Todo es cuestión de tiempo

Alto vive y alto mora en él se cree mas no se adora.

Por Javi Jiménez.

20 minutos, 45 minutos, 1h y 30 minutos, 3h y 30 minutos, 18 horas,  1 día y medio. Probablemente son intervalos de tiempo que tienes bastante interiorizados. El tiempo que dura un capítulo de una comedia, el capítulo de una serie americana de drama, la duración de una película corta, de una larga, de un videojuego con enjundia y el tiempo de lectura de una novela de una de esas trilogías de fantasía escritas al peso. Ahora hablemos de otra cifra 25915 días. Esta es la media de días que tiene un ser humano en total. No quiero molestarme en quitar cuantos pasamos trabajando, durmiendo y viendo vídeos horribles en Facebook; podéis imaginaros que se irá en ellos un buen pedazo. ¿Qué quiero decir con esto? Que Tempus Fugit. Que la vida va a toda hostia. Que de esta no salimos vivos. Que es The Final Countdown.

Ahora podríamos multiplicar estas duraciones medias por cada una de las series, juegos, libros y cómics y películas que están en alguna de nuestras múltiples listas de pendientes y que seguramente serán engrosadas con las nuevas creaciones de un mundo que va a toda máquina y no parece tener intención de parar. Todos hemos visto las noticias de las 9756457454386982 millones de series nuevas que se van a hacer en 2018. Por dios que nadie cuente los libros, los cómics, los videojuegos, los discos…

El tiempo a este nivel macroscópico importa  y es un factor decisivo en muchas ocasiones. No me digáis que nunca habéis decidido no empezar una serie porque a pesar de que todo el mundo la ama has abierto tu cuenta de tu plataforma de streaming y has visto 7 temporadas de 22 episodios de una hora. O quizás una noche hayas buscado una película que no se meta de lleno en vuestras horas de dormir y por eso tenéis en la lista 4 películas de duración mastodóntica que llega a las 3 horas y que siempre que las ves te preguntas como nadie tiene tanto tiempo para algo así. También ocurre al revés. ¿Te compras un cómic de 20 euros que leerás en una hora o inviertes en un libro de 10 que estarás leyendo al menos durante un par de semanas? Recuerdo leer a alguien en su blog que cuando el dinero de la paga apretaba, se decantaba por los libros ya que proporcionaban más horas de entretenimiento por el mismo precio.

Internet y la globalización una vez más son bendición y maldición al mismo tiempo. Se producen y tenemos acceso a la mayor variedad de contenidos que nunca jamás hubiéramos soñado. Es un hecho que jamás llegaremos en nuestra  vida a consumir si quiera la puntita del iceberg. Nuestra preocupación por el tiempo a esta escala no solo afecta a nuestro consumo si no a la propia creación del contenido. Por ejemplo en el mundo de las series donde ahora la norma suelen ser temporadas de 10-12 episodios y que amenaza con acercarse a los 6 de las series británicas. Simplemente salen las cuentas para que se consuman el mayor número de series posibles sin bajar la producción de títulos diferentes.

Si esta escala temporal la reducimos a nivel microscópico, a la concepción del tiempo de las obras vemos que también existe esta preocupación por él. El tiempo en una película lo es todo. Cuánto tiempo pasará el espectador en cada una de las partes de la historia, qué efecto tendrá una conclusión precipitada, como se crea tensión prolongando una situación  lo suficiente y cuando es el momento apropiado para romperla. Todos hemos escuchado hablar de los tiempos de la comedia, como un chiste funciona o no por diferencias en la dicción. Incluso en las novelas, a mi me dolió más la muerte de Ned Stark después de pasar unos cientos de páginas con él que después de ver unos cuántos capítulos de la serie. Por no nombrar al arte reina en este asunto: la música.  Todo es cuestión de tiempo.

Dejando la dimensión más cuantitativa de este elemento también es importante el momento.  Porque una película de terror de los 60 no nos afecta del mismo modo que una actual o no nos interesa de la misma manera. El momento en el que nos encontramos con ciertas obras nos puede marcar de por vida. Es difícil de explicar el compromiso emocional que surge de una saga como Star Wars sin retrotraernos a ese momento de la pre-adolescencia, en mi caso unas reposiciones en telecinco que me hicieron ver las películas originales por primera vez,  en el que nos encontramos con ella y hizo que nos enamoráramos de esa historia del oeste con sables láser. O como con 12 años cae en tus manos un libro de El Señor de los Anillos o un Harry Potter y de repente la lectura se convierte en algo vital para ti y tus estanterías se llenan de sagas de fantasía y ciencia ficción. No es una sensación que se limita a la infancia, en la madurez las circunstancias vitales de cada uno hace que te encuentres con obras que te marcan porque concuerdan con el momento vital en el que te encuentras. Puedes buscar ese momento mágico pero lo normal es que te lo encuentres por casualidad.

No solo importa el momento de consumo si no el de concepción. ¿Hubiera tenido el mismo impacto la conversión en una serie de consumo masivo de El Cuento de la Criada en una sociedad ya completamente feminista? ¿Hubiera surgido Watchmen sin el contexto histórico de la guerra fría? Probablemente no tal y como los conocemos como tampoco hubieran surgido esos grupos de artistas como la generación del 27 o la generación de la escuela de cine de Francis Coppola, Martin Scorsese, Steven Spielberg, George Lucas, Brian De Palma y otros frutos de coincidencias espacio-temporales.

Como especie lo sabemos desde antiguo, como individuos lo descubrimos cada uno a su propio tiempo. Es evidente que nuestra propia mortalidad se refleja fuertemente en la cultura que generamos y consumimos. Algo que me indigna sobremanera cada año que empieza y miro el montón de producción artística que me gustaría consumir y que, gracias a mi pequeña obsesión con el orden, los números y las estadísticas forman parte de mis listas de pendientes, que no han cedido ni un poco después de un año en el que he intentado hacerles mella.  Solo queda hacerse dueño de cierto cliché. Carpe diem. Disfrutemos cada instante de lo que nos apasiona en esta vida. No perdamos el tiempo con aquello que no nos gusta y menos en tratar de convencer a nadie de que deje de gustarle. Que 2018 nos traiga buenas lecturas, series, películas y juegos.

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Acerca de Javier Jimenez 214 Articles
Consumidor experto, reseñador amateur. Me gusta la música fuerte, la ciencia ficción, las series animadas y así os lo hago saber.

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