TIROTEOS EN LA FICCIÓN – De cómo el cine puede ayudar a superar eventos traumáticos

La primera vez que se encuentran Jake Gyllenhaal y Mark Ruffalo en Zodiac (David Fincher, 2005) es a la salida del cine. Ambos han coincidido en una proyección de Dirty Harry, película que parte de los asesinatos reales que ellos mismos han investigado incansablemente. Gyllenhaal continúa obsesionado con la misteriosa identidad del asesino que se ha cobrado como mínimo cuatro vidas, mientras que Ruffalo se encuentra insatisfecho y ya se ha rendido ante la imposibilidad de cazarlo: “Déjalo, chico. Ya hacen películas sobre él”

Por Andrés R. Paredes

En esta escena, Fincher hace una crítica feroz contra las películas basadas en desgracias (entre los que la propia Zodiac se encuentra). La gente se olvida. Las vidas tocadas por las desgracias pasan a la ficción. Todo se convierte en un divertimento, o lo que es peor, una gran mentira. Esta es una visión simplista y demonificadora del cine, y una lección de humildad para todas las películas de corte histórico que “estupidizan” desgracias. ¿Cómo mantener la cordura, cómo no permitir que una película no se convierta en un Show, o lo que es peor, glorifique a los asesinos muchas veces basados en hechos reales?. Tras los sucesos de Parkland y especialmente de la March For Our Lives de esta semana, muchos nos deberíamos plantear cómo afrontar estos sucesos.

¿Cómo convertir una desgracia con decenas de muertos en una película interesante, respetuosa, verídica y sobre todo exenta de morbo? Elephant es el ejemplo perfecto. La película de Gus Van sant retrata un día en un instituto estadounidense, un día terriblemente simple. Comienza con un plano de un poste eléctrico mientras se hace de noche. Posteriormente contemplamos al grupo de adolescentes que conducen la historia mientras asisten a clase. No ocurre nada importante. Se desarrolla en su mayoría en planos continuos (de alrededor de 5 minutos) y buena parte del metraje está dedicado a ver la nuca de los protagonistas mientras pasean de una lado a otro de las instalaciones.

La película puede llegar a hacerse aburrida, porque la vida es así de aburrida. Porque lo normal es que los chavales vayan del punto A al punto B, por el camino se escuchen retazos de conversación, se encuentren los unos con los otros, se saquen fotos, y charlen brevemente. Conseguimos ver retazos de vidas llenas de problemas. Un padre alcohólico por aquí, un embarazo no deseado por allá, un poco de Bullying, un poco de anorexia…

Todo es absolutamente anodino, los problemas (porque no hay un sólo personaje en la película que no tenga problemas) no son graves, pero están presentes. Contemplamos hasta tres veces una conversación perfectamente normal en un pasillo desde diferentes puntos de vista. Todo va bien. Hasta que dos chicos llegan con escopetas, rifles de asalto, pistolas y abren fuego sobre sus compañeros. ¿Por Qué? Resulta difícil de ver en la película. Sabemos que son jóvenes, que han tenido problemas en el pasado, que odian su instituto y a todos los que están en él. Sin embargo, lejos de demonizar a los perpetradores o de hacernos sentir compasión por ellos, la película toma la decisión más apropiada: simplemente está allí. Sin apenas banda sonora ni grandes efectos técnicos, el poco montaje de la cinta provoca que en ciertas ocasiones nos olvidemos incluso de que estamos viendo una ficción. Todo está creado de tal manera que sentimos lo que ocurre en pantalla como algo real.

Elephant funciona en parte como Crónica de una muerte anunciada. Sabemos prácticamente desde el principio qué es lo que va a ocurrir. Va a ser terrible. La muerte avanza inexorablemente hacia los protagonistas. Es inevitable porque ya ha ocurrido. Elephant termina más que como un drama, como una amenaza. El último de los dos tiradores encuentra a sus últimas víctimas escondidas. Empieza a sortear a cual disparará primero. Cuando acaba la cuenta atrás, la película finaliza. ¿Quien sabe cuál será el siguiente inocente que tenga que morir? ¿Cómo detener esto? ¿Cómo comienza?. No hay moraleja, no hay reflexión. Eso es algo que debe sacar el espectador por sí mismo. La gran virtud de Elephant es que retrata una desgracia de una manera tan clínica, tan analítica, tan terriblemente aséptica que cuando acaba no podemos evitar pensar en ella. Intentar encontrarle un sentido, un significado. Si sois de los que creen que el arte debe hacer pensar, plantear preguntas, ésta es vustra película. Sin embargo, en muchas ocasiones, tan sólo hay dolor. Algunas de las respuestas al porqué las podemos encontrar en la película diametralmente opuesta a Elephant: The Dirties.

Dos jóvenes quieren rodar una película para el instituto, titulada The Dirties. Incluye docenas de homenajes a películas de Tarantino, Harry el Sucio, Michael Bay, etcétera. ambos son abusados y humillados constantemente por sus compañeros de curso, tan sólo se tienen el uno al otro y a la cámara. Sin embargo, el proyecto poco a poco comienza a derivar en la planificación del asesinato en masa de cada uno de sus abusones.

La ópera prima de Matt Johnson es una exploración que se desarrolla en tres planos: en primer lugar, la propia película que estamos viendo (que sería el Making Off de The Dirties) es una maravilla que se puede permitir todo lo que quiera, porque se justifica en que “es sólo un experimento de adolescentes”. Así, volvemos a ver hasta dos planos enteros con los propios protagonistas comentando por qué han hecho este montaje así, la importancia de un plano, o cómo se sienten al verse a sí mismos siendo insultados y humillados frente a sus compañeros. En segundo lugar, es una exploración sobre la amistad entre los tiradores. Cómo se ayudan entre sí, discuten, planean, se ríen, y sobre todo, comparten miserias juntos. Al comienzo de la película, ambos jóvenes se encuentran con dos niños que también está grabando una película. Cuando los dos niños se van y se quedan los protagonistas, éstos se echan a reír. “Les teníamos que haber dicho lo jodido que se va a poner todo. Que se rindan ya”. Por supuesto, los protagonistas se ríen porque no tienen otra opción, y sobre todo porque lo pueden hacer juntos. Es cuando esta amistad se rompe cuando la película se convierte realmente en un drama absoluto.

En tercer lugar, la película trata sobre lo angustiante, asfixiante e imposible que se puede llegar a convertir la vida en el instituto. Lo consigue con creces a través de estrategias de cámara oculta para grabar a los abusones, entrevistas con alumnos y profesores, grabando al igual que hacía Van sant en Elephant, un instituto real, pero haciendo la cámara presente, obligando a la gente a hablar a cámara, interactuar con ella. Sin embargo, poco de todo esto nos ayuda con la pregunta del millón: ¿Por qué ha acabado ocurriendo esto? Las respuestas que encontramos sólo son válidas para esta película y son en realidad un cúmulo de pequeñas soluciones: Indiferencia de los padres, indiferencia de los profesores, un grave problema de uno de los personajes con discernir el mundo real y el cine. Por supuesto, la película de Matt Johnson no es perfecta. Hay una serie de agujeros de guión que el espectador no consigue rellenar, las motivaciones son en algunos momentos vacías y el clímax de la película (por muy efectivo que sea) parece más bien una interrupción que un final en sí. Lo realmente duro de la película es que el primer tercio está lleno de risas. Los protagonistas se lo pasan genial grabando sus homenajes, se divierten y no hace daño a nadie. Que algo tan positivo tenga un final tan terrible por culpa básicamente de la incomunicación resulta devastador y doloroso. Pero como ya he dicho, The Dirties no tiene final. Cuando llega el momento de cortar, simplemente da paso a unos títulos de crédito (muy bien realizados) y ya está. No hay aftermath. No hay consecuencias. No hay dolor posterior al tiroteo. Simplemente, se acaba. Si queremos saber qué es lo que ocurre después de un suceso tan traumático, tendremos que ir a Beautiful Boy.

La película de Shawn Ku comienza con una familia rota. Michael Sheen y Maria Bello interpretan a una pareja que atraviesa un duro divorcio tratando de evitar que su hijo salga perjudicado. Una mañana reciben la terrible noticia: ha habido un tiroteo en el instituto de su hijo y éste ha muerto. Al dolor inimaginable de haber perdido a su hijo se le suma una desgracia aún mayor: Él era el tirador.  Michael Sheen y Maria Bello soportan todo el peso de la película, que se apoya exclusivamente en los tira y aflojas de su relación. A diferencia de lo que nos gustaría pensar, la desgracia no los une todavía más, si no que destapa con crudeza todos los defectos de su relación. Ambos caen constantemente, se echan la culpa el uno al otro y son sometidos a una presión mediática insoportable. En la televisión e internet se repite una y otra vez el vídeo que el joven grabó antes de salir a disparar a sus compañeros. Todo el mundo tiene una opinión.

Muchos culpan a la sociedad. Muchos culpan a los padres. En este caso la cámara parece casi una intrusa en las vidas de los protagonistas, siempre desde los marcos de las puertas, sin atreverse del todo a entrar en las habitaciones en las que se desarrolla la acción. Pero la pregunta sigue sin respuesta. Aquí no se trata de analizar los hechos, sino los orígenes y las consecuencias de los mismos. ¿De quién es la culpa? ¿De los padres que no le atendieron? ¿De los profesores que no se dieron cuenta? ¿De los alumnos que abusaban de él?. El espectador se ve en medio de una discusión entre ambos padres, cada uno de ellos con un punto de vista diferente sobre lo decidido. La madre conciliadora que se niega a pensar que su hijo era inherentemente malo, que tuvo que haber algo por lo que cambió, algo que lo convirtió en un asesino. El padre tiene la respuesta clara: Es culpa de ellos. No le hicieron caso, lo malcriaron, fueron unos padres terribles y su hijo se convirtió en su mayor error. La película abarca lo que Elephant no se atrevía a tocar: Las consecuencias del tiroteo y la búsqueda de culpables. Sin embargo, en este contexto, da igual de quien fue la culpa. Dan igual los motivos. No está en los padres descubrir por qué ocurrió lo que ocurrió. La película se esfuerza por hacernos ver que no importan las razones. Importa superarlo. Importa seguir adelante. Encontrar en nosotros la voluntad de seguir frente a las desgracias. El perdón.

Quizá en 1971 (fecha del estreno de Harry el Sucio) el cine todavía no supiese el asombroso poder, la increíble responsabilidad que tenía sobre la población. La ficción no está aquí sólo para entretenernos. También debe hacernos pensar, reflexionar, analizar porqué ocurre lo que ocurre, por qué algunos personajes (algunas personas) son como son. El cine es una herramienta para contar historias, y éstas deben ayudarnos a aprender a vivir mejor, a conocernos mejor. Debe ayudarnos a examinar nuestra sociedad, plantear problemas y cerrar heridas. Debemos aprender de él.

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