo nos convencemos al acabar la lectura de este manga que Ponent Mon editó allá por 2009, es que el amor es prolífico a la hora de producir dolor.

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