The Punisher: La violencia SI es la solución.

Marvel's The Punisher

Habían muchas esperanzas puestas en la nueva serie de Marvel para Netflix. Después del fracaso de crítica y público de la segunda mitad de temporada de Daredevil (reconozcámoslo, la primera y la segunda temporada son serie completamente diferentes), Iron Fist y Defenders (¿Alguien recuerda algo de Defenders? ¿Lo que sea? Creo que ocurrían cosas pero en realidad no) la última serie salida de la casa de las ideas había creado una gran expectación. ¿Los resultados? En opinión de un servidor, Marvel/Netflix han recuperado el Mojo.  

Por Andrés R. Paredes.

Empezaré diciendo que conozco más bien poco del personaje en el que se apoya esta adaptación. Lo poco que recuerdo de la serie de Amazing Spiderman y una breve Backstory son mi guía, además de lo poco que recuerdo de la segunda temporada de Daredevil. Pero eso poco importa. A la serie le lleva más bien poco en ponernos al día en una historia más simple que un pié y en colocar todas las piezas alrededor de un Castle que, como siempre, no busca ni verdad, ni justicia. Sólo Punishear todo lo Punisheable. Pero lo que podría ser una serie con set Pieces fáciles y tiroteos estúpidos, se ha convertido en un viaje más que agradable.

Lo básico: En Marvel se han dado cuenta de que La trama de la mano-los ninjas era una mala idea. ¿Os acordáis? Los ninjas de Defenders. Ya sabéis, los Ninjas liderados por Sigourney Weaver. Ya saben, los Ninjas que querían algo. Una cosa. No recuerdo bien qué- eran los villanos más insulsos, aburridos y tópicos desde Malekith de Thor 2 ¿Se acuerdan? Thor 2. La de Natalie Portman. ¿saben?). Así que a la basura con ellos. En realidad esto es un arma de doble filo, y que es resuelta de una forma bastante… bruta. Me explicaré:

The Punisher se apoya en algo muy simple. A diferencia de los Defensores, Frank Castle es un ser humano real. Sin superpoderes, sin nada más que ganas de matar o morir. Básicamente, una bestia parda muerde balas. Y por esa regla de tres se han eliminado los cameos, referencias, o absolutamente cualquier otra mención (excepto la esporádica aparición de Karen page cuando la trama lo requiere) al mundo de Marvel. Oportunidades hay a patadas, teniendo en cuenta el universo construido gracias a las películas: Hydra puede ser una mano omnipresente todavía. Sokovia es un país todavía asediado por la guerra y la reconstrucción. Todo son puertas para crear un universo realista dentro del mundillo Marvel. Da la impresión de que pretenden hacer un Reboot tras los acontecimientos de The Defenders que una continuación.

Y quizá esto sea un error, pero es un error bien aprovechado. Porque The punisher es un Rambo actualizado. Y no, no es el Rambo que pensáis. La primera entrega de las aventuras de Stallone era un drama bélico con todas las letras, un soldado que volvía a casa sólo para ser escupido, olvidado y maltratado por los suyos. Algo parecido le ocurre a Frank Castle y especialmente a Lewis Wilson, la primera subtrama interesante que ha salido de Netflix en una serie original para Marvel. Los primeros 10 capítulos de The Punisher tratan este trauma y manejan ideas políticas muy delicadas, como la segunda enmienda, dónde están los límites al tomarse la justicia por su mano, la venganza… Los showrunners James Chory y Steve Lightfoot saben que tienen entre manos un tema terriblemente actual en la sociedad americana (el maltrato que sufren por parte del gobierno los veteranos de guerra) y le dedican tiempo y mucho mimo, hasta construir un adversario de Castle (que no villano, que de eso también hay y muy bueno) por el que sentir simpatía.

Para cuando The Punisher termina con su trama adulta, madura y casi dramática, todavía tenemos entre manos tres capítulos dedicados a dos villanos dignos de mención que buscan machacar a nuestro protagonista. ¿Y sabéis porqué se que son grandes villanos? Porque acabé la serie hace más de dos días y todavía recuerdo sus nombres. Billy Russo (interpretado por un bellísimo Ben Barnes) y William Rawlins (un menor Paul Schulze) son la pareja que hacen la vida imposible al protagonista… y lo consiguen, la verdad.

Aunque el MacGuffin de la serie no esté muy conseguido, sirve como plantilla para reunir a todos los personajes y hacer que comience la hora de las tortas. Otro punto a favor de la serie es que todos los personajes nos importan, dentro de lo que cabe. Algunos por Proxy, como Micro y su familia nos importan por su cercanía a Castle, Madani porque es un personaje femenino bastante decente (que no perfecto), pero dentro de lo que cabe, queremos que todos sobrevivan.

El único punto en común que tiene esta serie con el resto de Marvel es que, al igual que con la primera temporada de  Daredevil, en este caso Frank no se pone el mítico traje hasta el capítulo 11. Y Dios mío, qué bien le queda a John Bernthal el traje táctico. Ya muchos y mejor que yo han dicho una y otra vez que Bernthal hace un trabajo de actuación fantástico (más o menos a lo que nos tiene acostumbrados) pero realmente es como para preocuparse. ¿Estamos seguros de que Bernthal está actuando? Porque esos gritos, bufidos y mirada perdida son la cosa más sincera que he visto en televisión en los últimos dos meses.

En resumen: The Punisher es una serie entretenida a lo largo de todo su recorrido. Está bien actuada y si tiene algún capítulo de relleno ni lo he notado a lo largo de la semana que la he visto. Unos malos interesantes y una acción vibrante, pero también (y quizá esto sea lo mejor) un drama humano. Está escondido, ahí, en medio de todo eso. Detrás del trauma de Castle (que casi casi estorba) hay una historia muy interesante y una crítica delicada y tratada con mucho cuidado al sistema.

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