Una historia de censura

El arte de crear es el arte de molestar y la gente tiene la piel muy fina.

Por Javi Jiménez.

Parece que la historia de la producción cultural ha cultivado también a un hijo no deseada, que ha crecido parejo a nuestro querido churumbel. Un gemelo maligno de poder destructor. Dónde uno hace, el otro trata de deshacer. Uno es el todo y el otro la nada. El Yin y el Yang. La censura y la creación.

Han ido durante mucho tiempo de la mano. Parece bastante lógico que siempre que te sientas con ganas de expresar algo y lo trasmitas a tu creación (una canción, una ilustración, una escultura, una performance…) se cree una fuerza contraria de igual fuerza que rechace las ideas que tú habías plasmado. De esta acción nace el debate, la opinión, la pasión. Es algo sano y natural. Pero un día alguien creyó que su postura podría predominar sobre el resto, incluso con buena intención (las mayores atrocidades siempre lo son) decidió que otros no debían contemplar la obra como había sido concebida.

¿Es que nadie va a pensar en los niños?

Podría parecer que cuando lo de hablar de libertad de expresión sin miedo a que un señor con capucha te presentase a su colega, un acero afilado como el demonio, nos habríamos olvidado de todo esto. Sin embargo no faltan adalides de la moralidad que siempre tienen una excusa para poner el pitido en el taco, el difuminado en el pezón y alzar el dedo acusador contra un credo que no es el suyo.

Espera, igual esto solo ocurre en países con gobiernos dictatoriales, no puede ser que en el sector civilizado del mundo esto siga pasando, ¿no?

Estados Unidos para ser el país de las libertades ha sido uno de los pioneros en censura en la cultura pop. Desde el  caso del Comic Code donde un grupo de “padres” gritara aquello de, ¿es que nadie va a pensar en los niños?  y decidieran que cualquier tebeo que se publicara y quisiera ser distribuido debía pasar por su criterio censor no vaya a ser que sus propios hijos encuentren algo remotamente interesante en un cómic y decidan dejar su plácida vivienda de las afueras para unirse a una secta satánica y jugar a la semana santa con el perro del vecino.

Tampoco estaba bien que los rockeros vinieran con sus pelos largos y sus estúpidas ideas y sus tacos,  sobre todo esto. Había que evitar a toda costa que cualquier persona de bien y sobre todo el pobre Bobby los escuche, a pesar de estar en plena pubertad y se pasa el día haciendo peinetas. Es por su propio bien,  así nunca llegará a ser abogado. Tampoco les parecía bien que todos esos negros de barrios pobres, de esos que una persona de bien tiene que pasar con las ventanillas bajadas (no es por ser racista, es que ya sabéis…), se pusieran a cantar sobre los problemas que tenían en su día a día y que incluyeran todas las putas, cocaína, fucks, chulos y maría en sus canciones.  Así que les pusieron un Parental Advisory para que los padres de todo el mundo supieran que es lo que sus hijos adoraban por encima de todo.

A pesar de lo lejos geográficamente que estamos de los EE.UU, culturalmente acabamos tragando con todo lo que viene de allí, incluido su puritano sentido de la censura donde el sexo y los tacos son los enviados de Satán. Lo de la violencia no está tan mal. Podemos ver como El Castigador(The Punisher #1, 2016) le explota los ojos a sus enemigos imitando a La Montaña pero no podemos leerle decir mierda. Igual ocurre con las redes sociales, toda de procedencia anglosajona que velan para que ningún pezón llegue a nuestro Instagram.

Sin embargo no hace falta irse muy lejos, ni el espacio ni el tiempo. Ni siquiera a una caza de brujas como la de Los Titiriteros. Ahora parece que no puedes enseñar un poquito de vello púbico en una ilustración, porque a alguno le puede parecer mal y la organización de El Salón no tiene más remedio que hacer caso a los dementes.

Poco a poco quieren/queremos crear una burbuja en la que estemos protegido de todo lo que otra gente (con mayor o menor buena fe) ha decidido que no es apropiado para nosotros, nos estamos tomado la vida descafeinada y con un poquito de sacarina. Así seguimos incapaces de crear individuos autónomos capaces de gestionarse así mismos y poder elegir y marcarse sus fronteras. Decir hasta aquí.

Pero no hemos tenido en cuenta el efecto rebote. El gusto por lo prohibido puede más que cualquier censura, por fuerte que sea siempre hay alguien que quiere hacer ESO porque precisamente es lo que te han dicho que no debes.  Geniales locos que traspasan tu burbuja, la hacen estallar en mil pedazo y te muestran que hay un mundo ahí fuera y que no debes seguir viviendo en un aire viciado por tus ventoleras.

Les damos las gracias.

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Consumidor experto, reseñador amateur. Me gusta la música fuerte, la ciencia ficción, las series animadas y así os lo hago saber.

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