TREME: homo homini lupus est, el musical

♪♫♬ Trumpet bells ringing, bass drum is swinging, the city is drowning  ♪♫♩

Por Patri Tezanos

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Aquí tenemos a David Simon otra vez, dispuesto a ser el azote de Estados Unidos o, al menos, el azote de los republicanos. Como un Michael Moore que se aparta del protagonismo, como una Naomi Klein que se aleja de la conspiranoia, ahora toca hablarnos de una catástrofe tildada como natural pero que lo que tiene de natural viene dado por el viento en parte y por la naturaleza del hombre en casi su totalidad (homo homini lupus est): el Huracán Katrina.

Situémonos, por favor a nuestras bombardeadas mentes. Agosto de 2005, última semana. Arrecia uno de los huracanes más mortíferos de la historia de Estados Unidos. Los modelos informáticos indican como víctima muy probable a la ciudad de Nueva Orleans. Todas las alarmas se disparan: la ciudad está situada por debajo del nivel del mar. Si se rompen los diques que apartan el mar de sus cimientos, se ahogará sin remedio. Se llama a la población para que evacue. Unos aceptan, otros se quedan. Algunos son llevados a un estadio de Louisiana en una especie de retiro espiritual hasta que pase la tormenta. Pero la tormenta pasa. El 29 de Agosto se rompen los dichosos diques y, en efecto, Nueva Orleans se inunda.

A los curiosos remito a la página de Wikipedia sobre el huracán, para quien quiera ver fotografías de los efectos de la catástrofe. Como resumen: más de 1000 muertos y 108.000 millones de dólares en daños, el huracán económicamente más catastrófico (es decir, el más catastrófico para este homo homini lupus est aunque no haya sido el de mayores víctimas mortales).

Si grande fue el golpe del Katrina, mayor fue la onda expansiva que creó la sacudida de manos posterior que hizo el gobierno y el repiqueteo del suelo por el desfile de las hordas de yuppies, constructoras y privatizadoras que vinieron al cadáver. Aquí es donde empieza Treme, tres meses después de ese final de Agosto, cuando ha pasado el tiempo de las fotos entre escombros del presidente Bush, los vuelos de reconocimiento del ejército, las labores humanitarias y, por supuesto, la búsqueda de víctimas. Los vientos cambiaron, nuevas noticias ocuparon las portadas y Nueva Orleans queda a la espera de cheques de las aseguradoras que jamás llegan, a diferencia de las desgracias, las cuales, además, nunca vienen solas.

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Con esta terrible premisa, David Simon nos pone delante a un puñado de personajes. Al puro estilo The Wire, este puñado de personajes será una muestra variada de los diferentes problemas que enfrenta la ciudad en su abandono. Sus historias personales y familiares se vuelven una panorámica del estado de la cuestión. Tenemos a personas peleando por las cosas que se dan por sentadas en occidente, condenadas a beber su Sazerac en vasos de plástico, a personas viviendo en casas con más moho que casa, a personas que si antes tenían poco nivel económico (hablamos de los que antes del Katrina ya eran pobres) ahora lo tienen en negativo. De nuevo, estas personas no tienen sólo que pelear contra su húmedo día a día, mirando al cielo con preocupación cada vez que se vuelve gris y a las lonas de plástico que se sacuden en los tejados atormentando su sueño, sino también contra un enemigo que no se sabe si es húmedo o seco, si es blanco o negro, si es grande o pequeño, mediano o de colorines porque es invisible e inmaterial, pero ubicuo. El enemigo de los enemigos. El que todos tenemos y tememos. La Burocracia.

Ah, la burocracia y sus demonios vestidos de traje. Parece una condición sine qua non de nuestro homo homini lupus est (cuánto latín, este post debe de ser bueno). La burocracia es eso que se interpone entre los hombres, eso que nubla la visión, eso que nos difumina cuando nos miramos los unos a los otros. La burocracia es un muro entre persona y persona, un filtro por el cual David Brooks, víctima, pasa a ser “la víctima número 953 si se rellena el formulario IF-526 y se entrega en la ventanilla número siete”. Un filtro de Instagram de deshumanización. No obstante, no nos quejemos; se trata de un mal necesario: somos víctimas todos del propio tamaño de nuestra especie y de nuestra colmena. La burocracia es el muro necesario que nos permite conducirnos de esta manera, conducirnos por intereses egoístas, negar ayudas desde nuestro despacho, vender las casas de los afectados a las constructoras que mejor paguen por ello. ¿Por qué? Simple y llanamente porque aumenta la distancia e impide mirar a los ojos acuosos de ese que es silenciosamente jodido.

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TREME es otra muestra de cómo nos podemos encontrar nuestra patita siendo mordisqueada por un miembro de nuestra misma especie, de cómo el poder del dólar enfanga más nuestra supervivencia y nuestro honor que el mar adentrándose por una brecha en unos diques. Otra joya audiovisual que supera el dramatismo además de por el estilo escasamente regodeado de David Simon (eternamente agradecida por ello), por el incesante chorro de música en vivo. Los personajes luchan contra los otros que les mordisquean la pierna, también lavan nuestro honor, también ejercen su parcelita de homo homini lupus est. Sálvese quien pueda, pero Tremé y otros distritos de Nueva Orleans quieren volver a ser lo mismo, alejar a esos demonios de traje que empuñan talonarios que tratan de plastificar la ciudad y servirla en asépticas bandejas de poliexpán.

Sigue a Patri Tezanos en Twitter: @PatriTezanos

3 comentarios en TREME: homo homini lupus est, el musical

  1. Gran post, gran serie. He ido 2 veces a NOLA, una mientras veia la serie y otra después de haberla terminado. Es exactamente como se refleja en los episodios, de hecho te cruzas por la calle a personajes, actores y músicos de la serie… puedes ver a Kermit Ruffins o a Wanda Rouzan actuar en garitos, o salir hasta las mil de la madrugada con algún actor secundario de la serie que te encuentras por ahí (a partir de las 5 de la mañana ya no recuerdo nada). Pero lo que más me gustaría haber visto son los desfiles de los jefes indios, una preciosidad cultural muy underground que simplemente me fascina. “I love to hear them call me Indian Red”. Spy boy!
    Lo dicho, enhorabunena por la entrada.

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  1. Encantados de desconocerte, DAVID SIMON | La Isla de las Cabezas Cortadas

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