V/H/S, un híbrido moderno americano

Los amantes del cine de terror lo tenemos jodido. Estamos expuestos a material radioactivo cada vez que pulsamos “play”, y suele ser muchas veces, ya que suele coincidir que sufrimos, además, de cinefagia compulsiva. Nuestros ojos sufren los maltratos de directores nefastos, y nuestros cerebros se pudren al procesar guiones infectos. De vez en cuando, sin embargo, llega algo nuevo que resucita nuestra profunda fe en el género.

Por Alex Onôv.

¿Algo nuevo, he dicho? ¿Hay algo nuevo, algo original bajo el sol? Ciertamente no. Por eso la fusión ha sido toda una fuente de placer para quienes buscan nuevos estímulos en la música, la literatura, el cine… Mezclar géneros, batirlos y degustar el exotismo resultante nos ha proporcionado infinidad de momentos inolvidables como consumidores de cultura pop.
Creo que es ahí donde podemos enmarcar a V/H/S. Se trata de una película de terror con una proporción entre los subgéneros de found footage y de antología de historias cortas tipo Creepshow. El primero de ellos está realmente en boga, de hecho en el Festival Internacional de Cine Fantástico de Sitges que arranca hoy mismo tenemos, en su primera jornada, un maratón de medianoche dedicado a esta tendencia tan rabiosamente de moda que suponen las películas de cámara en mano, de “metraje encontrado”. Una de ellas es la que nos ocupa, y que tiene una larga, larguísima tradición que tiene un precedente absoluto en Holocausto caníbal(1980) y que eclosiona definitivamente en 1999 trazando una línea que pasa por títulos como Ocurrió cerca de su casa, el bombazo de Blairwitch Project, Paranormal Activity, REC (todas ellas), Cloverfield (Monstruoso), Troll Hunter, Chronicle… e incluso el inexorable remake de Carrie. Como véis, todas ellas enmarcadas en el género de terror, o fantástico cuanto menos.
En cuanto al subgénero de antología de cuentos de terror, tenemos igualmente todo un rosario de títulos entre los que se cuentan algunas de las películas más queridas por algunos puretas y que evocan la más entrañable de las nostalgias. Los 80 son, sin lugar a dudas, la década prodigiosa para el subgénero. Son películas divididas en varias historias, normalmente tres, que son unidas por un hilo conductor, una situación terrorífica en sí misma que sirve de excusa para contar estos “cortos”. Hablamos de films clásicos como Black Sabbath, Creepshow (la 1 y la 2), Twilight Zone, Tales from the Crypt, y experimentos más modernos como Three… Extremes.
El subgénero de found footage ha dado lugar a avezados tratamientos audiovisuales gracias a las posibilidades del mundo digital. Cualquier cosa puede ser una cámara (un móvil, unas gafas de espionaje), no hay límite de grabación, la calidad es mejor o peor según el formato… lo cual da pie a una libertad absoluta en términos de expresividad. V/H/S utiliza estos recursos al máximo. Apuesta por una estética lo-fi propia de las cintas antiguas magnetizadas, si bien parece que se trata de “transfers” de grabaciones digitales – lo cual permite, básicamente, todo tipo de juegos con las distorsiones, las interferencias, el pixelado, la definición, etc… Una suerte de digital grindhouse, vamos. Incluso parece jugarse con la idea de que, ante la presencia del mal, se genera ruido visual y pixelados extraños, acompañados por zumbidos o crepitaciones en el audio, que sirven como vaticinios de cosas horribles a la vuelta de la esquina. No es un recurso especialmente efectivo, la verdad. El horror no es una banda pixelada horizontal atravesando la pantalla. Se insiste también mucho en esas imágenes casi subliminales que duran una décima de segundo, esa figura acuclillada en una esquina, ese fugaz reflejo de una ominosa sombra en un espejo. Trucos efectistas. El horror no es un susto de videoclip.
Quizá lo que es más efectivo, a nivel de efectos terroríficos, en el subgénero del found footage, sea el POV, el point of viewo “punto de vista” subjetivo, con el que seguramente se identifiquen muchos jugones y adeptos a los videojuegos, pues básicamente refleja la forma de entender el entretenimiento hoy en día. Se inició con juegos como Wolfstein y Doom. Pero es que es muy cierto que el terror funciona bien en primera persona. No en vano, los grandes maestros de la literatura de terror tantearon este método (la figura literaria de la primera persona) y finalmente lo explotaron hasta convertirlo en seña de identidad, en el sello estilístico de las mejores obras de terror. Hablo, ni más ni menos, que de autores como E. A. Poe o H. P. Lovecraft. Encontramos así un hilo de conducción de género que enlaza la tradición clásica literaria con las más modernas producciones cinematográficas. Lo subjetivo, la experiencia individual, vivida desde detrás de los mismísimos globos oculares, es donde se produce la atávica e intensa sensación del miedo. Y es que el ‘yo’ nos atrapa.
El concepto de “antología” de cuentos de terror, introducido en esta ocasión por Brad Miska, sin embargo, no es la principal virtud de esta cinta. Quizá por tratarse de demasiadas historias (las películas clásicas mencionadas más arriba casi nunca contaban con más de tres), o quizá por contar con personajes muy poco definidos (sé que son cortometrajes, pero aun así hay que saber presentar personajes por cuyas vidas temamos), el caso es que algo no funciona. Cambiamos demasiado de personaje en personaje, no nos dan tiempo a generar empatía o antipatía por ellos.
Todas las historias cortas de esta película vienen enlazadas por una historia “central” que nos muestra a unos delincuentes que van buscando una cinta VHS en una casa, una cinta por cuya entrega recibirán una recompensa. No sabemos quiénes son estos indeseables, ni quién les ‘contrata’, ni siquiera vemos muy bien sus caras. Todo lo que vemos es cómo, una vez en dicha casa, van visionando una a una las que se van encontrando a su paso en la oscuridad de la noche. Para su sorpresa, el contenido de las cintas es terrorífico y en ocasiones sobrenatural. En un retruécano pseudo-postmoderno, esta historia central es en sí misma un found footage, rizando así el rizo y alcanzando cotas metanarrativas que te hacen pensar en un bucle sin fin de películas dentro de películas. ¿Está alguien grabándome mientras veo V/H/S?

 

 

Algunas de las historias, a pesar de toda esta modernidad, se enclavan directamente en la tradición del American Gothic, encontrando la media aritmética entre lo fantástico a nivel clásico (shape-shifters, seres alados, casas encantadas, satanismo y posesiones sobrenaturales) y lo absolutamente cotidiano y moderno (videollamadas por Skype, smartphones, viajes en coche y estancias en hoteles, la vida en pareja). Uno de los auténticos logros de V/H/Ses hablarnos del terror que nos produce pensar en la posibilidad de que nuestra pareja, la persona más cercana, la que está siempre a nuestro lado en los momentos de mayor intimidad, sea en realidad un ser malvado y retorcido que lleva años planeando nuestra muerte y ofrecernos como elaborado sacrificio a un ente superior. Un punto muy bien planteado que se desarrolla con bastante eficacia en dos de las historias, una de ellas precisamente la que nos viene de la mano del célebre Ti West (que, en mi opinión, la cagó bien cagada con sus Inkeepers, pero que aquí tiene 20 minutos de redención).

 

En fin, V/H/S merece ser vista. Tras unos títulos de crédito de lo más terrorista, uno se queda con la duda de si realmente había chicha detrás de tanto truco, pero al fin y al cabo creo que sí se pueden sacar cosas buenas. Y es que yo estaba realmente cansado del found footage y de lo poco creíble que puede llegar a resultar. Esta película no es una excepción (te pasas todo el tiempo preguntándote ¿por qué coño siguen grabando?!), pero en líneas generales supera la mediocre línea media de nuestra habitual dieta de subproductos a la que estamos acostumbrados.

 

Eject.

Sigue a Alex Onôv en twitter: @alex_onov

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