¡UNIVERSO! ¡Qué gran invento!

Cuando vi a Albert Monteys nominado en los premios Eisner por ¡Universo!, caí en la cuenta de que me estaba perdiendo algo demasiado grande y en constante expansión. Y no me equivocaba.

Por Joe Runner.

El universo es la mayor representación de orden en el caos que pueda existir. Esta desorganización aparente ha servido al ser humano como fuente de historias de cualquier índole durante eras, convirtiéndose en un tema recurrente en el imaginario colectivo. Nosotros, acostumbrados a catalogar todo y darle un sentido lógico y racional, nos sentimos totalmente indefensos cuando la vida da esos giros tan inesperados que nos deja con el culo torcido y que, pese a que sean acontecimientos que puedan marcar de lleno nuestras vidas, son totalmente indiferentes de cara al mismo universo. Al planeta. Maldita sea, a nuestra misma comunidad. Y es que no hace falta ser Carl Sagan para darse cuenta de que no somos más que pequeñitas cosas insignificantes, henchidos de orgullo e importancia, que pululan por una mota de polvo perteneciente a un inmenso mural astral. Algo tan jodidamente grande no puede estar regido por situaciones orgánicas y sencillas. Lo suyo es esperar algo más del estilo de Douglas Adams, un cúmulo de galaxias en las que las situaciones rocambolescas y estúpidas se dan constantemente, incluso cuando terminan resultando en acontecimientos tan importantes como el mismísimo Big Bang. Porque, querido lector, por mucho que nos empeñemos en creer que el universo está confabulando en nuestra contra, nosotros siquiera somos una pieza importante (ni visible) en toda su gran maquinaria, aunque nos guste creer que sí…

Con esta ideología catastrófica del cosmos nos presenta Albert Monteys este título que le sirvió como salvoconducto a la nominación a mejor cómic digital de los Premios Eisner. Vale, es cierto que no terminó ganando, pero bien lo podría haberlo hecho dada la calidad que derrochan cada uno de sus números, y no me refiero solamente a su apartado artístico. Cada una de las seis historias que componen este primer volumen están llenas de una imaginación desbordante, una trama atrayente y muy buen gusto. Lo que a priori podría parecer una baza a su favor contando historias autoconclusivas con personajes dispares y totalmente alejados entre todos ellos, consigue darle mayor empaque al relacionarlos entre ellos de alguna forma o de otra, dejando la constancia de que el universo está repleto de situaciones estúpidamente coincidentes y se burla, con cierto rintintín, de la percepción del destino meramente religioso, usando la dimensión temporal como una herramienta más para jugar con el devenir de sus personajes. Aunque podamos pensar que todo estará lleno de humor socarrón, ya que se trata de Monteys, hay que aclarar que nos encontraremos con todo tipo de historias, pasando incluso por la tragedia. Y encima de la que te toca la patata. Eso sí, siempre abrazado a su maravilloso sci-fi.

Pero si hay algo que me ha dejado claro que Monteys es un pedazo de artista de los pies a la cabeza es su dibujo. Este tío puede dibujarte lo que le de la gana. Porque sí, que el escritor catalán era capaz de hacer historias de tantísima calidad, sobre todo si se centra en un tema que le apasiona y entiende, lo tenía más que claro. Pero sacarse así la chorra en el apartado artístico, me parece completamente maravilloso. Tras verlo nominado en los Eisner, bien podría haber entrado también en la categoría de mejor dibujante y haber ganado. No creo que tenga nada que envidiar al maravilloso arte de Fiona Staples, por ejemplo. La cantidad ingente de máquinas, robots y seres extraterrestres que dibuja, lo hace con un mimo y una calidad de detalle que ya quisieran muchos. Quizá sea este esmero el culpable de que tarde tanto tiempo en sacar un nuevo número de la serie, pero si van a ser todos de este calibre, bien valdrá la pena esperar el tiempo que sea necesario.

Podría decirse que este cómic lo he usado como replica a toda esa gente que suele opinar aquellas estupideces sobre las historietas creadas por autores españoles, encasillándolas de superfluas o cortadas todas por un mismo patrón. No digamos ya si el autor en cuestión ha trabajado o trabaja en la revista satírica de El Jueves. Somos un pueblo con demasiados prejuicios y parece que los incrementamos con nuestra gente. En muchas ocasiones me incluyo en este selecto grupo de catetos, pero intento subsanarlo poco a poco. Si tomásemos el camino contrario, no de manera categórica, seguramente el mundo del cómic español crecería considerablemente, sobre todo si tenemos en cuenta la cantidad de grandes autores con ideas frescas que tenemos. En ese mismo grupo de personas cortas de miras también entran las editoriales españolas. Entiendo como funciona esto del consumismo, pero en ocasiones hay que arriesgar un poco y dejar que sea el consumidor el que decida qué es bueno y qué es basura. No porque algo tenga el título de Batman o Spidey en su cabecera significa que vaya a ser de calidad, os lo puedo asegurar…

¿Y por qué digo todo esto? Porque ¡Universo! no lo podemos comprar de forma física en nuestro país. Quizá sea porque en Panel Syndicate se nieguen a vender sus derechos o a ser publicado en formato físico, pero es una pena que no podamos disfrutar de esta auténtica joya del noveno arte actual en un tomo precioso para nuestras estanterías. La única forma que tenemos es entrando en la página web de la editorial (pinchad aquí) y pagando el precio que nosotros elijamos para poder descargarnos el pdf en el idioma que más nos apañe. Puede que no os haya convencido de haceros con él a estas alturas, ya que tampoco he contado nada de lo que sucede en sus páginas. Creedme que si lo hiciera, os haría spoilers continuamente. Además, es un cómic que se disfruta mucho más si se adentra uno sin saber de qué narices va la vaina.

De todas maneras, siempre os podéis leer el artículo de mi colega Ander Luque, al cual mando un abrazo inmenso y dedico esta reseña. Si con eso ya no caéis, es que sois inmunes.

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Acerca de Joe Runner 26 Articles
Cuenta la leyenda que un zhéroe entró en una isla llena de cabezas cortadas...

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