TROLLHUNTERS, por la gloria de Merlín.

La típica serie de aventuras animadas en un mundo de fantasía, pero diseñada por Guillermo del Toro. Y si no te parece suficiente, sólo una cosa más: Trolls.

Por Teresa Domingo.

Siempre he disfrutado más de las series de animación que de las de imagen real. Me gustan las historias de monstruos que asustan a los niños desde los interiores de los armarios. Y decir que las ideas de Guillermo del Toro me encantan es quedarme muy corta ante lo que el trabajo de esta gran figura del mundo de la fantasía me inspira. Con estos precedentes no es difícil imaginar que Trollhunters, la última serie de animación que el director mexicano ha creado, producido, diseñado y apoyado en la dirección para Netflix, me ha resultado una auténtica maravilla.

Guillermo del Toro es de esas personas a las que sólo le hacen falta sencillas premisas para hacer surgir la chispa que hace bullir su cerebro y crear mundos nuevos, pero a la vez, tan conocidos. Con una idea tan simple, y para algunos quizá demasiado recurrente como es el mundo subterráneo de los trolls, vuelve  a poner a nuestra disposición su imaginario particular de seres encantadoramente terroríficos para contarnos una historia de valentía, superación, tolerancia y amistad.

Sí, no os voy a engañar, es la clásica historia épica, en la que un mindundi que aparentemente no tiene muchas aptitudes, acompañado de sus amigos de siempre y algunos compañeros nuevos tiene que asumir la responsabilidad de salvar al mundo de un enemigo muy poderoso, terriblemente debilitado antaño, y que amenaza con regresar de forma inminente. Pero este es el poder de Guillermo del Toro: coger algo sencillo y mil veces contado, darle una vuelta a su manera y convertirlo en algo grande.

De esta forma se nos presenta a Jim Lake, el típico adolescente del montón al que su madre cría sola porque su padre les abandonó, con el típico amigo gordito y fiel y enamorado de la típica chica diferente y especial del instituto. Un día de camino a clase se encuentra con un misterioso amuleto que le llama por su nombre y gracias al que, sin saberlo, se convierte en el nuevo Trollhunter. Da comienzo la mayor aventura que vivirá en su vida, siendo el primer humano que portará el amuleto, los poderes y las responsabilidades que conlleva. Sin dejar de lado su vida en casa y en clase, pero contando con la ayuda de algunos trolls adorables, tendrá que llevar a cabo un entrenamiento forzado para controlar cuanto antes la armadura y la espada mágicas (con toda la connotación artúrica que ambas merecen), que incluye el amuleto. El nuevo uniforme con el que deberá enfrentarse a trolls malos y humanos cambiantes que están intentando hacer regresar al villano más malvado y poderoso que pretende dominar ambos mundos.

Fans de del Toro, simpatizantes de la animación, mayores y pequeños disfrutarán al máximo del potencial que esta serie ofrece desde los primeros episodios: Misterio, aventuras, comedia, literatura clásica, acción, fantasía y trolls. Sin duda las estrellas del show. Porque si el guión de Trollhunters, basado en el libro homónimo del director y Daniel Kraus, ya contiene el suficiente suspense como para ir devorando sus veintiséis capítulos uno tras otro, lo que realmente mola son los trolls.

No os asustéis con lo de veintiséis porque, entre que son de corta duración (20-25 minutos por episodio) y que se mantiene una estricta continuidad, sin esos resúmenes a los que suele preceder un señor que muy dramáticamente nos avisa de que vamos a ver lo que acabamos de ver en el capítulo anterior. Para el formato de serie “antiguo”, en el que hay que esperar una semana a que estrenen el siguiente capítulo, está muy bien, pero para los que gustamos de ver temporadas completas, y sobre todo en esta época de plataformas digitales de series, se agradece su omisión.

Lo que decía, lo que realmente enamora de Trollhunters son ellos. Los trolls. Diseñados personalmente (e innegablemente) por del Toro, que derrocha imaginación y, aunque no lo parezca, sensibilidad en cada nuevo personaje que crea. Y no son pocos precisamente. Cada capítulo, la cantidad de nuevos e increíbles diseños de trolls, goblins y enormes escenarios es apabullante. La variedad, la personalidad y sobre todo el color y brillo que emite el mundo de los trolls atrapa a cualquiera que se asome a visitarlo. Los diálogos, las explicaciones y las conclusiones a las que llegan los trolls sobre los humanos son mucho más interesantes y esconden más fondo del que a priori parece. Cada elemento de esta producción es mágico porque ha sido creado por un mago.

Más allá de estar bien escrita y correctamente desarrollada, con la dosis precisa de suspense para atrapar a los mayores y el suficiente colorido para embelesar a los pequeños, la historia que propone del Toro funciona a la perfección porque va madurando a la vez que sus protagonistas y sus tramas, adquiriendo matices cada vez más siniestros que culminan en algunas escenas oscuras que, de no existir, harían de esto una serie de animación infantil más y no tendríamos unas ganas locas de ver su continuación. Porque Trollhunters es la típica serie de aventuras, pero está hecha por Guillermo del Toro.

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Si es creepy, es para mí.

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