Walden Dos: ¿Es posible una sociedad perfecta?

Ciencia ficción utópica que invita a la reflexión. Ocho palabras mágicas que formulan uno de los libros más interesantes que he leído nunca.

Por Patri Tezanos

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Y la ciencia por fin se preguntó…

Desde que Tomás Moro acuñara el término utopía -antes de que Enrique VIII pusiera a secar a ese religioso en una torre como a una triste ñora- el ser humano ha intentado explorar desde muy diversas artes y saberes la complejidad de ese concepto y sobretodo su aspecto más interesante: su plausibilidad. Pero, ¿qué hay de la ciencia? La ciencia tardó en interesarse por las utopías, pero no podría haber sido otra que la ciencia del comportamiento, el conductismo, la primera que observó el término desde debajo de sus barbas blancas.

La ciencia por fin se preguntó: ¿es posible una sociedad perfecta?

La respuesta era precisamente el interés de Burrhus Frederic Skinner.

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Este señor es B.F. Skinner. Confía. De tamaña cabeza sólo pueden salir grandes cosas.

 

Burrhus Frederic Skinner pasó a la historia como uno de los exponentes del conductismo, concretamente como exponente del Condicionamiento Operante. Este par de palabrejos lo que encierra es un estudio sobre el aprendizaje humano, sobre cómo un ser humano aprende a comportarse. El Condicionamiento Operante defiende que el conjunto de comportamientos del que hace gala todo ser humano no es más que un compendio de acciones aprendidas debido a que, cuando las ejecutara las primeras veces en su vida, le dio como resultado un beneficio, una recompensa, un premio (real o emocional). El amalgama de acciones que creemos oportunas en cada una de las diferentes situaciones a las que nos enfrentamos día a día no es más que el resultado de una historia de buenas consecuencias.

Esta parte del conductismo no sólo se limitó a describir el proceso de aprendizaje del ser humano. Sus científicos conocían que buenas recompensas implicaban la repetición del comportamiento que la precedió y que severos castigos implicaban el abandono de las conductas anteriores. ¿Cómo no usarlo? Así pues, llegó el momento de pasar de la teoría a la práctica: llegó la hora de arremangarse y darse a la ingeniería social, de buscar la utopía.

Burrhus Frederic Skinner fue uno de esos científicos que pretendieron la ingeniería social. Pero había un problema. Un problema grande y único: la ingeniería social implica la experimentación con humanos y, más concretamente, con niños pequeños que aún no han sido socializados, es decir, muy pequeños. Rumores sobre experimentos con su hija aparte, Burrhus Frederic Skinner al menos dio un paso adelante, y aunque no construyó una sociedad perfecta, sí la escribió. Su nombre es Walden Dos.

Qué es Walden Dos

Walden Dos es ciencia ficción pero no muy ficción. Es ficción desde el momento en que habla de algo que no existe, pero las premisas en las que se basa son más que palpables: aúna el condicionamiento operante y la ingeniería social. Es decir, es ficción basada en teoría real, es ficción que pretende crear un campo de experimentos que en la realidad no pueden llevarse a cabo por cuestiones éticas, pero que de comprobarse las teorías se convertiría  un libro realista. Es un libro, digamos, de Psicología Teórica a la espera de ser contrastada.

A pesar de esta base científica, Walden Dos es un libro de lo más entretenido. No temas porque no consiste en ningún tedioso tratado de nada, sino una historia a partir de la ciencia. Nada densa, con perfecta forma narrativa. La protagoniza el propio Skinner y nos cuenta el viaje ficticio que hace a una pequeña sociedad fundada con el objetivo de llegar a ser una sociedad excelente: libre de humanos envidiosos, agresivos, vagos, ladrones (qué bien vendría eso en España, ¿eh?), malvados, individualistas… Porque en ello consistía el conductismo aplicado: la modificación de la conducta hacia bien. ¿Os imagináis la posibilidad de erradicar los comportamientos nocivos del hombre?

La historia de Walden Dos la sostienen los diálogos que mantiene Skinner con sus habitantes. Gracias a ello nos va descubriendo cada uno de los aspectos de esa maravillosa villa, que a grandes rasgos es una especie de comunismo libre de opresión y militarismo. En Walden Dos se erradican las malas conductas desde la cuna (mediante procesos de refuerzo/castigo que explica ligeramente el libro) y ello tiene enormes consecuencias en la estructura social. Coged nuestro mundo y pensad detrás de cuántos hechos encontramos sentimientos negativos: de la riqueza, la ambición; de los asesinatos, las malas pasiones; del poder, la envidia; de la economía, los complejos; de la competitividad, la necesidad de pisar al contrario… Eliminada esa base nociva, el resto no es más que una estructura funcional. Es la sociedad reducida a su parte positiva y a su finalidad: ayudar a vivir mejor al hombre acompañado que al hombre solo.

Y en Walden Dos se nota. No hay nadie infeliz. El trabajo está repartido igualitariamente, no hay mejores ni peores, todos hacen todas las labores rotativamente, aman, educan y, ya que están libres de cualquier mala emoción, su tiempo lo dedican exclusivamente a mejorarse: las artes, las ciencias y el deporte son su entretenimiento.

¿Perfecta?

El lector perspicaz a estas alturas ya habrá formulado una crítica a las bases de Walden Dos: el condicionamiento operante y la ingeniería social significa homogeneizar al ser humano e incluso erradicar parte de lo que parece “su naturaleza” (esa que justifica tantas cosas).

Pues sí, lo que propone el libro, según la luz bajo la que se mire, puede ser hermoso u horrible. Puede ser una utopía o una distopía. Y el libro no lo soluciona: debe ser el lector el que lo piense.

Por supuesto, para Skinner, Walden Dos era la descripción de algo deseable.

La cuestión a la que invita implícitamente el libro es, si llegase la hora de la verdad, cuánto llegaría a sacrificar el hombre en pos de una sociedad perfecta, en donde los rasgos personales se ven muy resumidos (prácticamente reducidos al físico) y la personalidad se construye como quien cocina una receta muy simple, una sopa de sobre Spinstant, mediante una educación estricta y única.

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Y la cuestión que subyace a la cuestión es: como fruto de una educación que somos todos, esa educación nos ha enseñado que la individualidad y la diferenciación personal es algo positivo. Ser considerado igual que otro, para nosotros (los “occidentales”), es un fracaso. Pero dada la existencia de personas en el mundo que, educadas bajo valores diferentes, no observan la homogeneidad como algo negativo (véanse algunas culturas orientales o latinoamericanas), queda demostrado que percibimos lo que es positivo y negativo como fruto de una educación que somos, no como hombres sin más. Así pues, lo interesante es pensar en lo que describe el libro tratando de observar el tema desde una perspectiva acultural. Cosa difícil, pero no imposible.

Otra de las criticas con las que arremeter contra el libro es la visión bastante encorsetada de la conducta y del ser humano. ¡Ay!, el conductismo es así. Estudia ignorando variables que quién sabe si serían capaces de destrozar Walden Dos desde sus entrañas, variables incontrolables que van desde la genética a la “crueldad de la naturaleza” o a la curiosidad innata del hombre (que nos ha hecho llegar a límites que pensamos intraspasables). ¿Puede la “magia” del condicionamiento operante acabar con ello? Quién lo sabe, pero probablemente no.

Para terminar, lanzaré un dato curioso y esclarecedor: no, no me he comido la primera parte, ni Skinner creó una saga. Walden Dos se llama “Dos” porque toma como parte de inspiración a “Walden”, un ensayo escrito por Henry David Thoreau en el cual narra su brote personal de desobediencia civil (cuestiones impositivas) por el que abandonó su vida en la ciudad y se lanzó a la vida en el bosque. La obra de Skinner tiene un cierto paralelismo con la Walden original, solo que cambia la “rebelión” causada por cuestiones anárquicas o económicas por una “rebelión” impulsada por la querencia del hombre de ser mejor.

Para mí Walden Dos se ha convertido en uno de mis libros favoritos, inspiradores y esperanzadores. ¿Qué será para ti? ¿Una novela de terror o un ejemplar?

Léelo, disfruta, compara con la sociedad actual, y si encuentras algo mejor, ¡cómpralo!

Sigue a Patri Tezanos en Twitter: @PatriTezanos

6 comentarios en Walden Dos: ¿Es posible una sociedad perfecta?

  1. Ese libro es genial, ciencia ficción y psicología, combinación perfecta, me lo hicieron leer en el primer año de carrera, y este año se lo he regalado a mi novio que también estudia Psicología y no lo conocía.
    Y sí, totalmente de acuerdo con los agujeros que tiene el libro. Sobre todo por las culturas, ya que bueno, no se puede decir que sea imposible, pero sí difícil porque las diferencias individuales yo supongo que aún persistirían aún estando condicionados desde pequeños, como dice mi profesora de Personalidad: ¡No somos ratas! Pero no deja de ser un libro interesantísimo.

  2. Estoy apunto de finalizar este libro, y me parece algo genial.
    He buscado en internet sobre él, porque quería ver alguna reflexión, crítica o debate sobre él.

    Muy buen articulo. Tengo muchas ganas de terminarmelo.
    Y a ver si consigo un nuevo libro, a la altura de este =)

    Realmente, me encanta leer este tipo de libros, y luego te paras un instante a ver la sociedad actual, y ‘pierdo’ un poco la esperanza en nosotros. Ojalá algún día, podamos aspirar como humanidad a una sociedad con esa plenitud.

    • Hola Nacho! Bueno saber que existen lectores interesados por este género :) Aunque como sociedad no estemos haciendo mucho caso a estos libros, bueno es saber que estas utopías/distopias están aquí al menos como advertencia. Signo de lo que nuestra especie es capaz.

      Gracias por pasarte!

  3. Aunque creo llegar algo tarde al más que merecido análisis, aquí va una pequeña aportación:
    ¿Realmente se cohíbe la libertad individual?
    -Deberíamos ponernos de acuerdo en que es la libertad individual y, una vez hecho esto, de ser cierto que se limita o erradica la misma, si es totalmente necesaria o incluso si es preferible. Tendríamos que construir una balanza imaginaria y ver que pesa más, aunque nuestra opinión de clase media es muy irrelevante, dado que nosotros no tenemos “necesidad” de esta Utopía, habría que hacerles la misma pregunta a hombres y mujeres de las favelas de Brasil y luego, a continuación a la clase alta de cualquier sociedad rica.

    Sobre los motivos culturales que arriba mencionáis, un estudio sobre los hijos de inmigrantes de tercera generación es casi valido para estas comparaciones, aunque estos convivan en ambientes y barrios afines a su cultura, en el caso Utópico de Walden dos, la segunda generación estaría completamente educada según el condicionamiento operante al que tanto recurren en ésta sociedad científica. Así pues, de formarse tal cual, no creo que hubiese problema alguno con las raíces culturales.

    Un libro interesante que merece ser debatido punto por punto. Incluso lo creo realizable.

    • asi es y yo diría aun mas, la sociedad nuestra también cohibe nuestra individualidad y personalidad, no estoy para nada de acuerdo con el autor de este post que dice que occidente valora al individuo, lo que valora occidente no es al individuo sino a una sociedad atomizada, una sociedad competitiva y deshunida pero eso no significa que se valore la personalidad diferente ni mucho menos

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