VENGADORES. LA “ME ENFURRUÑO Y NO RESPIRO PORQUE MI PAPÁ NO ME QUIERE” DE ULTRÓN

Hagamos un experimento. Dejemos de leer cómics de Vengadores durante un par de años y volvamos a ellos con esta novela gráfica, típico producto oportunista consecuencia directa del ‘blockbuster’ marvelita.

Por Javier Marquina.

Hay cómics que imprimen algo ardiente en tu alma. Que te marcan. Que se quedan en la memoria para siempre y ya nunca te abandonan. Hay cómics que has olvidado antes de acabar de leerlos, que pasan por tu cuerpo como una sustancia inocua e insípida y te abandonan sin dejar marca alguna, ni siquiera en tu ropa interior. Cómics que merece la pena guardar en tu estantería y cómics que no.

A ver si adivinan a qué clase pertenece “La Cólera de Ultrón”.

Me he dejado engañar una vez más, quizá por culpa de Rick Remender y lo mucho que me gusta cuando no hace tebeos para la Marvel de ahora. Me declaro fan absoluto de su Ciencia Oscura. Soy de los que se ha dejado los 72 eurazos que cuestan los dos tomos de Fear Agent. Siento devoción por las tres primeras cuartas partes de su X-Force. Su Frankencastle me pareció divertidísimo. Me parece un tío con imaginación, con talento y con arte para escribir diálogos. Fresco, atrevido, original. Un guionista que merece la pena… casi siempre.

En La Cólera de Ultrón no hay nada de esto. No es original, no es fresco y los diálogos parecen sacado de un culebrón venezolano ávido de metafísica. Ridículos, impostados, un auténtico coñazo. La historia es tan inconsecuente, tan intrascendente y gratuita, que casi no merece la pena hablar de ella. No pasa nada, y lo que pasa, será rápidamente revertido en la más pura tradición de Marvel de “cuanto más cambian las cosas más permanecen iguales”. Hay una muerte. O eso parece. Pero es de un personaje clásico tan desdibujado, tan insustancial y tan melifluo que ese fallecimiento te toca tanto la patata como un grano lejano en el borde más meridional de tu culo. Un estornudo sentimental que no notas. Un deceso de mierda. Un nada de nada.

Exacto. Mucho de nada. Poco de todo.

Es increíble el daño que ha hecho el virus del TPB en el cómic mensual americano. Lo que antes se contaba en 24 o 48 páginas, ahora requiere unas 170, y a veces ni siquiera se consigue llegar a alguna parte. Las historias sufren de una atrofia letal, de una elefantiasis que busca drenar el bolsillo del sufrido consumidor en una serie inacabable de capítulos vacíos de trama que acaban con fuegos artificiales sin brillo que no huelen ni a pólvora. El problema es que cuando al guionista se le plantea resolver una línea argumental en un formato reducido, demuestra una incapacidad alarmante de concisión y ajusta el contenido a las páginas de las que dispone, o bien omitiendo toda clase de información, o bien despreciando la coherencia interna de un Universo que antaño funcionaba de manera correcta. Que la continuidad ha muerto es un hecho innegable y a veces beneficioso, pero aquí resulta demasiado evidente que saltarse a la torera todo lo anterior y escribir la historia que te sale de las pelotas no es un instrumento de creatividad y libertad, sino un “como no sé por donde tirar, pues tiro por el camino que me sale a mí de la bolsa escrotal”. Y no, señores. A veces no todo vale. Si se va usted a cagar en la historia, al menos hágalo para que su mierda brille como el oro.

Hay múltiples ejemplos de autores que se pasan la continuidad por el forro de sus santos testículos, o que simplemente la ignoran porque no la necesitan para lograr contar la historia que quieren contar. A veces se hace referencia a los pilares fundacionales del personaje para establecer unas nuevas directrices que encajen con la versión que el autor tiene en la cabeza. El Caballero Luna de Ellis es una buena muestra de ello. Un cómic de un superhéroe secundario pero con historia, que no necesita de lo anterior más que lo imprescindible, lo justo para cimentar las historias que se cuentan. Y lo consigue. Y lo hace bien. Y brilla.

Vengadores clásicos. Y sosos.

La Cólera de Ultrón es una pobre imitación de aquellas sagas que Marvel ofrecía en este formato de “Novela Gráfica”; un folletín paterno filial con menos emoción que un Real Madrid – Alpedrete; un “vamos a sacar esto ahora que viene la película que aquí estamos para hacer caja”; un poco y menos. Una alineación llena de personajes desdibujados, superfluos, vacíos. Héroes clásicos de la editorial que no aportan nada, masacrados por un guión que no cuenta un pimiento porque es incapaz de lograr crear épica con el material y la extensión que han puesto en sus manos. Un tirar a la basura 15€. Un ejercicio de retorno a la franquicia de los héroes más poderosos del universo que se convierte en un fiasco absoluto por mi parte. Nada funciona aquí. El drama moral y familiar falla porque los personajes aparecen más planos que el papel en el que viven. No transmiten nada. No emocionan nada. Nada de lo que les pasa nos importa. Ultrón es un fracaso, desaprovechado una vez más como villano letal, con nuevos y ridículos poderes, cuyo plan maestro en un movimiento poco original y previsible, repetido hasta la saciedad en cientos de historias de ciencia ficción. Ultrón, que llora lágrimas de electricidad y fuego atómico pensando en Kurt Busiek, Dios lo tenga en su santa gloria aunque siga vivo. Ultrón, que tiene aquí de amenaza cósmica lo mismo que Malcolm X de Gran Dragón del KKK. Ultrón. Y su cólera. Un despropósito total.

El dibujo de Opeña bien, gracias; pero tampoco es que sea para tirar cohetes y dar volteretas alegres en el fango templado de nuestra cochiquera. Opeña hace de Opeña. Cumple la papeleta. Se va a su casa con dinerito para hamburguesas. Y ya. Pepe Larraz mimética y no desentona, por lo que el conjunto gráfico queda resultón y apañado. Un trámite más en la carrera de ambos autores.

Hay tebeos que te acompañan para siempre. Que aparecen en la foto fija que tu cerebro pone ante tus ojos cuando alguien te pregunta por tus tebeos favoritos. Otros, sin embargo, no aparecen ni en la letra pequeña del prospecto del laxante que te tomas para hacerte una prueba médica dolorosa y que deseas pasar y olvidar a toda costa. Son una mota de polvo molesto en tu colección. Un despilfarro que miras con cara de bobo pensando en cómo has podido ser idiota. En cómo es posible que te hayan vuelto a engañar.

No cometan mi error. Huyan de la Cólera de Ultrón. Bébanse un cubata o dos con el dinero que gastarían en este cómic. Su hígado se lo agradecerá.

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Acerca de Javier Marquina 210 Articles
Nací, crecí, vomité ácido blanco y lechoso sobre un donut y me lo comí.

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